Zapatero puede perder con Obama

Mundo · Fernando de Haro
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5 noviembre 2008
Zapatero pierde un "aliado" con la salida de Bush de la Casa Blanca y no está claro que lo gane con la llegada de Obama. A partir de enero podremos empezar a comparar políticas reales y no políticas virtuales. Era previsible. En Moncloa el presidente del Gobierno ha presentado la victoria del senador de Illinois como la victoria de su modo de ver las cosas: "Obama tendrá en España y su Gobierno un amigo y aliado fiel. Quiero que trabajemos juntos (...). Mi satisfacción por la forma de entender la proyección internacional de EEUU de Obama".

Gran parte del zapaterismo se ha construido virtualmente como una reacción a la llamada "revolución conservadora", encarnada o atribuida a Bush. En realidad el zapaterismo cultural y político construye un Bush virtual con los grandes errores y el esquematismo del primer mandado, con la influencia de los ideológicos neoconservadores, más dispuestos a imponer un esquema que a atender a la complejidad de un mundo en el que el terrorismo islamista ha cambiado las reglas de juego. Sobre el Bush de Donald Rumsfeld y no sobre el Bush de la multilateral Condolezza Rice se ha construido en España la imagen de un diablo conservador que le ha sido muy útil al nuevo socialismo radical. Ha sido muy útil para destruir buena parte de la memoria positiva de Aznar. El hombre que llevó al PP al Gobierno cometió el gran error de identificarse sin fisuras con la peor política internacional del peor Bush. Suficiente para que el zapaterismo hiciera olvidar sus éxitos en la gestión económica, su capacidad de liderar unos de los períodos más creativos y dinámicos de la sociedad española.

El segundo mandato del republicano ha servido como coartada para que Zapatero "estirara" la ventaja de presentarse como una alternativa a ese  mundo de oscuras sombras de una derecha inadmisible. En otro ámbito muy diferente Bush, y sobre todo el movimiento social y religioso, que propició sus dos victorias, ha sido importante para España. Buena parte del antizapaterismo considera a la "revolución conservadora", la "nueva revolución americana" la llaman, como un referente. Es una simpatía no sólo hacia la capacidad que los "teocon" y los "neocon" tuvieron para influir en el poder, el sentimiento de afinidad en algunos casos se extiende incluso hacia la sensibilidad del "Cinturón Bíblico", donde el protestantismo se hace más hermético, donde está menos dispuesto a someter a la verificación de una sociedad plural su visión del mundo. No es casualidad que en el ámbito cultural haya sectores que se identifican con fenómenos como el "creacionismo", a pesar de su falta de racionalidad. Bush saldrá el próximo 20 de enero de la Casa Blanca y sale con él el sueño de una "revolución conservadora" que confía demasiado en la capacidad que tiene la política para frenar el avance del nihilismo. Una revolución que a menudo anhela la vuelta a mundo perdido, que piensa ingenuamente que el poder sirve para defender valores y principios, cuando en realidad sólo es útil una lenta reconstrucción de lo humano a través de la experiencia y el testimonio.

Zapatero pierde un "aliado" con la salida de Bush y no está claro que gane un aliado con Obama. Ahora empieza la política real. El senador de Illinois dejará pronto de ser una incógnita. Aunque ha prometido una salida de las tropas de Iraq, no lo va a llevar a cabo como la hizo Zapatero, lo que pondrá en evidencia aún más lo inadecuada decisión que tomo el presidente del Gobierno de España. Aunque ha prometido diálogo con los regímenes populistas de Latinoamérica (Chavez, Castro y demás), no va hacer la política entreguista de Zapatero, que será puesto aún más en evidencia. A Obama no le va a quedar más remedio que apostar por la intervención en el mundo económico para hacer frente a la crisis económica. Apoyó el plan de rescate a la banca y ha hablado de subida de los impuestos para las clases altas. Inevitablemente, Zapatero tratará de argumentar que esa política económica es la misma que la suya. Intentará justificar con la intervención estadounidense, su política que no aporta soluciones para el desempleo (España es el país con mayor tasa de paro de la Unión Europea), que aumenta el déficit y la deuda y que convierte al Estado en un competidor desleal de las empresas en el mercado del crédito. Pero entonces seguirán las comparaciones. Los demócratas han obligado a la administración Bush a ser absolutamente transparente con los fondos públicos para que lleguen a las empresas. Zapatero ha desarrollado un plan en el que no sabemos qué entidades serán las beneficiarias de la ayuda. Difícilmente llegarán a las PYMES. Y las comparaciones podrán extenderse quizás también a la llamada ampliación de derechos civiles. Obama ya ha dicho que sólo considera matrimonio a la unión entre un hombre y una mujer.

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