Bertone: ´El desafío de crear una nueva cultura cristiana´

Mundo · PaginasDigital
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2 febrero 2009
El secretario de Estado de la Santa Sede visita esta semana España, hace unos días estuvo en México donde mantuvo un encuentro con el mundo de la cultura. Laura Juárez, desde México D.F, analiza su intervención.

El pasado 19 de enero, el cardenal Tarcisio Bertone, secretario de Estado del Vaticano, se reunió con aproximadamente 700 personas del mundo de la cultura y de la educación en el Teatro de la República, en la ciudad de Querétaro, recinto donde se firmó la Constitución de 1917, todavía vigente en nuestro país. Además de lo emblemático del lugar, el encuentro, titulado "La realización de la razón en el horizonte de la fe", fue muy significativo por varias razones.

Primero, porque en México la fe parece tener poca relación con la cultura, y la cultura poca relación con la fe. Segundo, porque a pesar de que durante el siglo XX hubo una cierta retirada del catolicismo del ámbito público y cultural, la reciente apertura democrática ha comenzado a liberar espacios para una mayor libertad y participación, y esto ha coincidido con un deseo renovado de protagonismo entre los católicos mexicanos. Tercero, porque esta incipiente apertura todavía genera fuertes reacciones contrarias a la expresión pública de la fe, como pudo constatarse en varios editoriales que criticaron duramente tanto al Encuentro Mundial de las Familias, celebrado también en México, como la participación del presidente Calderón en dicho evento.

El cardenal ha comenzado afirmando que "para la Iglesia la cultura es una realidad vital, urgente, necesaria", porque ésta no se reduce a una serie de prácticas comúnmente aceptadas en una sociedad, sino que es aquello que permite a la persona ser más ella misma, crecer en su propia humanidad. Pero, ¿qué es entonces nuestra humanidad? Es el conjunto de deseos y exigencias originales que encontramos en nosotros mismos, el deseo de verdad, de justicia, de belleza, en suma, de felicidad. Por esto, el desafío cultural que el mundo de hoy nos plantea no es ante todo una tarea pesada o una lucha por defender ciertos  valores "tradicionales", sino ante todo el desafío de ser más nosotros mismos, de buscar y seguir aquello que corresponde y hace florecer nuestra humanidad. A los cristianos el cardenal nos ha reclamado a "contemplar más intensamente el rostro de Cristo" para poder vivir y ofrecer a la sociedad una realidad original, una cultura nueva nacida del cambio en el corazón de la persona.

Otra provocación muy actual, entre muchas que deberán ser profundizadas, es la llamada a  redescubrir nuestra identidad. En 2010 celebraremos el bicentenario de nuestra independencia y el centenario de la revolución, dos momentos que han forjado al México moderno, también a través de una cierta lectura de nuestra historia encaminada a formar una identidad nacional y ciudadana, pero que frecuentemente ha debido negar una de las partes de nuestra herencia para exaltar la otra. Por ejemplo, para exaltar nuestra herencia prehispánica se ha tendido a ver el encuentro con la cultura europea como una contaminación, y nuestra historia como una lucha por despojarse de esta hierba mala y recuperar la esencia previa. La visión opuesta, aunque no menos simplista, afirma que la cultura europea quedó yuxtapuesta a la cultura prehispánica, pero no llegó verdaderamente a permear la identidad del pueblo ni a transformarse con este encuentro, salvo por algunos toques exóticos que le fueron añadidos. Estas negaciones ideológicas han desembocado en una manera problemática de afrontar nuestra identidad, en la que pareciera que cada generación tiene que replantearse este problema. Es una tarea urgente la de revalorar y redescubrir todos los factores que conforman nuestra identidad, tarea en la que nosotros los cristianos podemos contribuir de manera muy positiva por la experiencia de amor a lo humano que vivimos, ya que un pueblo privado de su identidad es presa fácil del poder, interesado en imponer una mentalidad ajena a su forma de ser. Cabe aclarar que esta tarea no se reduce a un revisionismo que pretenda contar la historia desde una ideología distinta, sino que implica reconocer y aceptar el mestizaje como condición esencial de nuestra identidad mexicana.

Éstas son sólo dos de las muchas provocaciones de gran actualidad y relevancia  que el cardenal Bertone lanzó al mundo de la cultura y la educación mexicanos. Concluyó diciendo que tenemos frente a nosotros un "desafío apasionante y hermoso": crear una nueva cultura cristiana, seguros de que con esta obra estamos construyendo una cultura a favor de la dignidad y felicidad de la persona y del bien común de la sociedad.

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