Clérigos anticlericales que sofocan la razón

Cultura · Fernando de Haro
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12 junio 2009
Fernando Savater se ha vuelto un faltón y eso dificulta seriamente el diálogo con el representante del racionalismo ilustrado que es. Un diálogo que sería estimulante en una época como ésta, postmoderna, en la que salvar la razón se ha convertido en una prioridad. Es faltar y poner las cosas muy difíciles que termine su artículo de este martes en El País, titulado "Las trampas de la fe",  acusando a los monoteísmos de ser la raíz del totalitarismo. Se ha puesto de moda en España la acusación de totalitarismo y la izquierda y la derecha se la lanzan a la cabeza con una alegría que supone, por lo menos, una gran imprecisión democrática.

Saltando por encima de éste y otros exabruptos que contiene la pieza, es muy interesante examinar el fondo de la cuestión. Savater plantea el gran tema de la relación entre ciencia y religión como si estuviéramos a finales del XVIII o comienzos del XIX, eso le da nitidez. "Las leyendas y mitos religiosos nos ayudan a buscar un significado simbólico al mundo y la vida, mientras que la ciencia nos aclara su funcionamiento natural". Dicho de otro modo, la fe no es conocimiento, es voluntad de creer (título del libro de William James que cita en el artículo). La "verdad es una construcción política o cultural". Savater hace una defensa neta de un tipo de razón que sólo tiene un método para conocer, el científico-matemático, que no considera objetos que requerirían de otros métodos. A esos objetos Savater los considera sencillamente mitos.

En realidad, las afirmaciones de Savater presuponen una teoría del conocimiento, la de Descartes, que ya ha sido ampliamente superada en la comunidad científica. Para ser seriamente realista hay que reconocer la pluralidad de métodos. Finkielkarut en su libro Nosotros lo modernos explica que la imposición de un solo método es una prevaricación en la forma de hacer ciencia, impuesta por Galileo: "el Todo se debe leer como un libro de matemáticas". "Se toma el mundo matemático de las idealidades por el único mundo real", explica también Husserl. El método de una de las ciencias sólo puede imponerse al resto de las ciencias si no se toman en serio los objetos que se quieren estudiar. Es irracional establecer a priori que el objeto religioso no sea un objeto para la razón porque no sea abordable por el método de la razón matemática o positivista. En la experiencia religiosa hay un objeto, el deseo de aferrar el sentido último de las cosas, puede ser abordado por la razón si se le deja utilizar un método adecuado. Y en la fe cristiana, que surge en la historia porque hay un hombre que dice ser Hijo de Dios, un hombre que dice de sí mismo que es el Sentido hecho carne, hay otro objeto que no puede ser rechazado antes de ser examinado.

Savater, de todos modos, plantea la gran cuestión para el cristianismo del siglo XXI: si la fe, aunque no sea abarcable exhaustivamente por la razón, nace de un objeto razonable, de un hecho, o si pertenece sólo al ámbito de los sentimientos, de la voluntad de creer. Dice Savater que "lo malo es que ciertos clérigos se empeñan en corregir los datos científicos con dogmas y tradiciones piadosas". Desde Péguy sabemos que hay clérigos clericales y clérigos anticlericales. Es clerical y pertenece al ámbito de las tradiciones piadosas defender un cartesianismo que favorece que la religión acabe siendo un mito. Como es clerical defender ciertas formulaciones del "diseño inteligente" que niega los datos científicos que la biología aporta sobre la evolución, en eso lleva razón Savater. Se trata de dejar libre a la razón.

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