Una lógica distinta

Mundo · Maurizio Vitali
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27 octubre 2020
Lo tengo. No lo tengo. Me falta Pizzaballa. Es decir, el cromo de Pierluigi Pizzaballa, mítico portero del Atalanta, y de la Roma, Verona, Milán y de la selección italiana. Al empezar la temporada 63-64 los de Panini no le incluyeron en la colección en la colección de cromos porque no asistió a la sesión de fotos por un accidente, y el cromo faltó durante mucho tiempo. Luego volvió a imprimirse y se convirtió en uno de los más buscados. Aquello acrecentó su fama, que ya era considerable debido a su seriedad profesional y a su curioso apellido. Ahora su sobrino Pierbattista ha sido nombrado patriarca latino de Jerusalén. Igual que su tío es de origen bergamasco, franciscano y sacerdote por vocación, fue custodio de Tierra Santa de 2004 a 2016, administrador apostólico de la sede de Jerusalén (mientras estuvo vacante y llena de deudas) y ahora titular de la misma a todos los efectos, después de haber saneado sus cuentas.

Lo tengo. No lo tengo. Me falta Pizzaballa. Es decir, el cromo de Pierluigi Pizzaballa, mítico portero del Atalanta, y de la Roma, Verona, Milán y de la selección italiana. Al empezar la temporada 63-64 los de Panini no le incluyeron en la colección en la colección de cromos porque no asistió a la sesión de fotos por un accidente, y el cromo faltó durante mucho tiempo. Luego volvió a imprimirse y se convirtió en uno de los más buscados. Aquello acrecentó su fama, que ya era considerable debido a su seriedad profesional y a su curioso apellido. Ahora su sobrino Pierbattista ha sido nombrado patriarca latino de Jerusalén. Igual que su tío es de origen bergamasco, franciscano y sacerdote por vocación, fue custodio de Tierra Santa de 2004 a 2016, administrador apostólico de la sede de Jerusalén (mientras estuvo vacante y llena de deudas) y ahora titular de la misma a todos los efectos, después de haber saneado sus cuentas.

El nombramiento de Pizzaballa ha pasado un poco desapercibido en un momento en que todo el espacio informativo está copado por el Covid, pero se trata de un hecho muy relevante al que conviene mirar. Pizzaballa es una presencia clave en la encrucijada entre el catolicismo y Oriente Medio, y también entre Occidente y Oriente Medio. Una presencia dictada por una lógica distinta a las de las potencias políticas. Quien haya pasado alguna vez por el Meeting de Rímini seguramente lo ha podido constatar en alguna de sus intervenciones, en 2007, 2011, 2014 y 2017.

Mirando esta presencia, uno queda impactado por ciertos rasgos inconfundibles. Ante todo, la perseverancia. “Me quedo” fueron sus primeras palabras como patriarca. Me quedo, sencillamente, en nombre de una Presencia que testimoniar. Luego se ve que de esta conciencia nace una inteligencia aguda de la realidad social y política y la posibilidad de ofrecer una contribución al bien común empezando “desde abajo”. “Me quedo para caminar entre vosotros y con vosotros, con fe y esperanza, esperando la Fuerza que viene de lo alto. No puedo sustraerme a la sugestión y al ‘peso’ de este verbo (quedarse). Es el verbo de la paciencia madura, de la espera vigilante, de la fidelidad cotidiana y seria, no sentimental y ni pasajera”. “Me quedo”, se entiende, en Jerusalén. Esta ciudad no es un detalle de la historia del mundo. “La Iglesia no puede vivir sin Jerusalén, y tampoco Occidente, porque nacieron allí. Y la tarea de los cristianos es estar allí y testimoniar esa presencia con la ‘p’ minúscula”.

Pero Jerusalén también es “el corazón del mundo, donde convergen todas nuestras aspiraciones, pero también las tensiones que hay en todo el mundo”, y la cuestión palestino-israelí, como recuerda Pizzaballa, sigue siendo decisiva aunque haya sido “eliminada de la agenda pública internacional”.

Pizzaballa es un observador excepcional de la situación oriental. “Oriente Medio está cambiando profundamente. Lo vemos en Siria, Iraq, Líbano. Estos países son el campo de batalla de los grandes actores de la región, Turquía, Emiratos, Irán, Arabia Saudita, junto a sus aliados en Rusia, EE.UU., China. Europa lleva tiempo fuera de juego y creo que no haya ganado nada con los últimos acontecimientos. Sin embargo, creo que mientras no haya una solución clara y digna para el pueblo palestino no habrá estabilidad en la región. Hay una población de millones de personas que espera una palabra clara como pueblo y como nación”.

Para el patriarca, la solución “dos pueblos, dos estados”, apoyada por la comunidad internacional y la Santa Sede, es la justa. Los palestinos también tienen derecho a una tierra, a una nación. Sin embargo, “en este momento es muy difícil porque no hay diálogo entre las partes. Israelíes y palestinos llevan años sin hablarse, no hay confianza mutua. Ni siquiera está presente la comunidad internacional, aparte del apoyo económico a la Autoridad palestina”.

Política y diplomacia tienen las armas preparadas, hace falta un camino que comprometa a la gente, a la sociedad, un “trabajo a largo plazo. Hablar de paz entre ambos hoy es una utopía. Hacen falta gestos que reconstruyan la confianza mutua en la zona. Hace falta una visión y un liderazgo que no existen en ninguna de las partes”. Además, “hay que tener presente las lecciones y fracasos del pasado, los acuerdos incumplidos. Hoy podemos trabajar en las escuelas, en los hospitales, en los grupos, en los centros culturales que no son lugares minoritarios sino un importante resto que resiste”.

Llega aire fresco.

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