Entrevista a Luis Miller

La falta de creatividad hace a muchos políticos lanzarse a estrategias identitarias y polarizadoras

Entrevistas · Ángel Satué
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1 agosto 2023
Es fundamental un desarrollo del tejido social no partidista, a través de asociaciones y organizaciones de toda índole que han ido perdiendo peso en España desde hace más de tres décadas.

¿Cómo define usted polarización y cómo se distingue, si es que lo hace, de tener pareceres ideológicos muy distintos? 

Existen tres procesos políticos distintos a los que llamamos polarización: la polarización ideológica, la polarización afectiva y la polarización cotidiana. La polarización ideológica hace referencia a un alineamiento creciente de los partidos políticos y sus votantes en torno a posturas (ideológicas) cada vez más alejadas entre sí. La polarización afectiva se manifiesta como un mayor apego hacia los partidos, líderes y votantes con los que nos sentimos identificados y una mayor hostilidad hacia los partidos, líderes y votantes con los que no compartimos dicha afinidad. No se trata ya de una separación ideológica, sino de una separación emocional, que no apela a la racionalidad sino a nuestros sentimientos y emociones. La polarización cotidiana, se refiere a la diferenciación social, demográfica y geográfica creciente de los votantes de los diversos partidos. Se trata de un nuevo concepto que introduzco en este libro y que intenta captar el hecho de que en nuestro día a día (de ahí lo de cotidiana) vivimos en burbujas rodeados de personas que son y piensan como nosotros. Estos tres tipos de polarización se refuerzan entre sí.

¿Hemos ido a votar tan polarizados al 23 J y hemos salido más polarizados aún, cuando una mayoría silenciosa, o no ha votado, o ha votado a los partidos del “mainstream” españoles (PP y PSOE)?

El efecto de las campañas electorales se nota principalmente sobre la polarización afectiva que, estando basada en los sentimientos, tiende a incrementarse con el clima emocional propio de los procesos electorales. Incluso aquellos ciudadanos más alejados de la política han sido testigos de un clima de alta tensión y hostilidad entre los líderes políticos. Aún así, la gran mayoría ha votado a opciones moderadas, al contrario de lo que ha ocurrido en otros países de nuestro entorno. Esto muestra que, aunque también está aumentando la polarización entre los ciudadanos, por ahora es mucho más intensa entre las élites políticas.

En su libro considera el inicio de la polarización la Gran Recesión de 2008. Sin embargo, episodios anteriores como el año 93 o la guerra de Irak o las manifestaciones contra el Gobierno de Zapatero hoy parecerían efectos también de una cierta polarización, ¿es que no había calado aún la división ideológica del país?

Efectivamente, fuimos testigos de una gran crispación en la última legislatura de Felipe González o en la primera de José Luis Rodríguez Zapatero, pero esa crispación no se dio en un clima de división ideológica del país. Esa es la novedad actual: la combinación de una profunda polarización ideológica con la crispación de la política que apela a los sentimientos y emociones. En el 2010 todavía los votantes del PSOE y el PP estaban de acuerdo en un buen número de políticas. Las élites podrían estar polarizadas en ese momento, pero la división aún no había calado en la ciudadanía.

En su libro argumenta que “la polarización no va de alcanzar los mejores resultados colectivos, sino que va de ganar”, y sostiene que polarizar ayuda a ganar a los partidos pues es “una estrategia sencilla y efectiva”. Advierte de la falta de ideas políticas, de creatividad. Esto mismo advierte el profesor César Díaz-Carrera, cuando habla acerca de la necesidad de que en política exista el liderazgo creativo. ¿Es la creatividad la solución ante el bloqueo institucional al que se ve abocado el Estado como también propone en su tribuna en el diario El Mundo, cuando apela al diálogo en las cosas no tan grandes, para ir escalando hasta poder cooperar en la elección del presidente del Gobierno, e incluso transita por propuestas creativas como proponer un gobierno que incorpore a figuras con perfiles ideológicos diversos?

Por una parte, estoy convencido de que la falta de creatividad es lo que hace a muchos políticos lanzarse a estrategias identitarias y polarizadoras. El principal problema de la política española no es el radicalismo, sino la falta de creatividad. Llevamos más de una década instalados en vetos, chantajes y acusaciones mutuas que se repiten constantemente. Creo que quien consiga salirse de ese marco y hacer propuestas nuevas será muy bien recibido por la ciudadanía. Estas propuestas sólo pueden venir de la renuncia a tener siempre la razón y de la búsqueda de acuerdos, por pequeños que sean, con los que no están en tu bando ideológico.


Luis Miller

Polarizados. La política que nos divide

Planeta. 248 páginas. 18,95 €


Aldo Moro le dijo a Paloma Gómez Borrego que en España nos faltaba el “ni”, que era un poquito de sí con un poquito de no. ¿Tenemos un problema de selección de élites políticas, la política ocupa demasiado, no nos enseñan inteligencia emocional en los colegios ni el hogar como para aceptar, de mayores, opiniones diversas, negociar o dialogar? ¿Qué sucede?

Muchos de los comportamientos tóxicos que vemos en política no son sino el reflejo de otros que vemos en la sociedad. En el libro me refiero a una expresión que se suele utilizar en política y que me parece muy sintomática: “en política hay que venir llorado de casa”. Imaginemos esa frase en otro contexto, como la escuela o el trabajo. Falta mucha empatía para entender los motivos de los otros, incluidos los que están en nuestras antípodas ideológicas, y fraternidad para entender que la política va de alcanzar objetivos que no podemos conseguir por nosotros mismos. Desde luego, esto se revería reformar desde la escuela, la familia y los medios de comunicación. Los medios sociales digitales no ayudan en esto.

El juego de identidades existente en España en la noche electoral se reflejó en una militancia socialista gritando “No pasarán”, y una militancia popular vociferando “Que te vote Chapote”, ¿hace inviable un nuevo abrazo del 78 basado en la consecución de un amplio consenso, que usted analiza en su libro? ¿Hay remedio a esta política de trincheras, con su línea Maginot?

Creo que la solución está en generar tendencias conciliadoras partiendo de la diversidad ideológica, incluso de los polos opuestos. Recelo de la existencia de un supuesto consenso central que, por muchos motivos, no deja de ser una quimera o un paraíso inexistente. Un buen punto de partida es aceptar que no hace falta ponerse de acuerdo en todo. Si nos empeñamos en solucionar la polarización poniéndonos todos de acuerdo en todo, ni solucionaremos este problema, ni saldremos de los distintos bloqueos en los que la política española se halla instalada. Más bien se trata de buscar acuerdos locales, puntuales y específicos, en un contexto de reconocimiento y respeto del contrario. Nada más y nada menos.

Como Sísifo, la democracia española parece condenada al bloqueo de la política de bloques ideológicos, sin que sea posible eso que el papa Francisco llama el poliedro de múltiples aristas para entender la sociedad. ¿El otro, el vecino, es un desconocido realmente? ¿De elección en elección hasta la polarización final, incluso dentro de los propios bloques ideológicos?

Llevo tiempo afirmando que España es un país en vías de polarización. La polarización en identidades ideológicas lleva un par de décadas incrementándose de manera continuada y la polarización afectiva no ha dejado de crecer tímida, pero constantemente desde 2004. Esto hace pensar que la política y sociedad españolas estarán más polarizadas en el futuro. Como aspecto positivo, en España aún no tenemos el nivel de polarización cotidiana que existe en otros países como los EEUU, donde apenas existen matrimonios entre personas de distintas ideologías y los patrones residenciales y de consumo también tienen que ver con la ideología. Es muy importante que esto no ocurra y que consigamos dejar fuera de la confrontación y alineamiento políticas aspectos de nuestra vida personal y privada. Para eso es fundamental un desarrollo del tejido social no partidista, a través de asociaciones y organizaciones de toda índole que han ido perdiendo peso en España desde hace más de tres décadas.


Luis Miller es doctor en sociología y científico titular del Instituto de Políticas y Bienes Públicos del CSIC. Ha trabajado en la Universidad del País Vasco, la Universidad de Oxford y la Sociedad Max Planck. También ha sido investigador visitante en las Universidades de Essex, Indiana, Zúrich y Monash en Melbourne. Publica regularmente sobre ciencia social conductual y métodos experimentales en disciplinas como la economía, ciencia política, sociología, psicología y filosofía.

 

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