15-F, en riesgo el futuro de la democracia

Mundo · PaginasDigital
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13 febrero 2009
Faltan sólo dos días para el 15 de febrero, día del referéndum constitucional. Y Venezuela, como ha sido en estos últimos 10 años, se encuentra cada vez más polarizada políticamente entre los incondicionales de Chávez y el resto de la sociedad civil, que se opone a la reforma para la reelección indefinida. La tensión está por las nubes, los sondeos se alternan con una mínima diferencia que oscila a favor de cada una de las partes, lo que ocasiona un clima electoral efervescente. El temor de perder la elección ha hecho que el Gobierno no sólo haya negado una manifestación del movimiento universitario para el 13 de febrero, luego de la exitosa marcha de la oposición el sábado 7 de febrero, sino que ha negado la entrada al país del Premio Nobel de la Paz, el ex presidente polaco Lech Walesa, que tenía planificado un encuentro este mismo viernes 13.

En diez años de chavismo electoral no se había visto una campaña política de tanta magnitud, radical y violenta. Una campaña donde el discurso cargado de odio del presidente Chávez ha ocasionado actos de violencia: dos contra la Nunciatura Apostólica y una contra la Sinagoga de Caracas. La campaña política a favor de la reelección es verdaderamente imponente. Nunca hasta ahora se había visto un uso tan desproporcionado de los recursos públicos, por parte del Gobierno, para una campaña electoral. Chávez sabe muy bien que el 15 de febrero puede ser su última ocasión de cambiar la Constitución. Es increíble ver cómo se chantajea de manera directa a los 900.000 trabajadores públicos, quienes deben realizar turnos para promover la campaña por el SÍ utilizando su horario de trabajo. Eso sin contar con las presiones que reciben sus familiares y empresas contratistas del Estado para apoyar la campaña del SÍ.

La crisis económica está comenzando y los bajos precios del petróleo presionarán a Chávez, en los próximos meses, a tomar medidas económicas impopulares. PDVSA, la empresa petrolera venezolana y único motor económico de la revolución, se encuentra en pésimas condiciones económicas. No sólo en diez años ha perdido más de un millón de barriles diarios de producción, sino que hoy tiene el riesgo de una implosión bajo el peso de las deudas a partir de contratos establecidos con empresas americanas y ucranianas. Deudas que ascienden a más de 150 millones de dólares.

La imponente manifestación del sábado pasado, organizada por el Movimiento Estudiantil, partidos de oposición y diversas organizaciones de la sociedad civil, ha mostrado la participación de casi un millón de venezolanos en Caracas. Una manifestación convertida en símbolo de esperanza para un pueblo que quiere a toda costa defender la democracia en su país. La manifestación partió desde Petare, el barrio pobre más grande de toda Latinoamérica, recorrió las calles de Caracas terminando en la Avenida Libertador, tope puesto por el Gobierno para que no llegara al centro de la ciudad. Casi un millón de personas de todas las clases sociales han querido reivindicar que el NO de ahora es el mismo que rechazó la propuesta de reforma del 2 de diciembre del 2007.

El futuro de los próximos años en Venezuela dependerá mucho del resultado de este domingo. Si Chávez pierde se abre un compás de alternativas impredecibles, que dependerán por una parte de cómo se comporte y maneje la oposición, y por otra de la fragmentación interna del chavismo y los apetitos de los sucesores al ver a su líder en caída. Y además está claro, y ya avisado por el mismo Chávez, que seguirá intentando enmiendas, asambleas constituyentes, etc. para que el proyecto del "Socialismo del Siglo XXI" siga adelante. Escenario de confrontación y elecciones que colocará una cortina de humo, cada vez más débil, sobre los problemas del país. Si Chávez gana, habrá que ver cómo se encarga, después de 10 años perdidos, de los problemas reales del país, como por ejemplo la inseguridad y la crisis económica en puertas, para así llegar al 2012 en condiciones que le permitan salir victorioso.

Lo que nos queda claro es que, sea cual sea el resultado, como católicos, estamos llamados a ser protagonistas desde el voto hasta el trabajo de construcción de un tejido social que empieza a nacer. El diálogo con las autoridades locales, que de verdad se están preocupando de los problemas de las personas e involucrándolas en ellos, será muy importante. La política nos interesa, nos apasiona y nos lanza a una caridad hacia el prójimo, pero la Esperanza la tenemos puesta en algo más grande: en Cristo. Para nosotros las circunstancias, más o menos favorables, son signos que nos llaman en cada instante a comprometernos con toda la realidad.

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