Amaya Varcárcel, del Servicio Jesuita a Refugiados

´Acoger a un refugiado te cambia´

Mundo · R.I.
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9 septiembre 2015
“Si fuera usted con su hijo en los brazos y viera cómo el mundo se hunde a su alrededor no habría muro que no saltase ni mar que no atravesase para huir de la barbarie del Estado Islámico”. Con estas palabras presentaba este miércoles el presidente de la Comisión Europea, el socialcristiano luxemburgués Jean-Claude Juncker, su plan de acogida de refugiados. Amaya Varcárcel del Servicio Jesuita a Refugiados, lleva años trabajando con los refugiados. Y tiene experiencia de lo que supone acogerlos.

“Si fuera usted con su hijo en los brazos y viera cómo el mundo se hunde a su alrededor no habría muro que no saltase ni mar que no atravesase para huir de la barbarie del Estado Islámico”. Con estas palabras presentaba este miércoles el presidente de la Comisión Europea, el socialcristiano luxemburgués Jean-Claude Juncker, su plan de acogida de refugiados. Amaya Varcárcel del Servicio Jesuita a Refugiados, lleva años trabajando con los refugiados. Y tiene experiencia de lo que supone acogerlos. El Servicio Jesuita a Refugiados es una organización que trabaja en más de 50 países, con la misión de acompañar, servir y defender los derechos de los refugiados y desplazados forzosos.

Se asegura que estamos ante la mayor crisis de inmigración y de refugiados desde la II Guerra Mundial. ¿Es cierto? ¿Cuál es la verdadera situación?

Estamos ante una crisis global de refugiados, con 60 millones de personas fuera de sus países o comunidades de origen. De estos, la mayoría son desplazados internos, personas que escapan de su pueblo o ciudad pero no cruzan una frontera internacional. Para las agencias humanitarias es mucho más difícil trabajar en estos contextos de desplazamiento interno por la inseguridad. Un claro ejemplo es Siria. Mi organización está presente en Damasco, Homs y Alepo, en circunstancias muy difíciles. Pero vemos que la gente que escapa de ahí y llega a Europa tiene razones suficientes para ser considerada refugiada y acogida con dignidad. Desde un punto de vista de derecho internacional, los países de acogida deben otorgarles el estatuto de refugiados y no deportarlos.

La Comisión fracasó en su intento el pasado mes de julio de asignar cuotas obligatorias de refugiados. Va a tener lugar una nueva cumbre el próximo 14 de septiembre. ¿Qué sería necesario para que de esa cumbre saliera un acuerdo que estuviera a la altura de las circunstancias?

Desde el Servicio Jesuita a Refugiados estamos pidiendo desde hace varios años que sea abran canales seguros y legales para que la gente que escapa de guerras y persecución pueda acceder a Europa de manera digna. Proponemos distintos mecanismos: que se flexibilice y agilicen los visados, es decir que no haya trabas para que un sirio que pide un visado en Líbano, pueda acceder a él y viajar legalmente a un país europeo. También solicitamos que se otorguen visados humanitarios para que la gente salga de sus países de forma ágil y puedan pedir asilo en un país seguro. La tercera propuesta es la interpretación más amplia de reunificación familiar. Hay mucha gente que tiene parientes en Europa: tíos, primos, y no solo hijos o padres, y que podrían ser bien acogidos e integrados. Y por último, el sistema de cuotas ayudaría a traer a los refugiados más vulnerables: familias con hijos pequeños, mujeres solas, gente mayor.

Alemania dice estar dispuesta a acoger a 800.000 refugiados pero pide al resto de países más esfuerzo. ¿Qué esfuerzo sería necesario?

Acceso al territorio de forma segura y legal para salvar vidas, según he explicado anteriormente. Acceso a sistemas de asilo más expeditivos. Políticas de integración y acogida por parte de la sociedad civil. En Francia tenemos un programa “Welcome Project” donde familias e individuos acogen a refugiados durante un periodo de un mes. Esta experiencia cambia la percepción de lo que es un refugiado y también del mundo en que vivimos.

El acuerdo de Dublín establece que los refugiados deben pedir asilo allí donde llegan. Pero eso no se está cumpliendo. ¿Qué solución sería más eficaz?

Suspender o más bien abolir Dublín, no tiene sentido que los países del sur de Europa tengan que acoger a tanta gente. Dublín es contrario a la solidaridad europea y al reparto de responsabilidades. Pero vemos que está habiendo un movimiento positivo hacia su suspensión.

¿Cómo valora la posición de los países del Este ante la llegada de los refugiados?

No pueden poner barricadas y cerrar fronteras. Estos países no tienen experiencia de inmigración pero han de entender lo que es un refugiado. Estas personas no pueden volver atrás porque volverían a las bombas o a países de tránsito como Líbano o Jordania donde viven hacinados y con pocos derechos. En Líbano, el 25% de la población es refugiada. Extrapolando esta cifra a Europa, hablaríamos de 145 millones de refugiados.

Unos aseguran que la llegada de refugiados y de inmigrantes pone en peligro nuestra civilización, otros que refugiados e inmigrantes son la solución para el problema del envejecimiento de Europa. ¿Qué es más cierto?

Creo que no hay marcha atrás a los movimientos de población. Tenemos que ver el lado positivo de la integración cultural y también estar abiertos a cambiar nuestro estado de bienestar como prioridad por la apertura hacia quien viene de países con menos posibilidades de prosperar.

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