Érase una vez en Anatolia

Cultura · Juan Orellana
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20 marzo 2013
El interesante cineasta turco, pero de culto -o sea minoritario- Nuri Bilge Ceylan, que ganó el Premio al mejor director del Festival de Cannes de 2008 por la película Three Monkeys, que ya antes había despertado interés por Lejano, ha vuelto a conquistar Cannes con el gran premio del Jurado gracias a su última película, Érase una vez en Anatolia. Se trata de una coproducción entre Turquía y Bosnia-Herzegovina,y el guión está escrito entre el director y su habitual colaboradora, su esposa Ebru Ceylan.

El argumento se organiza en torno a una comitiva policial, que avanza por la noche va por una carretera secundaria de Anatolia buscando el cadáver enterrado de un asesinado. La comitiva la componen el presunto asesino, el médico forense, el procurador y el Comisario, amén de un grupo de soldados y policías. A lo largo de esas interminables horas vamos conociendo el mundo personal de cada de uno de los personajes, sus dolores, sus heridas, sus anhelos. Película típicamente festivalera, lenta y contemplativa, pero excesivamente larga, aunque rodada con estilo y dirigida con talento.

Érase una vez en Anatolia es de esos largometrajes que funcionan por "empapamiento". El espectador va impregnándose de esos rostros duros, desabridos, de la hostilidad del entorno, de lo precario de los medios, de lo primitivo de los procedimientos… y acaba entrando en el alma de unas gentes recónditas, de la zona más remota de un enclave entre dos mundos, como es la Turquía profunda. Un ensayo antropológico, sombrío y ciertamente no optimista, aunque interesante, y con destellos de verdadera humanidad.

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