Una lección para todos en el pavimento veneciano

Cultura · Giuseppe Frangi
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20 noviembre 2019
En un dibujo estupendo datado sobre el papel en 1761, un pintor veneciano, Antonio Visentini, reconstruyó con precisión máxima la geometría del pavimento de San Marcos. La perfecta planimetría en escala 1 a 100 nos permite ver de un solo vistazo ese tesoro que la semana pasada acabó sumergido dramáticamente por las aguas, a apenas un año de distancia de un desastre similar.

En un dibujo estupendo datado sobre el papel en 1761, un pintor veneciano, Antonio Visentini, reconstruyó con precisión máxima la geometría del pavimento de San Marcos. La perfecta planimetría en escala 1 a 100 nos permite ver de un solo vistazo ese tesoro que la semana pasada acabó sumergido dramáticamente por las aguas, a apenas un año de distancia de un desastre similar.

Ese pavimento, que durante siglos han pisado millones de peregrinos y turistas, conserva ya pocas teselas y piedras originales. Pero sin duda conserva su dibujo, que en la mayoría de los casos han respetado las diversas restauraciones. Ese dibujo relata de forma sencilla y clara cuál es el alma y la identidad de Venecia. Es decir, su belleza. El pavimento de San Marcos es la apoteosis de la libertad y la multiplicidad. Es una secuencia de maravillosas formas geométricas, diferentes entre sí pero nunca en contraste. Se alternan todo tipo de formas, piedras de todos los colores, mármoles, motivos decorativos siempre diferentes que enmarcan cada uno de los recuadros.

No hay figuras, no se perciben símbolos ocultos. Venecia rinde homenaje por un lado a un Oriente que aún no ha digerido este amor por las imágenes de Occidente, y por otro muestra el resultado de la suma de diversas formas de la belleza; de hecho, se dice que San Marcos es una obra maestra nacida de una idea griega, proyectada según una praxis romana y construida con mano véneta. Otro aspecto que revela el pavimento veneciano es su ligereza. Al verlo reconstruido fielmente en aquel dibujo de 1761, da la sensación de estar ante una maravilloso tapiz. Realmente parece un bordado ensamblado con un ritmo danzante, una articulación de geometrías libres, casi como un patchwork por el que puedes caminar sintiéndote ligero.

Hoy sabemos que ese pavimento está en serio peligro, traicionado por el “agua alta”. Los procuradores de San Marcos, el ingeniero Pierpaolo Campostrini y el arquitecto Mario Piana, han puesto a punto un sistema de seguridad que protege la basílica y sobre todo el nártex (el punto más bajo de Venecia) de las mareas de hasta 1,10 metros de altura. Es un sistema que interviene en esa celosía de túneles excavados bajo el pavimento que en 1500 se concibió para descargar las aguas residuales y las que llegaban del mar. Son los llamados “gàtoli”, que hoy, en cambio, por la diversa fuerza de las mareas acaban desempeñando la función contraria, por lo que se han protegido con taponamientos impermeables y se han instalado bombas que extraen el agua cuando a las mareas se suman las lluvias.

Pero la semana pasado el agua alcanzó el metro noventa y no había nada que hacer. Ante la fuerza de acontecimientos así parece que ese maravilloso mosaico tejido que es el emblema de Venecia se convierte también en el emblema de su inevitable ocaso. Las polémicas inútiles sobran. En este momento Venecia necesita de todo menos discursos derrotistas y apocalípticos. Necesita que se pongan en marcha inteligencias capaces de mantenerla a salvo incluso de un clima que se presenta con manifestaciones tan extremas. La Universidad de Padua, por poner un ejemplo, ha puesto a punto un proyecto para salvar la plaza de San Marcos del agua alta, según anunció hace unos días. Si fue posible construir una ciudad “imposible” como Venecia, sin duda debe ser posible salvarla.

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