Havel, Benson y las elecciones europeas

Mundo · Pigi Colognesi
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12 mayo 2014
Reducida a un test de política interna disfrazada, atravesada por más o menos motivadas corrientes euroescépticas y por la percepción de que lo que está en juego es un poder demasiado lejano, la campaña electoral para la renovación del Parlamento europeo se está quedando en un vago eco.

Reducida a un test de política interna disfrazada, atravesada por más o menos motivadas corrientes euroescépticas y por la percepción de que lo que está en juego es un poder demasiado lejano, la campaña electoral para la renovación del Parlamento europeo se está quedando en un vago eco. Por una afortunada coincidencia, la reciente publicación de algunos textos nos ofrece, en cambio, una ocasión para profundizar.

El primero es una conferencia que Vaclav Havel habría debido dar en Tolosa en 1984. El entonces disidente y futuro presidente de la Checoslovaquia post-soviética identifica con lucidez la carcoma que roe el poder moderno: «La razón humana empieza a “liberarse” del hombre como tal, de su experiencia personal, de su conciencia personal y de su responsabilidad personal». De este poder «anónimo y despersonalizado», reducido «a mera tecnología de reglamentos y manipulaciones», es emblema absoluto el «burócrata, un funcionario de profesión que ocupa una intersección despersonalizada de relaciones funcionales»; la palabra «burócrata» es una de las más recurrentes cuando se discute sobre Europa.

Ya no se tiene en cuenta, afirma el autor de “El poder de los sin poder”, a la persona concreta sino al individuo cuantificable que una ciencia presuntamente objetiva consigue encerrar en sus propios cálculos. ¿Cómo ha podido hacer esto la razón moderna? Porque quería destruir «el mundo que conoce la línea de demarcación entre lo que es propiamente objeto de nuestro interés y lo que se encuentro más allá de su horizonte, frente al cual deberíamos inclinarnos con humildad, en virtud del misterio que lo circunda».

El segundo texto lo publicará este jueves el Corriere della Sera en su columna “La biblioteca del Papa Francisco”. Se trata del famoso “El amo del mundo” de Robert Hugh Benson. Escrito hace más de un siglo, hoy conserva toda su actualidad. El hombre del título, Giuliano Felsemburg, impone al mundo una nueva religión «humanitaria», donde todo deseo es un derecho, donde toda verdad es relativa y donde toda diferencia es homologada.

Una religión donde la violencia es abolida. A excepción de un caso: frente a los irreductibles cristianos que se obstinan en la fidelidad a su propio credo, la violencia es admitida e incluso necesaria. No es necesario demostrar aquí la pertinencia actual de tan inquietante visión.

Por último, puesto que no se puede hablar de Europa sin tener en cuenta a esa “otra” parte que está al este, ese “segundo pulmón” del que hablaba Juan Pablo II, quisiera recordar la primera edición de 2014 de la revista La Nueva Europa, casi dedicado por completo a las primeras semanas de la “revolución” en Ucrania. El dossier es muy rico y, aunque los acontecimientos sucesivos hayan hecho evolucionar mucho la situación geopolítica, resulta decididamente instructivo para quien quiera comprender una posible dirección positiva para nuestro continente y el papel que en ella tienen los cristianos. Solo me detendré en la foto que publican en las páginas 24-25. Los manifestantes habían cercado y desarmado a un grupo de la policía especial que les estaba masacrando. En decenas de ocasiones un episodio así habría acabado con el linchamiento de los agentes. En cambio aquí vemos a un sacerdote greco-católico que conduce a salvo, llevándolo de la mano, a un robusto militar asustado, con la mirada baja, evidentemente atemorizado por el linchamiento que puede empezar de un momento a otro. Pero son los propios manifestantes los que forman un cordón de protección para evitarlo. Es una novedad absoluta: el rechazo a la venganza, el amanecer del perdón. El “nuevo inicio” que Europa necesita y que aquí se hace visible.

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