Una reforma a medias

España · Fernando de Haro
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18 mayo 2013
Ya está aquí la reforma educativa del Gobierno de Rajoy. Una reforma absolutamente necesaria: tenemos  una tasa de fracaso escolar del 25 por ciento. Nuestro país se gasta más que la media de la OCDE en enseñanza pero nuestros jóvenes obtienen unos resultados mucho más negativos que la media de la OCDE. Hay medio millón de alumnos que están repitiendo. Con los resultados que ofrece nuestra enseñanza era urgentísimo un cambio. El modelo que ha estado vigente desde mediados de los 80, implantando por el PSOE, ha sido desastroso. El Gobierno cambia cosas importantes pero en otras se queda corto.
Vamos con lo más positivo. El Gobierno central asume el control del contenido de las asignaturas más importantes. Se unifican contenidos en toda España. Se establece un sistema de reválidas al final de la ESO y de Bachillerato que también controlara el Gobierno en Madrid. Y además se establece una garantía para que los alumnos que quieran estudiar en castellano lo puedan hacer en Cataluña: el Gobierno pagara la escolarización en colegios privados y luego descontará a las Comunidades Autónomas el gasto.
 
Los Gobiernos de Cataluña y del País Vasco ya han puesto el grito en el cielo. Quizás eso un buen síntoma. La consejera de Enseñanza, Irene Rigau, ha asegurado que  la norma es una  "herida enorme" al autogobierno y a la dignidad institucional. Ha añadido además que se puede cumplir.  
 
Y en el País Vasco el PNV ha asegurado que está dispuesto a acudir al Constitucional. Cristina Uriarte, la consejera de Educación del País Vasco, ha hablado de una invasión de competencias.
 
Pero no todo es castellano en la reforma. Se suprime la selectividad, se adelantan a tercero de la ESO los itinerarios, la elección entre Bachiller y FP. Se suprime la asignatura de Educación para la Ciudadanía Y se recupera la dignidad académica de la Asignatura de Religión que tendrá una alternativa.
 
La reforma se queda corta, sobre todo, en la regulación del sistema de conciertos establecido por los socialistas a mediados de los años 80. El sistema de conciertos es el sistema que permite a los padres, de algún modo, elegir la educación que quieren para sus hijos. La libertad de elección de los padres no se avanza. No se corrige un sistema que esencialmente es estatalista. Los conciertos dependen del criterio discrecional de los gobiernos autonómicos. Se le había propuesto al Gobierno que les diera estabilidad, que igualara condiciones, que los garantizara frente a la discrecionalidad política. Nada de eso se hace.
 
El PSOE, como estaba previsto, ha puesto el grito en el cielo. Elena Valenciano, desde las filas socialistas, ha asegurado que esta reforma contra la igualdad.
 
Esto de la igualdad es una cuestión esencial. El problema del PSOE es que en nombre de la igualdad España ha tenido  desde hace 30 un sistema en el que los que menos estudiaban, los que menos trabajan, condicionaban los resultados de todos los demás. La igualdad no es hacer tabla rasa, la igualdad es tratar al igual como igual y al desigual como desigual.

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