El amor es inventivo hasta el infinito

Mundo · PaginasDigital
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30 abril 2018
Por su interés, publicamos el comunicado final de Punt Barcelona, que ha celebrado su tercera edición el pasado fin de semana.

Una gota. Y qué fuerza hemos visto que puede tener esa gota. Las dimensiones y la repercusión social de PuntBCN son como una gota en medio de un océano de indiferencia. Pero durante tres días hemos mirado con atrevimiento algunos de los desafíos más acuciantes de nuestro mundo. De este mundo; no el imaginado. No el mundo posible.

Si bien muchos de nuestros problemas empezaron en el mundo de nuestros padres, el periodista Jordi Amat ha subrayado que “es necesario construir teniendo en cuenta el mundo que viene”. En un contexto de crisis de la representatividad de los Estados, o específicamente en el marco delicado de la situación de bloqueo institucional en Cataluña, no podemos seguir elaborando interpretaciones. Es necesario trabajar para neutralizar la confusión. Hacer política. Construir. Si nos centramos en la lucha por reivindicar la ciudad que cada uno desea, “corremos el riesgo de ser irresponsables ante el reto de la convivencia en el contexto actual”. “Hay que generar espacios de encuentro para afrontar los problemas de hoy”, ha insistido Amat.

¿Qué ha sucedido estos días? ¿Qué hemos aprendido y qué aportación podemos ofrecer? Solo es posible salir de la confusión si se está dispuesto a acoger una novedad pertinente. Es posible romper la lógica de la agitación y el bloqueo. El método es el de la acogida. No el de la reivindicación de lo propio. Paradójicamente, lo más pertinente para reivindicar lo propio es dar espacio al otro.

La historia ya nos ha mostrado qué sucede cuando se trata de conquistar espacios de poder para cambiar el mundo. Pilar Rahola, que ha vuelto a estar presente en PuntBCN, también nos ha recordado qué aportación puede hacer una experiencia verdadera: “En su discreción, en su humildad, el cristianismo que no se identifica con el poder es revolucionario porque desafía las estructuras de poder”. Pequeños gestos de humanidad que cambian la vida. Así lo ha afirmado con contundencia Farhad Bitani. El excapitán del ejército afgano ha reconocido que su razón empezó a abrirse por el encuentro con algunos cristianos, cuyos gestos de humanidad desafiaron su percepción reducida e ideológica del islam: “he cambiado por el encuentro con otro”. En el mismo sentido, el testimonio de Astrid Daniela nos ha conmovido: “nunca nadie me había dado nada gratis hasta que conocí a los amigos que vienen a cuidar a las chicas del Camp Nou”. Esa gratuidad le permitió empezar a salir de la confusión. Y ella, ¿qué nos ha dado ella a nosotros al confiarnos su vida, una vida en la que el amor ha vencido en la más oscura de las situaciones?

¡Cuánto necesitamos el encuentro desarmado! Salir de la lógica de los bloques y generar espacios de gratuidad. Porque solo una gota puede entrar en el corazón del hombre y liberarlo de los muros de la indiferencia. Es pertinente dejarse alcanzar por esos pequeños gestos de humanidad que, como insistentemente repite el papa Francisco, no buscan la conquista de espacios de poder, sino que inician procesos: “tal vez estoy empezando un camino –ha reconocido Astrid–, pero en cada paso que doy, no pienso en mí, pienso en toda esta gente que necesita que su vida cambie, como me cambió a mí”.

La pertinencia de un gesto como PuntBCN es su interés por construir estos espacios de gratuidad. Porque ofrece una alternativa cultural necesaria para afrontar los retos de la convivencia. Es una aportación adecuada por la experiencia que ofrece. ¿Quién se atreve a reivindicar el diálogo desarmado, sin miedo? PuntBCN es un gesto que además se construye por el compromiso de ciudadanos libres que desean vivir de esta paradoja: son voluntarios. En PuntBCN no buscamos reivindicar el propio interés. Es un intento de construir junto con otros. Es un intento de ir a buscar al otro. ¡PuntBCN existe para reivindicar la presencia del otro! Esta es la fuerza de nuestra propuesta: la gratuidad. Una relación de amistad que permite vivir cotidianamente los retos de nuestro tiempo.

No hay nada más poderoso que el amor gratuito, frágil y discreto como una gota, que se inventa para alcanzar el corazón de todos los hombres. Esta es la revolución imposible que cambia el mundo. Es la revolución que nosotros necesitamos y de la que solo nosotros podemos decidir si queremos participar.

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