Crisis libia: Europa debe actuar

Mundo · Mario Mauro
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28 febrero 2011
La revuelta y la masacre del pueblo de Libia ahondan la transformación que está modificando los equilibrios en el Mediterráneo. Durante sus cuarenta años en el poder, el Gobierno de Gadafi ha reprimido toda forma de oposición política. Mediante el control de los medios de comunicación y el sistema educativo ha adormecido a la opinión pública. La gran diferencia respecto a los países vecinos es la gran cantidad de petróleo que hacen de Libia uno de los países más ricos de África. Además, el desempleo juvenil es visiblemente menor que en el resto de la zona. Todo ello hacía suponer que la ola de cambio que se generó en Túnez no llegaría a la costa de Libia.

Pero, como por arte de magia, vemos a Gadafi atrincherado en la capital y dispuesto a hacer cualquier cosa para que no se disuelva su sistema de poder absoluto que parecía impenetrable. A juzgar por lo sucedido en los últimos días parece que el futuro del país no está en manos de los ciudadanos, sino más bien en las decisiones del ejército. Gadafi ha sufrido un fuego cruzado. Además de la rebelión de su pueblo, ha hecho frente a un cuestionamiento del poder desde dentro, desde la llamada fitna (disidencia). Si el rais frena las deserciones en el ejército, la violencia en Libia puede durar durante mucho tiempo.

La historia nos enseña que Gadafi difícilmente abandonará el barco que se hunde. Ya hay miles de muertos y decenas de miles de heridos en lo que podría muy pronto convertirse en una guerra civil. Además de la matanza de los manifestantes que salieron a las calles, hay que tener en cuenta el papel que desempeñan las numerosas tribus en el territorio libio. La más grande de esas tribus, los Orfella, está abiertamente del lado de los rebeldes. No es descartable, por otra parte, que se produzcan enfrentamientos entre las tribus de Trípoli y la Cirenaica (llamada ya "Cirenaica liberada"). Las poblaciones son muy diversas y sólo se reunieron bajo una sola bandera tras el inicio de la guerra turco-italiana del siglo pasado.

No será fácil para la comunidad internacional mediar entre estas dos realidades para evitar un divorcio que podría magnificar el desastre en curso. En Bengasi, la capital de la Cirenaica, nacieron las facciones islámicas más hostiles al régimen. Gadafi siempre ha hecho tabla rasa con sus oponentes, es lo que hizo con los Hermanos Musulmanes y otros grupos salafistas. Una misión militar coordinada por las Naciones Unidas, tal vez bajo la dirección de la Unión Europea, podría ser la solución más eficaz para aportar una solución a corto plazo. Podrían utilizarse los "grupos de combate", las unidades militares que nacieron tras el Tratado de Niza del año 2000. En los últimos diez años se han utilizado en las misiones del Congo, Bosnia y Macedonia. Desde hace días se habla de fosas comunes, de masacres, de mercenarios despiadados pagados por el régimen, de luchas tribales: la prioridad absoluta es detener la carnicería.

La crisis humanitaria se agrava por el flujo de refugiados que está listo para entrar en la costa italiana. Sin poder aventurar en este momento cifras, debemos estar preparados para la ola de inmigrantes más grande que haya sufrido Italia en su historia. El jueves pasado se celebró en Bruselas una reunión de ministros del Interior de los países de la UE. Se pidió para Italia un fondo especial de solidaridad. Pero el dinero no es suficiente. Europa tiene que entender que se está jugando su credibilidad y también su razón de ser. La Unión Europea fue creada para compartir la responsabilidad por situaciones como la de Libia. Del mismo modo que la UE se ha tomado a pecho las críticas por la actuación en el caso griego, es el momento de afrontar este reto juntos. No es un problema italiano, es un problema europeo que debe ser afrontado como tal. Tenemos que mostrar una solidaridad total que se mantenga en el tiempo.

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