Venezuela es de todos

Mundo · Luis Ugalde
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2 diciembre 2008
"Ahora Venezuela es de todos" fue uno de los lemas más exitosos del chavismo hace unos años. Pero ahora, henchido de poder, Chávez se empeñó en proclamar amenazadoramente que Venezuela es suya y perros traidores o vendidos al Imperio quienes no lo acepten. A pesar de la brutalidad de la campaña electoral, con el ventajismo más desvergonzado y anticonstitucional, y el uso descarado de recursos públicos para el soborno y la amenaza, el resultado electoral fue muy bueno para Venezuela, pues dice con claridad que este país no es de un caporal, ni de un partido, ni de los militares, sino que es de todos.

Los resultados demuestran que no fue derrotada la mayoría de los candidatos oficialistas, sino la pretensión de Chávez de pulverizar, desaparecer del mapa a los adversarios políticos, imponerse con los tanques en la calle, meter presos a los opositores y perpetuarse en el poder. No son los MCS europeos y norteamericanos quienes lo hacen autócrata -como afirma angustiado-, sino las barbaridades amenazantes que dice él mismo y son transmitidas por los medios. La mayoría de sus seguidores y el mundo se horrorizan con cada cadena de insultos, descalificaciones, amenazas, abusos de poder y de dinero público.

El resultado electoral no fue malo para Chávez, pero sí para sus confesadas pretensiones autocráticas. Había dicho que perder tres gobernaciones ya sería una derrota para el Gobierno; por eso perder cinco grandes y la Alcaldía Mayor de Caracas es una bofetada contra la concentración del poder y esperanzadora para la democracia. Chávez obtuvo la mitad de los votos venezolanos, bueno para gobernar, pero no para perpetuarse en el poder concentrado; por eso se sintieron derrotados; sin chantajes, compras y amenazas, quedaría en 30 ó 35%, que es mucho.

Venezuela demostró que es más sabia que su presidente y que quiere vivir en paz, elegir a los mejores de diversos colores para lograr la justicia social y el desarrollo, sin perder las libertades y el espíritu de tolerancia. Hay buena base para construir con todos una sociedad democrática y social y para resistir las obvias intenciones de volver a la carga con propuestas anticonstitucionales de concentración del poder y de perpetuación personal.

Sería bueno que el presidente se sumara a la construcción de la alternativa democrática, pero no parece probable. Le quedan cuatro años de gobierno y el país exige que sean muy distintos de lo que fue su insensata y agresiva campaña. Con la crisis económico-social mundial y nacional y el revés electoral, es el Gobierno quien más necesita de diálogo y reconciliación para una gestión aceptable. El presidente debe repetirse por activa y por pasiva que "ahora Venezuela es de todos" y sólo trabajando juntos todos podemos salir adelante en esta etapa final de su larga  presidencia (14 años).

No es menos exigente el reto para los políticos democráticos. A la vista están sus triunfos como  premios a los aciertos político-electorales, pero también el castigo a la irresponsabilidad e inmadurez de muchos.

Venezuela necesita paz, diálogo y reconciliación en torno a una alternativa social poderosa en el grave vacío actual. El Gobierno no puede continuar ajeno ni opuesto a esta alternativa y los demócratas opositores tienen que contar con este Gobierno como una realidad en los próximos años. Una alternativa para todos en situación tan compleja requiere sin duda el concurso de expertos. Pero principalmente requiere que éstos y los líderes políticos oigan el clamor de los venezolanos, especialmente de los que viven social o políticamente excluidos: cientos de miles en exilio exterior y millones en exilio interior, ocultos para no perder su empleo o la posibilidad de desarrollar sus iniciativas culturales, educativas o empresariales, autónomas del Gobierno; y también excluidos arbitraria y brutalmente son los centenares de inhabilitados y presos políticos sin sentencia.

Juntos, y sólo juntos, podremos afrontar la muy dura situación de 2009 e ir madurando alternativas viables y experiencias exitosas de gestión en alcaldías y gobernaciones.

Ahora Venezuela es de todos, no es roja rojita, sino multicolor y su esperanza sólo es viable con el concurso de todos, como se demostró en la brillante jornada electoral del 23 de noviembre.

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