Receta Merkel: trabajar mejor

Mundo · Fernando de Haro
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3 febrero 2011
A Merkel le han bastado un par de frases para dejar claro que las últimas reformas de Zapatero son insuficientes. Las palabras de la canciller aplaudiendo los últimos cambios en su vista fugaz a Madrid han estado acompañadas de dos cargas de profundidad. La primera: no se puede gastar más de lo que se ingresa. La segunda: España es poco competitiva, los salarios no pueden seguir subiendo con nuestra baja productividad.

Lo de gastar más de lo que ingresamos se ilustra con los datos de deuda privada, sin hablar de la deuda pública. Al cierre de 2010 la deuda de las familias era de 900.418 millones, casi el 100 por 100 de nuestro PIB. Sólo se ha reducido el 0,3 por ciento respecto a 2009. Otro dato: el crédito concedido por la banca al sector inmobiliario excede el billón de euros. La gran pregunta es qué agujero se esconde debajo de esa alfombra.

En cuanto a la capacidad competitiva, Fedea y McKinsey acaban de publicar el estudio "Agenda de crecimiento para España" (http://www.crisis09.es/agenda/20101201_Agenda.pdf). Deja las cosas bastante claras sobre la evolución de nuestra productividad, que desde 1995 ha experimentado una continua erosión. Sólo hubo una mejora al comienzo de la crisis por la destrucción de empleo poco productivo. No ha mejorado la productividad, aumenta la brecha con Europa y eso es lo que hace insostenible nuestro sistema del bienestar. ¿A qué se debe esa mala evolución? El 50 por ciento del diferencial con Europa se debe a que nuestros sectores son poco productivos, el caso claro es el de la construcción. Pero el otro 50 por ciento es consecuencia de que los sectores más productivos lo son menos que los europeos.

España es el segundo país de los que componían la Unión Europea antes de la gran ampliación que menos ha incrementado su productividad en el período 1999-2008. Y ha sido el segundo que más ha incrementado sus costes laborales por unidad producida en ese tiempo: un 33 por ciento. Dicho de otro modo, somos caros. Para mejorar la productividad habrá que invertir más en capital que mejore la competitividad, reducir costes laborales y muchas otras cosas más. Pero el problema cultural no nos lo quita nadie. Habrá que aprender a trabajar de nuevo para hacerlo mejor. Y eso es imposible sin recuperar el sentido y el amor por el trabajo.

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