Berlusconi intenta recomponer la derecha italiana

España · PaginasDigital
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14 marzo 2015
Esta semana hemos conocido la noticia de que Silvio Berlusconi, líder de Forza Italia y y tres veces Primer Ministro del país transalpino, ha sido definitivamente absuelto del llamado caso Ruby, en el que estaba siendo juzgado por una posible prositutución de menores y abuso de poder. La confirmación de esta absolución, que ya tuvo una primera sentencia favorable en octubre pasado, junto con el final de su condena a trabajos sociales que ha llevado a cabo durante un año en un geriátrico, deja a Berlusconi con las manos totalmente libres para poder retornar a la primera línea política, todo ello sin olvidar que sigue teniendo más juicios pendientes. Una vez roto el Pacto del Nazareno, Berlusconi forma ya parte de la oposición de Renzi, y ahora intentará recomponer una maltrecha derecha italiana que es una sombra de aquella con la que ganó de manera apabullante las eleccilones generales de 2008.

Y no va a resultar nada fácil, ya que en esos siete años transcurridos han pasado demasiado cosas como para que Berlusconi no puede resentirse de ello. En primer lugar, ha pasado de ser un hombre de poco más de setenta años a prácticamente un octogenario, con lo que, para un hombre que vive en parte de su imagen (ampliamente difundida en sus televisiones), ahora ya difícilmente podrá dar imagen de frescura y renovación. Y menos aún cuando sus dos principales rivales políticos (Matteo Renzi por el Partido Democrático y Matteo Salvini por la Liga Norte) son casi cuarenta años más jóvenes con él. Con razón decía Renzi que a Berlusconi no había que eliminarle de la vida pública, sino, sencillamente, jubilarle.

Por otra parte, su partido ya no es el que era. Ni tiene ya como aliados a la Liga Norte (que con Salvini ha cambiado radicallmente su discurso frente al que tenía Umberto Bossi, socio de tantos años de gobierno de Berlusconi) ni a la Alianza Nacional (con un Gianfranco Fini temporalmente retirado de la política aunque ya ha avisado de su intención de volver a esta). Para colmo, a finales de 2013 su partido sufrió una brutal escisión con la marcha de su delfín, Angelino Alfano, quien, tras fundar su propio partido (el Nuovo Centrodestra) se llevó con él a un importante número de diputados y senadores (más de cincuenta entre ambas cámaras). Y eso que Alfano no es realmente rival para Berlusconi, porque, a pesar de ser también mucho más joven, en las elecciones europeas de mayo de 2014 solo logró poco más del 4% de los votos. Por eso no resultaría de extrañar que en algún momento Alfano recompusiera relaciones con Berlusconi, aunque de momento solo se centran en insultarse públicamente.

Además, Matteo Renzi, un político que ha demostrado ser extraordinariamente habilidoso (como pudo comprobarse con la elección de Sergio Mattarella para la presidencia de la República), le ha quitado el discurso político. Al bajar impuestos y recortar el gasto público, que es lo que le gusta a la derecha italiana, Berlusconi difícilmente puede criticarle. Y en política internacional tampoco puede decirle nada, ya que Renzi, al igual que él, mantiene buenas relaciones con las instituciones europeas al tiempo que sigue trabajando la colaboración con Vladimir Putin, Presidente ruso, quien ya se distinguió por su amistad con Berlusconi.

Pero el exPrimer Ministro italiano necesita seguir influyendo en política, sea como sea. Como siempre sucedió desde el inicio de su andadura política, teniendo siempre un doble objetivo: por un lado, favorecer a sus empresas; por otro, y todavía más importarse, parapetarse tras las instituciones de la acción de la Justicia italiana (esas ´togas rosas´ (término suyo) a las que tanto odia). Por eso no cede el mando del partido a nadie, por más que Raffaelle Fitto lo intente una y otra vez. En realidad, el partido de Berlusconi, como otras formaciones políticas italianas, está plagada de mediocres que en la mayoría de los casos son antiguos empleados de sus empresas (presentadores, bailarinas, etc.). Sin embargo, la realidad es que Berlusconi ya no tiene edad para encabezar ningún cartel electoral, sino para presidir la República italiana, lo que jamás sucederá en alguien que tanto divide a la sociedad italiana. Pero también es cierto que ha demostrado que es capaz de reinventarse mil y una veces, y que, aunque le han dado por muerto en muchas ocasiones, ha seguido mandando en la política italiana de una u otra manera: la última vez, apoyando a Renzi en su acción de Gobierno (febrero de 2014-enero de 2015). Veremos si ahora Berlusconi es capaz de volver a ser el que era o definitivamente su ocaso resulta total e inevitable.

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