El mundo del papa Francisco

Mundo · Giorgio Vittadini
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21 junio 2019
Con una carta abierta a jóvenes economistas, emprendedores y emprendedoras de todo el mundo, religión y nacionalidad, el papa Francisco ha convocado una jornada de tres días para “estudiar y practicar una economía diferente”. Inspirado en el santo patrón de Europa, la cita se titula “Economy of Francesco” y se celebrará en Asís del 26 al 28 de marzo de 2020. En la carta, el Papa afirma: “Vuestras  universidades, vuestras empresas, vuestras organizaciones son canteras de esperanza para construir otras formas de entender la economía y el progreso, para combatir la cultura del descarte, para dar voz a los que no la tienen, para proponer nuevos estilos de vida”.

Con una carta abierta a jóvenes economistas, emprendedores y emprendedoras de todo el mundo, religión y nacionalidad, el papa Francisco ha convocado una jornada de tres días para “estudiar y practicar una economía diferente”. Inspirado en el santo patrón de Europa, la cita se titula “Economy of Francesco” y se celebrará en Asís del 26 al 28 de marzo de 2020. En la carta, el Papa afirma: “Vuestras  universidades, vuestras empresas, vuestras organizaciones son canteras de esperanza para construir otras formas de entender la economía y el progreso, para combatir la cultura del descarte, para dar voz a los que no la tienen, para proponer nuevos estilos de vida”.

Merece la pena detenerse en el alcance de esta gran iniciativa, que ya ha empezado a estimular el interés de muchos jóvenes y que se empezará a anticipar en cierto modo en el Meeting de Rímini del próximo mes de agosto.

La crisis económica de 2008 ha puesto la palabra fin a la ilusión de las “magníficas y progresivas suertes” que dominaban el mundo hasta entonces. La monocultura neoliberal, con la idea de que el desarrollo llevará tarde o temprano al bienestar de todos, considera cualquier crisis coyuntural como un mal inevitable (cuando no necesario) y “externalidades negativas” a las anomalías causadas, como la creciente desigualdad, las enormes rentas financieras, el desarrollo sin empleo, la sumisión de la vida humana al trabajo, el cambio climático o la destrucción del planeta.

¿Por dónde empezar para dar una nueva perspectiva al sistema económico mundial? Desde hace más de veinte años, se empezó a usar el término “sostenibilidad” para afirmar algo muy sencillo: el objetivo del desarrollo es el bien común. La ONU estableció 17 objetivos de sostenibilidad para el año 2030 que se refieren a una amplia gama de temas económicos, sociales, ambientales. Para entender por dónde empezar y para apreciar el valor de esta iniciativa del Papa, hay que comprender cuál es el punto de conexión entre los objetivos de sostenibilidad, es decir, el bien común: la centralidad de la persona y de la cultura consiguiente, es decir, la subsidiariedad.

El economista Giancarlo Mazzocchi hablaba en los años 70 de un tipo de empresa que no ponía en el centro sus “recursos humanos” sino a la persona como recurso, y perseguía su beneficio teniendo en cuenta el bien de la comunidad y del territorio en que trabajaba. Precisamente esas dimensiones que ignoran los políticos y los economistas responsables del desbarajuste actual. Desde entonces se empezó a investigar a nivel global sobre las cualidades humanas que están en juego en el aprendizaje y en el trabajo: responsabilidad, estabilidad emocional, capacidad de aprender de la experiencia y de la realidad, empatía y amigabilidad en el trabajo, sentido del propio destino. Estos estudios no delinean nuevos esquemas económicos sino que “sencillamente” devuelven a la persona íntegra al centro de la vida económica, después de que fuera expulsada por muchos (en la época positivista, neoclásica y en la monetarista actual) que piensan que la economía es como una ciencia natural, y por tanto está sujeta a mecanismos previsibles que se pueden estudiar.

En cambio, cualquier novedad positiva en economía nace de los deseos, de la exigencia de felicidad, incluso del sentido religioso de los seres humanos, y del intercambio personal que tiene lugar en las formaciones sociales y en los cuerpos intermedios.

Desde este punto de vista, puede notarse la genialidad de la iniciativa del papa Francisco. En la Laudato Si’ esbozaba los límites de un “modelo voraz, orientado al beneficio, con un horizonte limitado y basado en la ilusión del crecimiento económico ilimitado”. Pero luego el Papa no pasa a desarrollar correctivos mediante una nueva teoría, una “tercera vía” católica en economía. Tampoco plantea una estrategia política “desde lo alto”, a través de relaciones institucionales. Lo que hace, en cambio, es ofrecer su contribución a la formación de las nuevas generaciones para que puedan dar vida a nuevas teorías y nuevas prácticas, proponiendo a los jóvenes de todo el mundo que se encuentren con “quienes hoy se están formando y están empezando a estudiar y practicar una economía diferente, la que hace vivir y no mata, que incluye y no excluye, que humaniza y no deshumaniza, que cuida la creación y no la depreda. Un evento que nos ayude a estar juntos y conocernos, que nos lleve a hacer un ‘pacto’ para cambiar la economía actual y dar un alma a la economía del mañana”.

El Papa pide a los jóvenes que se pregunten cómo su deseo de una vida verdadera y plena les anima a imaginar y construir una economía donde prevalezcan el desarrollo sostenible y el respecto al medio ambiente, la acogida de la vida y el cuidado de la familia, la equidad social y la dignidad de los trabajadores. Quiere, como todo gran educador, no sustituir la responsabilidad de los jóvenes, sino animarles a ponerse en marcha en su vida profesional para convertirse en sujetos de este cambio de época. Por eso, de aquí a marzo de 2020 tendrán lugar una serie de eventos que irán construyendo este movimiento de jóvenes economistas que se reunirán en Asís, el primero de los cuales tendrá lugar en la zona de “subsidiariedad&empleo” del Meeting de Rímini 2019. Una ocasión para no perderse este nuevo inicio en la economía mundial.

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