Vivir de algo más grande

Cultura · Jesús de Alba
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11 junio 2021
Me gustaría comunicar lo que he aprendido durante este extraordinario periodo de la pandemia sanitaria con la que llevamos ya un año largo. Ha sido un periodo fructífero para entender más y mejor de qué está hecha la vida y cómo vivirla mejor, a la estatura de lo humano. Vidriera de la Parroquia Santo Tomás Apóstol, Madrid.

Me ha parecido que todos estamos sujetos, fundamentalmente, a dos tipos de dinámicas. Una, lo que ya sabemos y hemos aprendido, la propia medida. No es necesariamente mala ni mucho menos pero en cierto sentido es como si nos tirara para abajo, haciéndonos más perezosos y rehuyendo del sacrificio que siempre han requerido las cosas bellas, renunciando indirectamente a ellas. Todo el pasado no acaba de tener la fuerza necesaria para afrontar el presente, siempre abierto por definición. El alma aquí se va muriendo a lo Houellebecq: “en principio la cuestión es solucionable pero en la práctica ya no lo es, y es así como muere una civilización, sin trastornos, sin peligros y sin dramas y con muy escasa carnicería, una civilización muere simplemente por hastío, por asco de sí misma”.

La segunda dinámica consiste en seguir la irrupción de algo más grande que nosotros mismos, que siempre sucede en la realidad, en lo real. Requiere de un gran sacrificio: del sacrificio de sí mismo, saber cortar con el triste raciocinio y seguir lo más grande con valentía y decisión, una y otra vez, decidiendo por este bien un día tras otro. No hay tregua. A días que es más fácil y se avanza rápido conquistando el día con grandeza, inteligencia y agudeza a lo Hernán Cortés. A otros con pesadumbre y tristeza de corazón, con un gran sacrificio de sí, como camina el ciego por la gran ciudad, tal vez sólo vislumbrando borrosamente las luces de ese “algo más grande” que parece sustraerse a nuestra mirada.

Esto es lo que me parece que se ha puesto en juego más que nunca durante estas duras circunstancias de la pandemia poniendo a prueba todo lo humano. Hay quien ha tirado de lo ya sabido, del camino hecho en el pasado, sin tener que decidir de nuevo aquí y ahora. Un tiempo demasiado largo para aguantar la embestida. Hay quien ha descubierto este algo más grande y lo ha seguido entrando rápidamente la novedad en el duro tiempo presente. Una racha de aire fresco invade la vida como premio a este camino. El método es sencillísimo: seguir a personas y lugares que ya viven de esta novedad.

Sea cual sea la posición cada uno, lo que es increíble y totalmente sorprendente es que hoy, ¡hoy!, se pueda retomar y empezar de nuevo a vivir de ese “algo más grande”. Desde hace 2000 años es posible y sencillo gracias a la encarnación del Dios del mundo, de la realidad, en el propio mundo.

Dice este Dios a Job: “¿Dónde estabas cuando cimenté la tierra? Dímelo, si es que sabes tanto”. Es impresionante caer en la cuenta de que no soy yo con mis esfuerzos quien tiene que construir, levantar y sostener el día. Queda entonces lo más sencillo que es seguir a este Señor surfeando las olas de las circunstancias con confianza y la alegría de saber que otro se ocupa mejor que yo. La memoria de este Señor durante el día es la que hace y construye mi vida.

El reto está servido a cada instante: o vivir de la medida propia aparentemente más juiciosa y racional, hecha tan a la medida que casi ahoga como el traje del buzo o vivir de algo más grande que aparentemente descaraja la vida, hace que no entendamos a dónde vamos pero que es fuente de una ternura y alegría infinitas. Esta es la decisión diaria de cada uno, desde el más religioso y bueno al más descreído o ateo. Y vale tanto para las grandes cosas y proyectos como para estar en la cola del mercado.

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