Entrevista a Wael Farouq

´Hay palabras, y deberían ser como las del Papa´

Mundo · Lorenzo Maria Alvaro
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14 junio 2016
En la pista del Pulse, un local gay de Orlando, quedaron 49 personas. Sus vidas se vieron segadas, como ya habíamos visto en París, por un terrorista armado con un fusil ametrallador que, una vez dentro, empezó a disparar. Al día siguiente, mientras por todo el mundo se multiplicaban las manifestaciones de solidaridad, llegó también la reivindicación del Isis.

En la pista del Pulse, un local gay de Orlando, quedaron 49 personas. Sus vidas se vieron segadas, como ya habíamos visto en París, por un terrorista armado con un fusil ametrallador que, una vez dentro, empezó a disparar. Al día siguiente, mientras por todo el mundo se multiplicaban las manifestaciones de solidaridad, llegó también la reivindicación del Isis.

Hablamos de lo sucedido con Wael Farouq, vicepresidente del Meeting de El Cairo, presidente del Centro Culturale Tawasul y profesor en el Instituto de Lengua Árabe de la Universidad Americana de El Cairo. La primera impresión de uno de los observadores más atentos de las dinámicas del islam en Occidente es que toda esta historia se ha analizado y planteado de manera equivocada.

“En mi opinión, las dos posiciones, una que habla de atentado homófobo y otra, igual y contraria, que habla en cambio de una reacción a la provocación homosexual, están igualmente alejadas del núcleo”. Para él, “los muertos no son homosexuales. Son personas, seres humanos. Esa es la cuestión. Concentrarse en el tema de género es un error. Igual que es un error concentrarse en el perfil del terrorista. En los últimos tres años todos los atentados producidos en EE.UU han tenido un solo rasgo común: las armas. Los muertos en las escuelas y en las universidades, la violencia con las personas con discapacidad o con la comunidad afroamericana; el único hilo rojo es esta facilidad para tener armas de fuego. Las víctimas de esa discoteca representan a toda la humanidad, como las de París. No solo a los homosexuales. Son personas a las que se ha arrancado su futuro”.

El arma utilizada por el asesino, un AR15, no solo es legal sino que la compró por internet. “Obama ha dicho que no tiene palabras”, subraya Farouq. “Es evidente que permitir a cualquiera adquirir armas como esas es infravalorar la vida humana. Debería hallar las palabras, y deberían ser parecidas a las pronunciadas por el Papa Francisco hablando de los fabricantes de armas: ‘No son cristianos’”.

Respecto al silencio presidencial, el profesor árabe señala otro tema fundamental. “Otra tendencia es la falta de memoria. No podemos olvidar todos los demás atentados. No podemos hacer como si hubiéramos olvidado que EE.UU apoyan en Siria a gente como este Omar Mateen. Y no sabemos por qué hemos perdido la memoria, no vemos el contexto de esta violencia”.

En estas horas en las que tanto se ha hablado de odio, “el problema no es que haya alguien que odie. Eso es normal, forma parte del ser humano y siempre ha sido así”, destaca Farouq. “El problema es que este odio se concreta en hechos, gestos y acontecimientos. Pero eso solo es posible mediante las armas. Si siguen llegando armas tan fácilmente a las manos de los que odian, nunca lo conseguiremos. Este es el gran mal. Antes había armas pero también había responsabilidad, un Estado que controlaba. Hoy, con las nuevas tecnologías, que han convertido a cada uno en una isla, el Estado se ha hecho personal y cada uno dispone de los instrumentos necesarios para hacer lo que quiera”.

¿Cómo se puede frenar la violencia? “Como he dicho tantas veces”, explica Farouq, “las armas del Isis y sus ejército no son el verdadero peligro. El peligro es esta ideología de la que el Isis es la consecuencia. Lo que debemos combatir es esta ideología del islam político. De los Hermanos Musulmanes al Isis, son todos iguales. Estados Unidos no puede defender a gente que cree en la posibilidad de matar en nombre de Dios y que lo dice abiertamente”.

El peligro, por tanto, no es el terrorismo sino la ideología, “que es un virus que puede atacar a cualquiera. Un desafío que EE.UU ha decidido no afrontar o afrontar de manera pragmática para servir a sus propios intereses. Pero si hay una sociedad sinceramente interesada en los valores humanos, no puede permitir esta ideología. Como sucedió con el nazismo. Hoy nadie acepta que alguien diga: ‘yo soy racista’, o que alguien teorice sobre la existencia de razas superiores a otras. Así debe ser también con el islam político, cuyo único proyecto solo puede ser el terrorismo”.

Para Farouq, “no se puede separar lo que sucede en Arabia Saudí o Israel de lo que pasa en Orlando. En cada uno de estos casos, los valores han sido sometidos al poder, al dinero y a la política. ¿Por qué cuando matan a niños lejos, en Oriente Medio, ni siquiera pensamos en ello y luego nos escandalizamos de lo que pasa en Orlando? Todas las cosas están conectadas, la violencia es la misma. Todo este mal continuará hasta que no volvamos a tener memoria y nos demos cuenta de que la violencia es solo una. Cualquiera puede tener una razón para odiar. No podemos arrancar el odio del corazón del hombre. Pero podemos frenarlo y no permitir que quien odia disponga de medios para transformar ese odio en violencia”.

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