U2: Del dolor nace el canto

Una vez le escuché a un amigo decir que, en una entrevista, a la Madre Teresa de Calcuta le dijeron: «Dios no ha hecho nada por los niños que se mueren de hambre en África» y ella le contestó al periodista «¿Dios no ha hecho nada por ellos? Pero si nos ha creado a usted y a mí». Pues, delante de un mundo que parece cada vez más inflamable: la guerra que no cesa en Ucrania, el conflicto en Medio Oriente, las dictaduras que azotan al mundo, las persecuciones por distinta naturaleza, Trump, el ICE y sus bombardeos, podríamos pensar, ¿qué nos ha dado Dios ante tanta violencia? Y la respuesta podría ser, a ti, querido lector, a mí, y a la banda de Bono.
U2 ha sido siempre reconocida por ser un grito de paz ante los conflictos del mundo. La famosa canción «Vértigo» nace de eso, como muchas otras. Así también ha nacido su nuevo EP Days of Ash (Días de ceniza) lanzado al público en las distintas plataformas de música el 18 de febrero de 2026, miércoles de ceniza en el calendario cristiano. Seis canciones nuevas en el repertorio de la banda irlandesa que son precisamente eso: un grito contra un mundo atravesado por la violencia.
«American Obituary», la primera, se rebela ante el asesinato de Renee Good, ciudadana norteamericana que murió a manos del ICE en Minnesota. «Tears of Things» cuenta la conversación entre Miguel Ángel y su David, quien asegura no querer participar en la violencia a pesar de estar frente a Goliat. «Songs of the Future» homenajea a Sarina Esmailzadeh, una estudiante iraní que fue asesinada a golpes por los esbirros del régimen de los Ayatollahs cuando salió a protestar en 2022. «Wildpeace» es un poema de Yehuda Amichai, poeta israelí, leído por el artista nigeriano Adeola. «One Life at a Time» habla de Awdah Hathaleen, un profesor palestino asesinado en Gaza. Y finalmente, «Yours Eternally», con la participación de Ed Sheeran, es un himno de esperanza ante los cuatro años de guerra en Ucrania.
Parecería que seis canciones son poca cosa delante del mundo que tenemos entre manos. Un mundo en llamas y cada vez más envuelto en conflictos bélicos. Sin embargo, cada vez que pasa algo de esta naturaleza, me acuerdo de una profesora en la universidad que, cuando supo de la invasión rusa en Ucrania, cuando estalló la guerra, entró en el aula y nos preguntó: ¿Qué sentido tiene venir a dar clases hoy?
Esta pregunta hay que hacerla nuestra hoy y todos los días. ¿Qué sentido tiene hacer lo que hacemos en un mundo que parece que está al borde del abismo? ¿Qué sentido tiene seguir con esperanzas de paz en un mundo cada vez más violento? ¿Qué sentido tiene seguir creyendo en un mundo mejor contra todo pronóstico? ¿Qué sentido tiene seguir creando cuando el mundo está en llamas?
Cada quien ha de responder estas preguntas como pueda, delante de lo que cada uno tiene entre manos. Bono, The Edge, Adam Clayton y Larry Mullen Jr. contestaron como lo haría Jesús Montiel en su libro Sucederá la flor. Dice Montiel que «el dolor me ha dado el canto» y para U2 ha sido igual. Ante los conflictos en Medio Oriente, recuerdan nombres y rostros concretos. Ante la violencia en EEUU, hablan de una de las víctimas. Ante la violencia que parece justificada —David contra Goliat— dicen no ver nada «sagrado» en el combate. Ante la guerra de Ucrania, no solo contactan a un cantante ucraniano para colaborar con él (Taras Topolia), sino que se lanzan al frente a grabar las vidas de los soldados, a documentar a hombres y mujeres que no nacieron con la idea de ser militares, a dejar estas imágenes en un video musical pero que sí nacieron con el amor por su tierra en el corazón.
Si me preguntan qué me dio Dios ante tanta violencia, les diría que me dio un soldado cantando y tocando una guitarra frente a una fogata, rodeado de los suyos. Me dio unos militares oficiando una misa en condiciones paupérrimas. Me dio un David que le habla a su creador y le pregunta por el sentido de la violencia. Me dio a un poeta israelí y a un profesor palestino unidos por la música. Me dio nombres de mujeres cuyas muertes hacen emerger en mí toda mi exigencia de justicia. Me dio una banda de cuatro músicos que, ante el dolor, antes que el silencio, optaron por el canto.

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