La diplomacia de la misericordia

Mundo · Cristiana Caricato
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4 diciembre 2017
Mucho se ha hablado de los seis días que el Papa ha pasado entre Myanmar y Bangladesh. Hay a quien le parece demasiado, o demasiado poco, sin faltar los que han intentado interpretar cada gesto o palabra. Quizás se ha dado cuenta y por eso ha querido narrarlo él mismo en el vuelo de regreso a Roma.

Mucho se ha hablado de los seis días que el Papa ha pasado entre Myanmar y Bangladesh. Hay a quien le parece demasiado, o demasiado poco, sin faltar los que han intentado interpretar cada gesto o palabra. Quizás se ha dado cuenta y por eso ha querido narrarlo él mismo en el vuelo de regreso a Roma.

Probablemente, en este interrogatorio al que dócilmente Francisco se somete cada vez que vuelve a casa después de un viaje, completamente dedicado esta vez a su visita al sureste asiático, sin otras digresiones, haya querido contribuir a aclarar las cosas. Sobre la cuestión de los rohingya, ha querido ponernos delante toda la importancia y sabiduría que tiene eso que ya se ha dado en llamar la “diplomacia de la misericordia”. Una cosa es cierta. Obligando a los medios a seguir y profundizar en esta crisis y en el destino de la minoría étnica más perseguida del mundo, deja los focos encendidos sobre esta región del planeta incluso después de su marcha.

Pero conoce bien a sus ovejas, y tal vez por eso ha querido hacer él mismo el balance y análisis de este viaje, señalando ciertos puntos.

1. La palabra “rohingya” la ha pronunciado cuando el momento estaba maduro. Es decir, al término de un viaje que le ha llevado a ponerse cara a cara con los generales birmanos y con la Premio Nobel San Suu Kyi, abrazando a los pobrecillos de los campos de Cox`s Bazar.

2. Nunca tuvo la intención de callarse nada, pero en nombre del diálogo (o del fin, como diría Maquiavelo) ha querido dejar pasar oportunamente el mensaje antes que levantar obstáculos terminológicos embarazosos.

3. A veces un poco de paciencia consigue más que un “portazo en las narices”.

4. Sí, cuando abrazó a los refugiados rohingya, lloró, aunque intentó que no se notara.

5. Cierto, la sospecha sobre la petición de adelanto de la cita por parte de los generales birmanos le abordó (se presentaron el mismo día de la llegada de Bergoglio a Myanmar, en el arzobispado, antes de los encuentros institucionales con el presidente y la consejera de Estado, como si quisieran decir: aquí mandamos nosotros)…

6. …pero él siempre abre la puerta a quien llama.

7. En ningún caso ha negociado la Verdad.

8. A pesar de las dificultades innegables, no pierde la esperanza de una solución para la crisis rohingya. La suya es una esperanza cristiana.

9. Todos saben que le gustaría ir a China, pero no será en breve.

10. En el fondo, lo que más le ha gustado de este viaje ha sido la posibilidad de hablar con el pueblo. El pueblo de Dios. Eso le hace feliz.

Podríamos seguir. Pero está claro que la visita a Myanmar y Bangladesh es algo que Francisco no olvidará fácilmente. Y nosotros tampoco.

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