Alemania vuelve a ser una gran potencia

Mundo · Robi Ronza
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1 junio 2017
Viendo cómo se está preparando la Alemania de Angela Merkel para el encuentro anual del G20 previsto en Hamburgo los días 7-8 de julio, me viene a la memoria el histórico llamamiento, también en Hamburgo, de Thomas Mann en 1953, en su famoso discurso a los estudiantes del ateneo de la ciudad. Un llamamiento a no lugar ya “por una Europa alemana, sino por una Alemania europea”.

Viendo cómo se está preparando la Alemania de Angela Merkel para el encuentro anual del G20 previsto en Hamburgo los días 7-8 de julio, me viene a la memoria el histórico llamamiento, también en Hamburgo, de Thomas Mann en 1953, en su famoso discurso a los estudiantes del ateneo de la ciudad. Un llamamiento a no lugar ya “por una Europa alemana, sino por una Alemania europea”.

Al menos durante tres siglos, pero con una trágica culminación en el siglo pasado, Europa se ha enfrentado al problema objetivo de Alemania. Bien entendido, no es culpa de nadie que Alemania sea con mucho el más poblado de los principales países de la Europa continental, con más de 81 millones de habitantes. No es culpa de nadie, pero es mérito de los alemanes, que la suya sea la principal economía del continente, y que a su centralidad económica también se pueda añadir su centralidad geográfica. Esta suma de circunstancias es sencillamente un dato de hecho, pero del cual derivan consecuencias que hay que tener en cuenta. Demasiado frenada en su onda expansiva, en el siglo XX Alemania digamos que perdió la cabeza hasta provocar dos guerras mundiales y mancharse con el histórico crimen del nazismo. Pero encerrarla en una jaula terminó siendo una empresa no solo injusta sino también imposible y sin sentido. ¿Pero cómo darle espacio solo en la medida justa para no derivar en desequilibrios catastróficos tanto a nivel económico como político?

Después de su desastrosa derrota en la segunda guerra mundial y su consiguiente reparto entre los vencedores (tres cuartas partes para los aliados y una para la Unión Soviética), y bajo el bloqueo de la guerra fría, aparte de ser más pacífica la segunda de las dos alternativas propuestas por Thomas Mann tenía la ventaja de ser la única posible. Acabada, después de más de 25 años, la guerra fría y fuera de escena la generación que luchó bajo la bandera de la Alemania nazi, en el renacer del sueño hegemónico de la “Europa alemana” ya no hay obstáculos objetivos, ni geopolíticos ni psicológicos. Llegados a este punto, la opción ya no es obligada y por tanto debe ser eventualmente consciente.

Con el fin del atlantismo, es decir de un status quo bajo la égida norteamericana, vuelven a florecer en Alemania muchas cosas que desde hace décadas parecían estar sepultadas para siempre. En esta perspectiva se sitúan el redescubrimiento de Asia y el apoyo activo al desarrollo de la rama más septentrional de la “nueva ruta de la seda” que China está promoviendo y financiando. Lo que se espera es un replanteamiento de las relaciones internacionales prometedor pero nada fácil. En su gran proyecto de reapertura del antiguo itinerario terrestre y mediterráneo euroasiático, que las potencias noratlánticas había marginado durante siglos, China pretende dejar fuera a India. El encuentro en Berlín entre la canciller Merkel y el primer ministro indio Narendra Modi pone sobre la mesa el hecho de que en estos nuevos escenarios conviene tener en cuenta también a la India. Condicionada por el ambientalismo “verde”, que en Alemania es muy fuerte (y siempre está dispuesto a volver a emerger políticamente), la canciller mira hacia el G20 de Hamburgo con la intención de poner frente a Trump a China y la India, en defensa de los acuerdos climáticos firmados en París en 2015. Acuerdos que en realidad son bastante vagos e inciertos y que China e India firmaron sobre todo para no estar en el bando de los “malos”. Tanto para los USA de Trump contrarios como para los favorables, los acuerdos de París son en primer lugar una bandera que ondear por motivos que le exceden. Porque, por una y otra parte, existe el riesgo de que en Hamburgo se libre una batalla sobre nada.

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