Entrevista a Benito Zambrano

´El hombre tiene muchas posibilidades de ejercer el bien, la bondad, la belleza´

Cultura · F.H.
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10 diciembre 2019
Benito Zambrano se ha atrevido con el guion de una de las mejores novelas que se han escrito en España en los últimos tiempos, Intemperie, de Jesús Carrasco.

Benito Zambrano se ha atrevido con el guion de una de las mejores novelas que se han escrito en España en los últimos tiempos, Intemperie, de Jesús Carrasco.

Empecemos por el final, por la dedicatoria en las últimas escenas de los créditos. Te dejas la dedicatoria para el final, a los que han sabido perdonar, a los que nos han enseñado a perdonar, ¿por qué?

En estos tiempos que corren, creo que hace falta homenajear a la gente que hace un esfuerzo por el diálogo, por intentar crear un mundo mejor. El pastor, nuestro personaje principal, se convierte en una especie de guía, maestro, casi padre, en esta historia y guía a un niño, yo diría desde la oscuridad, desde la parte tenebrosa y triste del ser humano, hacia la parte más luminosa y bondadosa. Y eso, ese personaje que interpreta Luis Tosar, es un maestro de la vida, es alguien que también viene herido, que también ha sufrido lo suyo, pero ya en una etapa de la vida en que ha sido capaz de intentar cerrar sus heridas y que ahora está intentando ayudar al niño a cerrarlas, enseñarle que, si odias, lo que vas a hacer es desperdiciar tu vida. Esa es una de las frases que más nos gustan de la película: no malgastes tu vida odiando. Creo que tiene que ser un homenaje a toda la gente que intenta ayudar a crear un mundo mejor.

La película tiene dos grandes protagonistas: el cabrero y el niño, que huye de una situación terrible y de pronto se encuentra fortuitamente con un adulto que, como dices, se convierte casi en su padre. ¿Qué impresión produce en ti la lectura de la novela y de ese encuentro entre el cabrero y el niño?

Quizás porque procedo del mundo rural, de familia de jornaleros, una de las cosas que siempre admiré y que me sirvieron en la vida fue aprender de mis mayores, de una manera de sentir la vida, de una actitud digna de estar en la vida, pobre pero digna. Eso siempre me gustó y siempre me ha interesado contar eso de alguna manera, dejarlo entrever. Intemperie me lo permitía. Es una novela dura, cruda, te habla de una realidad donde la miseria económica y social a veces también te lleva a una miseria humana, pero no a todo el mundo y no siempre. Allí estaba este personaje del cabrero que, dentro de su manera de vivir y su forma de entender la vida, pegado a la tierra y al respeto a los animales y a todo, supo enseñarle al niño esa dignidad de estar. Eso fue algo que me parecía muy potente en la novela, y da igual en qué tiempo y espacio lo coloques, es algo que está ahí y necesitamos que alguien nos lo recuerde todos los días.

Decías que el cabrero es alguien que viene con sus heridas de la vida y eso está muy bien contado en la película, pero esas heridas no se han transformado en un rencor hacia las cosas, hacia la gente. La acogida del niño es sorprendente. ¿Esa es quizá la principal fuerza del cabrero, que la herida no se transforme en odio sino en capacidad de acogida?

Sí, esa es una de las cosas lindas del personaje que a mí me interesaba. Es un personaje que de alguna forma, casi voluntariamente se aísla, como una especie de pre-hipppy, de pre-pacifista, que después de haber vivido, teniendo en cuenta de que estamos hablando de que, cuando nosotros situamos la historia, por el año 46, los primeros cincuenta años de esa década fueron un auténtico desastre en el mundo: dos guerras mundiales, una guerra civil, todo lo que él vio como soldado en la guerra de Marruecos, donde él hizo la mili como muchísimos españoles de entonces… Es un hombre que ya había visto y vivido tanto odio y tanta maldad, tanta muerte, que lo bonito del personaje es que él casi decide autoexiliarse, ser un insumiso, irse de esa sociedad a vivir solo, tranquilo y en paz con sus ovejas. Entonces este niño se le cruza en su camino. Él ha podido, posiblemente porque dice que de las pesadillas nadie se puede librar. De las heridas de la vida nadie se libre. Vivir te hiere y tú hieres, y a veces hieres sin darse cuenta, pero todos herimos y somos heridos. Este personaje, en su sabiduría y su manera de entender, de alguna forma él ha intentado curar esas heridas, aunque vivirá con esas pesadillas, vivirá con ese dolor. Y cuando ve a un niño con ese dolor, alguien que apenas ha empezado a vivir y ya está tan dolido como un perro…

El inocente humillado.

Efectivamente. Por eso intenta ayudarle en la medida de lo posible. Luego ya se encariñan los dos y se establece una relación paterno-filial, que es lo hermoso de la película.

Aparte de la novela de Carrasco, ¿tiene tu película también algo de otras novelas, como por ejemplo ‘La carretera’ de Cormac McCarthy? Este relato de un mundo que se viene abajo donde se reencuentran las personas, se rehacen las relaciones y se convierten en oasis de humanidad. ¿Tu película tiene que ver con eso, que la gente del mundo de la literatura y del cine cada vez estáis contando más, estas historias de encuentros humanos?

Sí, porque hay algo que no se deja de perder. El cine, los relatos dramáticos, la novela, el teatro, todos vamos a hablar siempre de las miserias del ser humano, es decir, no se hacen películas de gente feliz a la que no le pasa nada. Eso es aburrido y además no es así. Desde los mismos griegos que inventaron de alguna forma el teatro, se trata de contar estas cosas. Se trata de contar nuestras propias miserias con el deseo de que sirvan, de manera pedagógica, a ver si conseguimos equivocarnos en el cine y no en la vida real, a ver cuántas veces podemos ayudar a que, a través del arte y la cultura, consigamos crear un mundo más sano, pero eso es difícil, porque el hombre tiene muchas capacidades para ejercer la maldad, pero también tiene muchas posibilidades de ejercer el bien, la bondad, la belleza. Eso es lo que hay que pelear y luchar, que al menos en el arte ganen los buenos.

El paisaje es esencial, porque resalta el encuentro entre los dos personajes, la esencialidad de la relación. Es un paisaje áspero, duro. El calor que hace en la película parece que lo estás pasando cuando la ves. ¿Dónde rodaste, cómo seleccionaste el paisaje, como hiciste las localizaciones?

El paisaje, como bien dices, era muy importante porque era otro elemento agresor y agresivo. Porque a los pobres, como al galgo, todo se le vuelven pulgas. Encima que vives en zonas miserables, llega la época de sequía, que en aquella época hacía que en el campo y el mundo rural fuera un auténtico desastre. El paisaje era importante en la novela como elemento que incrementa el sufrimiento de los personajes, para hacérselo difícil. Y ese elemento nosotros lo encontramos en la comarca de los pueblos de Orce, Galera, Huéscar, la Puebla de Don Fadrique, lo que sería el altiplano granadino, una zona preciosa, increíble. Yo no la conocía y para mí ha sido un descubrimiento porque tiene unos barrancos preciosos, muy bonitos, muy cinematográficos y muy fuertes. Lo rodamos en verano para que hubiera esa dureza, esa sequía, ese espacio seco, y después hemos intentado, con todos los truquitos que tiene el cine, reforzarlo para que la gente, cuando vea la película, sienta ese calor y esa sed.

El final parece al estilo western, ¿por qué?

Se fue dando, a medida que íbamos construyendo el guion y después, cuando ya localizamos y vimos por dónde iba. Teníamos una historia que era un poco de aventuras, un viaje, una persecución por medio de un espacio agreste, seco, duro, donde el paisaje como hemos visto era un elemento importante, teníamos unos personajes que les perseguían a caballo, porque en aquella época la gente se movía básicamente a caballo… y cuando empezamos a meter elementos nos dimos cuenta de que estábamos haciendo una especie de western, siempre de manera orgánica, sin buscarlo, sin pretender que fuera así. Nosotros queríamos contar una historia y la historia te lo iba pidiendo. Al final había un momento en que el bueno y el malo se tenían que enfrentar y ya lo hicimos con todas las consecuencias.

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