Entrevista José María Gil-Robles

´Si los partidos asumen cotas de poder propias de la sociedad civil es porque esta es anémica´

España · Ángel Satué
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17 abril 2015
José María Gil-Robles es jurista y político. Nacido en 1935, vivió en el exilio de Estoril, con su familia, hasta que volvió a España. Ingresó en el Cuerpo de Letrados de las Cortes Generales en 1959 y comenzó su actividad política durante el franquismo dentro de la formación Democracia Social Cristiana. Fue elegido diputado al Parlamento Europeo como independiente en 1989, siendo su presidente desde el 14 de abril de 1997 al 19 de julio de 1999. Siguió siendo eurodiputado hasta 2004. Es afiliado del Partido Popular desde 1990.

José María Gil-Robles es jurista y político. Nacido en 1935, vivió en el exilio de Estoril, con su familia, hasta que volvió a España. Ingresó en el Cuerpo de Letrados de las Cortes Generales en 1959 y comenzó su actividad política durante el franquismo dentro de la formación Democracia Social Cristiana. Fue elegido diputado al Parlamento Europeo como independiente en 1989, siendo su presidente desde el 14 de abril de 1997 al 19 de julio de 1999. Siguió siendo eurodiputado hasta 2004. Es afiliado del Partido Popular desde 1990.

Los partidos políticos en España han asumido cotas de poder, no ya en las instituciones sino en el propio tejido social, que peligrosamente nos acercan a un régimen partitocrático. Desde un punto de vista liberal-conservador es evidente que no es algo deseable. En el nivel europeo, que usted conoce tan bien, ¿podría llegar a pasar esto dado que es inexistente una opinión pública europea, o no digamos un pueblo europeo, que puedan actuar de contrapeso?

Los partidos políticos son esenciales para el buen funcionamiento de la democracia. Si en España estos asumen cotas de poder que debían responder a la sociedad civil es porque esta es anémica, no por culpa de los partidos sino porque muchos ciudadanos no quieren asumir su responsabilidad sino que el poder les resuelva todos sus problemas. Cuarenta años de régimen autoritario tienen unos efectos que no se desvanecen así como así. En el nivel europeo eso no pasa porque precisamente la multiplicidad y variedad de opiniones públicas y la mayor tradición democrática de los países más influyentes lo impide. Pero riesgo de partitocracia siempre hay y solo se combate con una educación ciudadana y el ejercicio de la democracia.

Como dijo Madariaga, parte de Europa ya tuvo antes una unión monetaria en los primeros años del siglo XX y las personas podían circular libremente por Europa. Ahora, de nuevo, esto sucede en Europa, pero ¿existe el riesgo de darlo por hecho, de no dar razones para un compromiso europeo? ¿Qué razones serían estas que evitarían una involución?

La diferencia con la época a que se refería Madariaga es que el actual proceso de integración se hace con instituciones comunes con poder directo sobre los ciudadanos y en representación de estos, y que viene exigida por la evolución del mundo. En un mundo globalizado ninguna nación europea viviría mejor sola.

Muchos europeos temen, por un lado, una Europa abierta, diversa, multiétnica, multirreligiosa… En definitiva, existe miedo a los retos del nuevo mundo global. ¿Cómo puede el europeo de hoy recuperar la confianza en sí mismo, en sus conciudadanos y ver en ellos un bien?

El miedo a la libertad solo se supera ejerciéndola y palpando que los bienes que trae son superiores a los males. Para ello hay que ser optimista, estar abierto a lo nuevo, al futuro.

A primeros del siglo XX uno de cada cuatro habitantes de La Tierra era europeo. En pocos años, solo seremos 1/6 de la población mundial. ¿Qué forma político-administrativa debería adoptar Europa en este mundo interdependiente e hiperconectado?

Evidentemente la de una federación, que es la que mejor responde a su característica que es la unidad en la diversidad y también la más acorde con las exigencias de un gobierno multinivel que es el que requiere un mundo cada vez más complejo.

¿Qué le movió a usted a entrar en política y a cooperar con otros europeos en la construcción de Europa?

La convicción de que para España la democracia y la incorporación a la Unión Europea eran las dos caras de una misma moneda y que ambas resultaban indispensables para nuestra patria. Es una convicción generacional.

Hace años, se estudiaba que la montaña más alta de Europa era el Montblanc. Ahora parece ser que es el monte Elbrús, cercano a la frontera de Georgia. Turquía, Israel, Suiza, Noruega, Marruecos, Georgia, Ucrania… ¿Dónde cree que está realmente Europa?

La Gran Europa la forman los cuarenta y tantos países representados en el Consejo de Europa. Pero la Unión Europea ya ha llegado a sus límites razonables, que son el Mediterráneo por el sur y la actual frontera que va desde Finlandia a Bulgaria por el este.

Mis hijas de 4 y 2 años me harán algún día esta pregunta: ¿por qué la Unión Europea? ¿Podría anticiparles la respuesta?

La respuesta ha de ser la misma que cuando le pregunten ¿por qué España?

¿Qué puede aportar el humanismo cristiano al proceso constituyente europeo cuando toque?

El humanismo cristiano ha inspirado desde el principio el proceso constituyente europeo, que se basa en la colaboración en lugar de la guerra, el perdón frente al rencor. Por eso, los tres gobernantes que pusieron en marcha el proceso –Schuman, Adenauer y De Gasperi– fueron democratacristianos y ha sido el Partido Popular Europeo, el de los democratacristianos, el que más firme y constantemente ha impulsado la Unión. El humanismo cristiano no es algo que hay que añadir al proceso de unificación europea, es su esencia. Ya es hora de que cierta derecha integrista, que solo piensa en las formas, se dé cuenta.

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