Corrupción política e inhibición feedback

España · Juan Carlos Hernández
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25 junio 2025
¿Estamos condenados a la corrupción política? El problema es estructural y no basta con una simple dimisión de Sánchez al cual le queda ya poco por más que quiera estirar el drama.

Corrían los años 90 en España. A pesar de sus innegables éxitos: la entrada oficial en la Comunidad Europea (hay que darle mérito al impulso que había hecho anteriormente Calvo-Sotelo), o la organización de las Olimpiadas y la Expo en el año 92, el Gobierno de Felipe González acusaba el desgaste de más de 10 años en el poder y le acechaban graves casos de corrupción. Filesa (trama ilegal que uso el PSOE para financiarse), o casos notorios como el de Mariano Rubio, gobernador del banco de España o Luis Roldan, Director de la Guardia Civil… A pesar de la campaña del dóberman en el año 96, el PP de Aznar conseguiría una victoria pírrica, pero victoria, que ampliaría ya en el 2000. Su gran éxito fue la convergencia europea del Tratado de Maastricht. Años después importantes ministros o personalidades dentro del partido: Rodrigo Rato, Zaplana… entrarían también en prisión. Vendría también la “trama Gürtel” y tantas otras.

Así llegamos al año 2004. Los terribles atentados del 11-M y su gestión de la información penalizan al PP que esperaba antes del trauma una victoria holgada. Así apareció en España el zapaterismo. Una gran crisis económica se llevo su gobierno por delante 8 años más tarde. Tampoco tenía tan malos ministros (algunos de ellos): Jordi Sevilla, Miguel Sebastián… ya los quisiéramos en el Gobierno actual. Pero con ZP era suficiente. ¿Qué se lo pregunten a nuestros familiares-amigos venezolanos?

En el 2008 entra en acción el gobierno de Rajoy, para afrontar una grave crisis a nivel internacional y nacional, que acabo ahogándose en un vaso de whiskey al lado del Congreso con un bolso de testigo excepcional en el Congreso. Distintos casos de corrupción como el de Luis Bárcenas tesorero del partido, también en la cárcel fueron la oportunidad de oro para Pedro Sánchez.

Ahora el Presidente parece tener los días contados y muchos empiezan a abandonar el barco antes de que se hundan. Para que luego cuando Sánchez no esté que no digan que le apoyaban.

Lo que no han conseguido las negociaciones de Cerdán con Puigdemont lo han conseguido Koldo, Ábalos, Cerdán y compañía ¡Qué compañías vaya! Hasta en El País empiezan a aparecer titulares o columnas (que no eran las de siempre) en contra suya… ¡qué no es poco!

¿Estamos condenados a la corrupción? La buena noticia es que en este país ha habido gente muy importante en la cárcel: políticos de distinto signo e incluso un yerno de un Rey. No hay que darlo por supuesto y hay que felicitarse por ello. Si estos días hemos podido asistir a este “espectáculo” es porque la UCO ha hecho su trabajo o porque un juez ha hecho su trabajo.

Pero siendo cierto esto, la experiencia de los últimos años nos muestra como los casos de corrupción, a nivel político, (en otros niveles la corrupción es España es muy baja) se ha convertido en algo casi endémico.

No es el bálsamo de Fierabrás pero creo que tiene que ver con el poder que han adquirido los partidos políticos como “agencia de colocación de empleo”. No puede ser que el partido en el poder tenga tanta capacidad de influencia: empresas públicas (lo de las televisiones públicas es un ejemplo lamentable pero la lista es larga), tenemos elecciones en la Universidad y se habla de un candidato de la derecha y uno de la izquierda, asesores, la politización de la justicia… Es normal que un Presidente o un Ministro puedan tener unos cargos “de confianza” pero no tiene sentido que un Presidente de Correos tenga que cambiar porque cambia el gobierno y así tantos ejemplos de empresas públicas.

Es muy difícil que los partidos se autolimiten. Hay un mecanismo biológico, que se llama inhibición feedback, donde el producto de una ruta enzimática, a altas concentraciones, inhibe a la propia enzima que cataliza el proceso. Urge una sociedad civil que pida al propio partido con el que simpatiza que tenga procesos de “inhibición feedback”. Un juez puede tener afinidades políticas, ¡claro que sí!, el problema es cuando el puesto que tiene se lo debe al partido de turno y así tantos cargos de «designación».

Por eso no basta con que Sánchez se vaya, esperemos que más pronto que tarde, es necesario un cambio de mentalidad porque los partidos políticos han politizado lo que no es político.


Lee también: Sánchez necesita a Franco vivo

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