Votar en pandemia ¿Qué está en juego?

España · Javier Folgado
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11 febrero 2021
La Asociación Cultural John Henry Newman ha organizado un encuentro con el escritor Valentí Puig titulado “Votar en pandemia ¿Qué está en juego?” acerca de las próximas elecciones en Cataluña.

La Asociación Cultural John Henry Newman ha organizado un encuentro con el escritor Valentí Puig titulado “Votar en pandemia ¿Qué está en juego?” acerca de las próximas elecciones en Cataluña.

En la introducción del acto el moderador, Marc Massó, realizaba un diagnóstico de la situación actual donde todos vemos la polarización que sufre la sociedad con debates centrados en políticas de identidad más que en intercambiarse buenas razones y buscar un bien común. “No nos ponemos de acuerdo ni en los hechos, uno solo confía en los de su círculo”, señalaba el moderador, que continuaba el diálogo planteando cuáles son las causas que nos han llevado hasta aquí. Frente a esto Valentí Puig hablaba de la perplejidad que se ha generado en la sociedad catalana. “Hoy vemos en el independentismo un desatino y una destrucción de los vínculos con España que excede lo que ocurrió en los años 30. Es un proceso de irresponsabilidad sin sentido histórico donde la sociedad civil ha quedado marcada. Esto no tiene que ver con lo mejor del catalanismo cuyos valores clásicos se han extinguido con el procés. En el catalanismo existía una burguesía sabia que sabía mantener la estabilidad de la sociedad catalana, aquella burguesía ya no existe, lo que existe es gente con dinero. Esta degradación también se ha consolidado a nivel institucional. En estas circunstancias la sociedad civil ha quedado desorientada e incapacitada para articularse mientras el parlamento autonómico lleva años en disfunción continua, lo que ahora se está manifestando en la catastrófica gestión de la pandemia”.

Si se diera el caso de victoria del expresidente prófugo Puigdemont se aceleraría un proceso iliberal en Cataluña, afirmaba Puig al ser preguntado sobre qué está en juego en estas elecciones. Tarradellas comprendió en los años del exilio los errores de su partido y cuando regresó y se reconstituyó la Generalitat y salió al balcón, decía: “ciudadanos de Cataluña”, no catalanes porque no quería caer en la tentación de pensar que unos son más catalanes que otros.

Se habla mucho de diálogo, ¿pero qué se entiende por diálogo? ¿Y qué vías tenemos para este diálogo? Indagaba el moderador y el escritor en su tono sosegado pero siempre intenso, aseveraba que no hay que inventar nada nuevo ya que en el espíritu del 78 está todo eso. Es cierto que en la historia de Cataluña, también en el País Vasco, ha tenido sus distanciamientos con el estado. A veces la presencia del estado ha sido satisfactoria, otras no tanto pero las posibilidades de diálogo siempre han existido. “Pero ni el desencuentro más sombrío da fundamento a cualquier cálculo sobre la independencia de Cataluña donde ella sería la primera perjudicada. Nada justifica esa independencia”, sentenciaba Puig. Se ha visto cómo la falta de mayorías absolutas en Madrid daba un poder desmesurado a CiU y eso les ha dado sensación de seguridad y, al mismo tiempo, ha crecido la deslealtad por parte de CiU al proyecto de la Constitución.

El ponente lamentaba que varias fuerzas moderadas no han podido llegar a articularse y ni siquiera se van a presentar a las elecciones. Preguntado por cómo puede ser el sentido del voto, Puig cree que puede haber dos tipos de votos útiles para el electorado. El voto a Illa desde el punto de vista de los constitucionalistas, a pesar de los desastrosos tripartitos, y el voto a Puigdemont o Junqueras, desde el punto de vista de los independentistas. Con la novedad de la aparición de Vox en el parlamento autonómico, que según las encuestas puede tener más escaños que el PP.

El diálogo continuaba de manera viva preguntándose sobre el papel de los católicos donde el moderador observa una dualidad. Por un lado está su acción caritativa en la que se ha respondido de un modo generoso saliendo al encuentro de necesidades concretas y, por otro lado, se ha perdido un protagonismo político. Al pueblo católico le ha pedido el Papa una mayor implicación en política que es una forma de caridad, recordaba Massó, ¿pero por qué esta falta de relevancia política?

Puig manifestaba que la importancia de la Iglesia en Cataluña es fundamental incluso para la vertebración del catalanismo. “Para mí es algo misterioso los índices especialmente altos de secularización en Cataluña respecto al resto de España y creo que el nacionalismo ha tenido que ver. El hecho de que la Iglesia se haya identificado tanto con el monolingüismo para mí ha sido un error. Yo creo en la total división entre Iglesia y Estado ya que es conveniente para la Iglesia ganar independencia política”. El escritor echa en falta una mayor implicación por parte de los intelectuales católicos y lamentaba también que la Iglesia católica en España esté fallando en la comunicación. Comunicación y fe es una de las asignaturas pendientes que tenemos ya que es necesario hacer opinión, hacer opinión buena y ecuánime. La comunidad cristiana y la comunidad cívica, en general, tienen que aprovechar sus plataformas y hacer opinión.

El moderador lanzó la provocación sobre qué factores son más importantes a la hora de ir a votar. Puig destacaba la importancia de votar a partidos que no hacen imposición en materia lingüística ni favorecen el intervencionismo ni la confrontación. Por otra parte, hay temas de gran envergadura que la sociedad no está asimilando como la eutanasia o la ideología de género.

El debate adquirió aún mayor intensidad, si cabe, con la irrupción de Mikel Azurmendi, amigo de la Asociación John Henry Newman. El sociólogo retomó algunas de las tesis de Puig. Se había afirmado durante el debate que estamos en una batalla cultural más que política en un contexto marcado por políticas identitarias que dividen. Azurmendi preguntaba a Puig si aceptaría que la Iglesia española se pronunciara sobre si un católico no puede votar en conciencia a todos aquellos partidos que han votado la ley de educación porque restringe los derechos de los padres, o la ley de la eutanasia, o la ley del aborto o la ley trans que ha sido una tentativa para ver cómo reaccionaba el feminismo más clásico. “¿Te parece qué es extralimitarse?”, le preguntaba Mikel a su colega.

“Las cosas temporales a la Iglesia le dan mucho reparo pero los obispos tienen el deber de orientar a su rebaño. Creo que el voto en conciencia está en no apoyar estas tesis y me parecería normal y necesario. Lo que no es bueno es que los medios de la Iglesia se identifiquen con un voto a un partido concreto”, respondía Puig. Aunque al mismo tiempo reconocía la dificultad de esto ya que tenemos una generación o dos que no han oído para nada hablar de religión.

Azurmendi aseveraba que los cristianos “estamos mejor en los regímenes más libres. Necesitamos más libertad y las opciones políticas que constriñen nuestra libertad son más perjudiciales”, incidía el vasco.

El moderador concluía el acto apelando a la responsabilidad personal de no caer en el escepticismo y de ayudar a construir una sociedad buena para todos.

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