Wrecking Ball, la vuelta del ´Boss´

Cultura · Enrique Chuvieco
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19 marzo 2012
Más que nunca o en muchas ocasiones enpequeñas dosis, la épica vuelve al nuevo album de Bruce Springsteen, WreckingBall, que ha visto la luz hace unos días. Es el ahínco grandilocuente conque el Jefe intenta inyectar deánimos a los pueblos de su patria al tiempo que recrimina los excesos yambiciones de los mercaderes de la primera potencia del mundo que se olvidaruinmente de los perdedores.

La nación de las oportunidades no esasí para muchos, como desvelan las críticas internas del "Boss" y de otros (laserie televisiva The wire, depolicías y narcos de Baltimore es un buen ejemplo de ello. Aunque peque deconductista, estoy enganchado a ella por la enjundia de sus personajes y suritmo narrativo). Springsteen es uno de ellos y vuelve a abanderar el folk rocknorteamericano más social, con el que parece expresar su desencanto con elproyecto Obama.

Con su nuevo trabajo, el "Boss" haempezado a sus 62 años su nueva gira que le traerá a varias ciudades españolas(en Madrid, a unos precios escandalosos) el próximo verano, acompañado poralgunos músicos de la Street Band  y porotros que le acompañaron en aquel memorable directo "Live" de Dublín, la SeegerSessions.

En Wrecking Ball hay mucha fuerza en casi todos sus temas,manifestada en la siempre entregada voz de Springsteen, en la contundencia dela percusión (esos campanazos de batería) o en los coros majestuosos de laVictorious Gospel Choir. Los "espirituales" reverberan en muchos puntos de esterecorrido musical con el que Bruce también expresa su propia desazón en larelación con Dios, al que requiere, como Job, para que se haga presente,olvidando -como yo, como todos- que Él siempre está recreándonos en cadamilésima de segundo. Así, dirá: "Te quitan lo esencial / donde una veztuviste fe / ahora solo hay duda / rezas buscando orientación / solo el silencioacoge ahora tus plegarias".

Son trece canciones que transitan porlas raíces de la música de Estados Unidos y se canalizan para vigorizar con susavia los ritmos contemporáneos. En Rockyground, Springsteen se marcará un minimalista "hip hop" que ostenta tambiénmuchas trazas de "soul", como no podía ser de otra forma.

Abre el disco, We Take Care Of Our Own, candidata para ser el buque insignia conla que el "Boss" abra sus conciertos, aunque también podría ser la que datítulo al elepé, Wrecking Ball. Esta última, con American Land y Land of Hopeand Dreams son antiguas composiciones que añade al disco, que encumbran almás lírico y talentoso Springsteen y al sonido de la Street Band.

Pero la poética de Springsteen nopersigue la estética sino expresar sus sentimientos y su conciencia de qué yquién le importa, como dirá en Land ofHope and Dreams: "Grandes ruedas corren por los campos / donde la luz delsol se derrama / Reúnete conmigo en una tierra de sueños y esperanzas… Estetren lleva santos y pecadores / este tren lleva perdedores y ganadores / estetren lleva putas y tahúres".

¿Quién no se identifica con un hombreasí, quién no ha mirado la línea del horizonte con el deseo de ser acogido entoda nuestra contradicción, de vivir la vida con esta poética heroica?

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