Benedicto XVI en Cuba: mensaje de renovación

Mundo · G.O.
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27 marzo 2012
El Papa Benedicto XVI «está abordando hoy las cuestiones a medio plazo, no aquellas a corto plazo», explica el obispo Luis del Castillo S.J. -un obispo jubilado que ahora trabaja en Santiago de Cuba- en un comentario sobre el discurso que dio el Papa al llegar al aeropuerto y sobre su homilía de la misa en su primer día en la isla.

«Está diciéndole a la Iglesia que debe estar unida, (que debe) profundizar su fe en Cristo e involucrarse más en la sociedad cubana», y «está pidiéndole a las autoridades cubanas que den espacio a la Iglesia para que dé su contribución a la sociedad para el bien de todos», dijo el obispo jesuita, que anteriormente estaba a cargo de una diócesis en Uruguay.

El obispo comentó que le causó particular impresión la invitación de Benedicto XVI a los católicos para que revitalicen su fe «de modo que podáis vivir en Cristo y por Cristo» y «armados de paz, perdón y comprensión; que podáis luchar para construir una sociedad renovada y abierta, una sociedad mejor, una humanidad más digna y que refleje mejor la bondad de Dios».

«Esperábamos que el Papa fortaleciera los cambios dentro de la Iglesia católica en Cuba y en la sociedad cubana en conjunto, y eso es lo que está haciendo», agregó.

El obispo Del Castillo explicó: «El Papa está pidiéndole a la Iglesia cubana que vuelva a poner a Dios en el mercado»; «espera que los católicos trabajen por la paz, el perdón, la comprensión y la reconciliación en la sociedad cubana» y «que construyan una sociedad abierta, una sociedad mejor, más humana», y les recuerda que «para que el mundo sea más humano, no puede dejar fuera a Dios».

El obispo señaló el modo en que el Papa había indicado que «uno de los frutos importantes» de la histórica visita de Juan Pablo II en 1998 «fue la inauguración de una nueva fase en la relación entre la Iglesia y el Estado en Cuba, en un nuevo espíritu de cooperación y confianza, aunque aún queden muchas áreas en las que se debe progresar, especialmente en lo concerniente a la contribución pública indispensable que la religión está llamada a aportar a la vida de la sociedad».

Monseñor Del Castillo dijo que es claro que el Papa Benedicto espera que haya «una mayor cooperación y confianza entre el Estado y la Iglesia en Cuba» y, en particular, «espera que el Estado permita una mayor presencia y participación de la Iglesia en la construcción de una sociedad mejor para todos los cubanos».

Hasta el momento, dijo el obispo Del Castillo, «el sector privado no ha estado activo en el desarrollo local ni nacional, porque la creación, la planificación y la organización son manejadas en su totalidad por el Estado», pero resulta claro de las palabras del Pontífice que este espera que en los próximos meses y años la Iglesia «sea aceptada y pueda participar en esta generación de ideas nacional sobre diferentes aspectos de la construcción de una sociedad más cercana al bienestar de todas las personas».

En términos concretos, dijo que el Papa espera que la Iglesia «pueda estar presente y activa» en áreas como la educación, la salud, el cuidado de los enfermos y de los ancianos, el desarrollo económico y la capacitación de los trabajadores, especialmente los nuevos trabajadores independientes, como los pequeños empresarios.

Esto también significaría «que la Iglesia pueda estar activa en las áreas rurales, de modo de desarrollar la capacidad de los campesinos de mejorar la calidad y la cantidad de sus producciones en un contexto de escasez de alimentos». Implicaría también «la promoción de asociaciones de pequeños campesinos en cooperativas», como las defendidas por el difunto obispo Claret de Santiago de Cuba a fines del siglo XIX.

Del Castillo, que estuvo presente durante la visita de Juan Pablo II y que ha trabajado en una parroquia en Santiago de Cuba desde el 2010, dijo que las palabras del Papa deberían ser vistas en el contexto de dos acontecimientos: el primero, el discurso pronunciado por el presidente Raúl Castro ante el Parlamento cubano el 1 de agosto del 2011, que reflejó un cambio claro en la actitud tradicional del Gobierno hacia la religión; y el segundo, la reacción del pueblo cubano ante la procesión de la estatua de la Virgen de la Caridad por el país en preparación de la celebración del 400º aniversario de su hallazgo.

«La gente dice que la Iglesia católica está demasiado cerca de Raúl Castro; pero, en realidad, es al revés: Raúl Castro se está acercando a los grupos religiosos», dijo el prelado jesuita.

El obispo recordó que Raúl Castro había visitado la sinagoga y se había reunido con varios grupos evangélicos, pero destacó que todo esto no llega a los titulares como su presencia en la apertura del seminario en La Habana y sus discusiones con el cardenal Ortega, que llevaron a la liberación de los prisioneros.

«(Raúl Castro) se está acercando a los grupos religiosos, y creo que está convencido de que la oposición a la religión manifestada en Cuba y en todo el mundo no beneficia al país y ni siquiera a la revolución, por lo que está intentando revertir esta tendencia histórica. Y esta nueva actitud es más visible en relación con la Iglesia que está organizada en todo el país», afirmó monseñor Del Castillo.

Al mismo tiempo, dijo que el llevar la estatua de la Virgen por todo el país ha producido una manifestación de emoción y fe tal que fue realmente impresionante ver a todos los cubanos unidos alrededor de este icono, que ha sido una fuente de cohesión en la sociedad, especialmente desde la independencia. «Este es un símbolo que muestra el camino y da esperanza para la reconciliación y para un futuro mejor para todos los cubanos».

Monseñor Del Castillo dijo que la visita de Benedicto XVI tiene lugar en este contexto, y sus palabras en el aeropuerto y en la misa muestran que «apoya tanto al Gobierno como a los obispos en esta nueva fase de desarrollo y comprensión, pidiendo tanto una mayor participación por parte de la Iglesia como una mayor apertura por parte del Gobierno para aceptar su contribución para el desarrollo de los valores humanos y los derechos humanos en un momento en el que existe una gran inestabilidad en el mundo».

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