Honduras abre una nueva etapa

España · Pepe Palmeo (Tegucigalpa)
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1 diciembre 2009
Las elecciones en Honduras del pasado domingo 29 de noviembre ponen fin a una etapa de la historia reciente de Honduras llena de incertidumbre. Los resultados son esperanzadores, en primer lugar porque la alta participación (seis puntos por encima de las anteriores elecciones, en 2005, un 63% del electorado frente al 56% de entonces) pone de manifiesto el interés mayoritario de la población hondureña en poner fin democráticamente a la crisis política iniciada el 28 de junio pasado con la destitución de Zelaya.

La lectura de los resultados también indica otra cuestión importante, en Honduras la mayoría de las personas sigue confiando en los dos grandes partidos tradicionales, el Partido Liberal (del depuesto presidente Manuel Zelaya, pero también del interino Roberto Micheletti) y el Partido Nacional (del ganador en las elecciones, Porfirio Lobo Sosa). Ambos acumulan casi el 90% del total de votos en las urnas de votación a presidente.

Se podría haber pensado que estas elecciones eran una ocasión para que los partidos minoritarios alcanzasen un mayor porcentaje de voto por parte del electorado, especialmente un aumento significativo de la UD (Unificación Democrática), por ser el único partido que defendía las tesis de Mel Zelaya, disolución del Estado de Derecho, instalación de una Asamblea Constituyente y reforma constitucional. Sin embargo el resultado de su candidato, César Ham, con menos de 2%, no deja lugar a dudas sobre la voluntad del pueblo hondureño de mantener vigente su actual Constitución y las reglas democráticas.

También se celebraron las elecciones a alcaldes y diputaciones (para la conformación del Congreso Nacional), como cada cuatro años el domingo último del mes de noviembre. El Tribunal Supremo Electoral, desde la misma mañana del 28 de junio, cuando fue destituido Manuel Zelaya, anunció que se mantenía este día para la celebración de las elecciones.

A Roberto Micheletti, nombrado en la tarde de ese mismo día presiente de Honduras por sucesión constitucional, le ha tocado la tarea más difícil: conducir al país durante cinco largos meses de aislamiento internacional, sin que se degenerara un conflicto interno armado. Su Gobierno, compuesto por personas de distintos partidos políticos, ha sabido ganar poco a poco la credibilidad perdida en la prensa internacional y recuperar para Honduras el reconocimiento de su democracia. El mismo Micheletti se retiró de sus funciones públicas la semana pasada para no interferir en el proceso electoral y se mantuvo absolutamente imparcial durante la campaña electoral.

Aunque el proceso ha sido seguido con interés, desde fuera de Honduras han concurrido pocos observadores internacionales y, aunque algunos gobiernos, como el de España, habían anunciado que no reconocerían el resultado del proceso electoral, ahora, después de percibir el respaldo que el pueblo hondureño ha dado a las elecciones, comienzan a cambiar el matiz de sus radicales declaraciones. Eurodiputados del Partido Popular han acompañado el proceso y han asegurado que trabajarán para que la Unión Europea ponga fin al aislamiento político al que se ha sometido a Honduras, al igual que lo han hecho Estados Unidos, Panamá y Canadá. También entre los países de Iberoamérica,  la cumbre de Estoril ha permitido que se comiencen a expresar otras voces distintas a las oídas hasta ahora, y países como Colombia, Costa Rica y Perú se están sumando al reconocimiento de los resultados electorales.  

Un último escollo queda pendiente esta semana, dar cumplimiento al punto 5 del Acuerdo Tegucigalpa-San José, es decir, votar en el Congreso Nacional si procede o no la restitución de Manuel Zelaya Rosales como presidente antes de la entrega de la banda presidencial el próximo 27 de enero. La lógica dice que los mismos diputados que votaron a favor de Micheletti para que se hiciera con el poder, el pasado 28 de junio, voten ahora en contra de Zelaya para evitar que ostente el poder en este escaso periodo de tiempo. Con esto el camino estaría despejado hacia el 27 de enero, día de la toma de posesión del nuevo presidente, José Porfirio Lobo Sosa.

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