Fuera cristianos de Jerusalén

Mundo · Fernando de Haro, Jerusalén
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11 julio 2018
Abu Walid, musulmán, echó los dientes en el Hotel Imperial. Lo regentaba su padre y muy de niño aprendió el negocio. El hotel, a pocos metros de la puerta de Jaffa, una de las puertas principales de la Ciudad Vieja de Jerusalén, está a la entrada del barrio cristiano y del barrio armenio. Un enclave estratégico. Desde su terraza, Abu Walid nos muestra las cúpulas de la Basílica del Santo Sepulcro, la Explanada de las Mezquitas donde estuvo el templo, y la Torre de David. El padre de Abu Walid fue arrendatario, como él, de la iglesia ortodoxa a la que pertenece el Hotel Imperial. Su despacho está lleno de fotos del propio Abu Walid con mandatarios de Oriente Próximo y líderes eclesiales.

Abu Walid, musulmán, echó los dientes en el Hotel Imperial. Lo regentaba su padre y muy de niño aprendió el negocio. El hotel, a pocos metros de la puerta de Jaffa, una de las puertas principales de la Ciudad Vieja de Jerusalén, está a la entrada del barrio cristiano y del barrio armenio. Un enclave estratégico. Desde su terraza, Abu Walid nos muestra las cúpulas de la Basílica del Santo Sepulcro, la Explanada de las Mezquitas donde estuvo el templo, y la Torre de David. El padre de Abu Walid fue arrendatario, como él, de la iglesia ortodoxa a la que pertenece el Hotel Imperial. Su despacho está lleno de fotos del propio Abu Walid con mandatarios de Oriente Próximo y líderes eclesiales.

Abu Walid, que está a punto de cumplir los 75 años, derrocha energía. Mientras contesta a mis preguntas, atiende al teléfono, escucha a sus clientes, anota reservas. El hotel se construyó a finales del siglo XIX, y ha sido remozado en varias ocasiones. Pero hay rincones que necesitarían una mano de pintura, un repaso. Pero a Abu Walid no le dejan ni cambiar una bombilla sin permiso de las autoridades. A Abu Walid y a la Iglesia ortodoxa en realidad le quieren quitar el Hotel Imperial. Es una más de las operaciones en marcha para reducir la presencia de los cristianos en la ciudad en la que murió y resucitó Jesús.

En el breve mandato (2004-2005) del patriarca ortodoxo Ireneo se vendieron y se cedió el usufructo de una serie de propiedades de la Iglesia a tres sociedades internacionales vinculadas a la sociedad nacionalista judía Ateret Cohanim. La sociedad tiene como propósito la colonización judía de la parte cristiana de Jerusalén. La cesión del usufructo se hizo en evidente fraude de ley, por un importe muy inferior al precio de mercado (un millón de euros) y aprovechando las debilidades del patriarca. A pesar del claro engaño, los tribunales de Israel le han dado la razón a los representantes de Ateret Cohanim. El caso está en el Tribunal Supremo y se espera una resolución para el mes de octubre.

Abu Walid lleva más de diez años batallando para que el hotel no pase a manos judías. Han sido años difíciles. Recibe todo tipo de presiones. Cada poco tiempo le hacen una oferta y los compradores le explican que puede determinar la cantidad que considera conveniente, que el dinero no es el problema. Durante ocho meses una periodista le estuvo siguiendo para grabar su vida familiar, su tiempo libre, su tiempo de trabajo, con el fin de producir un documental. En el documental Abu Waid aparece solo tres minutos. No es extraño que algunos guías lleven a sus clientes al hotel para enseñárselo y para explicarles que el alojamiento es de origen judío y que está, de forma temporal, en manos cristianas. Por eso Abu Waid ha decidido colgar en la entrada un gran retrato del actual patriarca.

“Me paso las noches pensando qué puedo hacer para evitar el desalojo, pero ya no sé muy bien cómo seguir”, confiesa Abu Waid. “Los judíos nos mandan a su gente para quedarse con esta parte de la Ciudad Vieja y los cristianos no hacen nada”, añade.

Las cesiones no solo afectan a Hotel Imperial, también al cercano Hotel Petra y a 22 comercios que se alojan en sus bajos. Los colonos ofrecen a sus inquilinos, a menudo, cantidades sustanciosas para que abandonen los edificios de modo amistoso. Jerusalén, en unos años, se puede quedar sin cristianos. “Hay un plan para que no queden ni musulmanes ni cristianos en la Ciudad Vieja”, denuncia Abu Waid.

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