Una regulación de la educación contra la libertad

Venezuela: peor que si el nudismo fuera obligatorio

Mundo · Jorge Iván Hoyos Morales
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7 septiembre 2009
A mediados de agosto se ha promulgado una nueva ley de educación. Y hay quien la defiende porque reconoce la importancia de la enseñanza filosófica en el desarrollo de la capacidad crítica de los jóvenes. Se cita el artículo 15, en el que se fija como objetivo "desarrollar la capacidad de abstracción y el pensamiento crítico". Ciertamente la intención parece positiva, sin embargo ésta es una de las lecturas sesgadas que se pueden tener de una ley que atenta contra la libertad de educación, la libertad religiosa y la libertad del pueblo.

Preocupa que se postule la figura del Estado docente, pues en una sociedad realmente democrática el Estado no puede subsumir las iniciativas que nacen desde abajo o que nacen en el seno de las comunidades intermedias. Se adopta explícitamente un único sistema ideológico que fundamenta la educación (art. 14). Ciertamente se habla de apertura ideológica y de humanismo social pero se alude a la doctrina Bolivariana y Robinsoniana como los únicos fundamentos de la educación; doctrinas que se basan en los postulados del ilustrado francés JJ Rousseau. Vale la pena aclarar que la doctrina Robinsoniana es la de Simón Rodríguez, maestro de Bolívar, quien en su exilio en Jamaica adoptó el apellido Robinson y quien durante sus años de estadía en Europa participó de sospechosas sociedades secretas.  

Un adoctrinamiento de este tipo pone en peligro el derecho al disenso ya que, más adelante, al hablar de la libertad de cátedra, se subordina ésta a "…los principios establecidos en la Constitución y en la ley" (art 36). Es más, (en las disposiciones transitorias) contempla que una "conducta contraria a… los principios previstos en nuestra Constitución y las demás leyes de la República" (incluida ésta obviamente) constituye una falta grave por parte del docente, quien puede ser castigado económica y laboralmente ya sea con la separación temporal o con desvinculación del cargo (1ª disposición transitoria, Numerales 5e; 7 y 9). Se suprime la obligatoriedad de la enseñanza religiosa que la anterior ley prescribía en la educación primaria y deja de mencionarse lo relativo a la formación de los religiosos, por lo que algunos temen que se supriman los seminarios. Se da pie para abolir los subsidios que tienen algunas instituciones privadas, lo que hace temer por la viabilidad financiera de colegios católicos asociados a la AVEC (Asociación Venezolana de Educación Católica) entre los que están los numerosos colegios de Fe y Alegría que hay en el país. Además, algunos temen que se empiece a presentar el fenómeno de la expulsión de extranjeros que impartan doctrinas contrarias a las leyes de la república. 

Aunque en la situación actual cualquier cosa podría esperarse, las reacciones frente a este nuevo ordenamiento jurídico en materia educativa no pueden seguir los juegos del poder, inventando o creando pánico en la población civil -como algunos sectores de la oposición han querido hacer- difundiendo versiones, que al parecer no poseen un fundamento claro y contundente, acerca de temas como la apropiación de la patria potestad por parte del Estado; de esta manera la oposición se pone en el campo contrario donde fácilmente puede perder la batalla.

Frente a este panorama es más inteligente defender la libertad de educación frente a una ley que fue aprobada de un día para otro; desenmascarar el pensamiento desleal ilustrado que vicia la ley en su origen mismo, pensamiento desleal porque tal pensamiento quiere reivindicar para sí los valores cristianos pero negando su fundamento y arrinconando el hecho religioso en el ámbito de lo privado, en un intento sistemático para "arrancar del hombre la hipótesis de la fe cristiana" y sustituirla por la fe en un estado que pretende ser Todo (Cf art. 3, 6 y 14;  art 4, 7, 8 y 12; 1ª disposición transitoria Numerales 2 y 3b) . Es necesario prender las alarmas frente a una ley que puede llegar a formar no ciudadanos sino milicianos bolivarianos, una ley exportable -junto a los petrodólares- a los demás países del área, ley que moldeará la mentalidad de las nuevas generaciones de venezolanos que, de seguir con este adoctrinamiento, en unos años no se darán cuenta de la ausencia de libertades que sufrirán.

En Venezuela y en los países del área ha llegado la hora de hacer efectiva la consigna del sacerdote italiano Luigi Giussani: "…hacednos ir desnudos por las calles pero no nos quitéis la posibilidad de educar".

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