Definamos qué significa despertarse

Hay quien se ha puesto nervioso porque haya grupos de jóvenes y no tan jóvenes que se reúnen en acontecimientos multitudinarios para anunciar que han dejado atrás su estado de letargo. ¿Cuál es el problema? La Fiesta de la Rosa, la Fiesta del PCE, el Festival de Cine de San Sebastián, el Sonorama Ribera o la Romería del Rocío son todos ellos “despertares” de gente que se reúne para celebrar aquello en lo que cree, para disfrutar, para contarle a todo el mundo las razones estéticas y morales que sostienen su vida. Ya nos gustaría que mucha gente estuviese despierta en esta España en la que hay mucha rutina. Ya nos gustaría que hubiese mucha gente que tuviera cosas que contar, hacer el amor y la revolución, rezar con otros, bailar con otros, pensar con otros. Tampoco parece mayor problema que haya partidos, fundaciones o particulares que estén dispuestos a sufragar los gastos. Mientras los ingresos no provengan del crimen organizado, que no es el caso, y todo el mundo pague sus impuestos, aquí paz y después gloria.
Nos vendría muy bien más derecha, más izquierda, más budismo tibetano y más de todo reuniéndose para despertarse y para aportar algo que no sea el manido discurso de los partidos, las iglesias, los sindicatos y las sociedades anónimas que adormecen al personal. Eso sí, hay que tener el realismo de saber que la existencia es seria y que lo cuenta no son los números ni los decibelios de la banda sonora o la brillantez de los oradores. Lo que cuenta es la calidad de las razones que se aportan para vivir y esas razones se demuestran cuando se apagan las candilejas.
Aquí el problema -seamos sinceros- no es si unos se levantan u otros se acuestan. El problema es que todo se piensa y se formula en términos de hegemonía. Todo el mundo quiere despertarse para ocupar el espacio que considera usurpado ¡Basta ya de que sean “los otros” los que controlen la plaza pública! ¡Llevamos demasiado tiempo callados! Frente a la España de la ciudad, la España del campo, frente a la España del frentismo, la España de la reconciliación, frente a la hegemonía rosa, la hegemonía malva.
El problema no es que haya que despertares, el problema es que todos los movimientos/reuniones/congregaciones/agrupaciones sociales se construyen con compulsiones reactivas, dialécticas, definidas por oposición al adversario. Lo que se define por oposición es mimético, imitativo. Las ideas, a menudo, son opuestas pero la modalidad de presencial social es la misma: está marcada por una concepción espacial.
Nos sobran proyectos alternativos a los proyectos alternativos de los proyectos alternativos. No se construye una realidad nueva ni con discursos ni con proyectos organizativos. Definamos qué significa despertarse. Una realidad nueva se acredita por su capacidad de construir un sujeto nuevo. Se hace política y cultura nueva cuando hay sujetos (personas, grupos de personas) que trabajan, descansan, proyectan, usan las redes sociales, piensan, sienten, denuncian, sufren, votan y beben de una forma diferente, de una forma más humana. Si para eso sirven los despertares, ¡Bienvenidos!
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