La razón de la sinrazón de Vox

Vox crece imparable y a una, como periodista que predica la moderación, le tocará volver a contar el próximo domingo que va a ser la fuerza que más aumente sus apoyos. Si las encuestas no fallan, en Aragón va a suceder lo mismo que en Extremadura. La formación de Abascal es la que más se beneficia de los adelantos electorales. Exhibe un apoyo que se mueve en una horquilla del 17-18%. A Vox le separa menos distancia del PSOE en intención de voto para unas elecciones generales de la que separa al PSOE del PP.
El incremento de votos del partido verde se produce en el momento en el que su perfil se ha hecho más anti-institucional: sus representantes no acuden a los actos de aniversario de la Constitución, ni al desfile con motivo de la Fiesta Nacional. No tenían ninguna intención de participar en el funeral de Estado que se iba a celebrar con motivo del accidente de Adamuz.
Este crecimiento del apoyo a Vox requiere, antes que nada, un esfuerzo por comprender qué le está pasando a una parte del electorado que representa una minoría bastante crecida. Resolverlo todo hablando de la amenaza del fascismo o con una descalificación es sumarse a la falta de seriedad de muchas intervenciones que se hacen en nuestro espacio público.
Una democracia como la nuestra se basa en un presupuesto elemental: se le atribuye al sistema legitimidad sin tener que hacer grandes esfuerzos de reflexión. La legitimidad se fundamenta en que los votos que depositamos en las urnas cuentan; en que la actividad legislativa y la actividad de los jueces, a pesar de las grandes diferencias ideológicas en las que nos movemos, están dentro de unos parámetros mínimamente compartidos y sirven para organizar la vida en común; en que la actividad administrativa y de los diferentes niveles de gobierno sirve para que, grosso modo, el país funcione. Esa legitimidad es la que algunas minorías (Vox en esto está en el mismo sitio que el independentismo catalán) cada vez más significativas cuestionan. No confían en que una alternancia pueda servir para corregir los errores de quien ha gobernado previamente. El juego de las mayorías no les sirve, las instituciones no son respetables porque consideran que han quedado sometidas a una partitocracia predadora. Ese era el argumento del 15 M, ese fue el argumento de aquel Podemos que creía poder sustituir al PSOE y ese fue, en parte, el argumento muy suavizado de Ciudadanos.
Todavía habrá algún despistado que piense que Vox es el partido de los católicos comprometidos, o de los agricultores contrarios a Mercosur, o del nacionalismo español, o de los militantes contra las teorías de genero… es simplemente el partido de los que se consideran fuera del sistema.
No importa que Vox esté muy escaso de argumentos, que lo está. Le basta con agitar un estado de malestar y por eso, más allá de las evidencias, gana votos con su discurso antiinmigración. El partido de Abascal avanza en un espacio público desierto en el que ni PP ni PSOE dan razones de nada.
Recomendación de lectura: Entendiendo a mi amigo populista
0

5

