Una forma de liberalismo que podría funcionar en Europa

Mundo · Arturo Illia
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7 octubre 2014
Al final ha sucedido lo que hasta pocas horas antes nadie esperaba. Las previsiones le situaban como un outsider, sin ningún tipo de posibilidad. Se esperaba una lucha entre Dilma Rousseff y Marina Silva, pero finalmente se ha dado una situación que solo la noche previa a las elecciones empezaba a tomar cuerpo: la del socialdemócrata Aecio Neves.

Al final ha sucedido lo que hasta pocas horas antes nadie esperaba. Las previsiones le situaban como un outsider, sin ningún tipo de posibilidad. Se esperaba una lucha entre Dilma Rousseff y Marina Silva, pero finalmente se ha dado una situación que solo la noche previa a las elecciones empezaba a tomar cuerpo: la del socialdemócrata Aecio Neves.

El economista de Belo Horizonte ha acumulado el 33% de los votos, contra el 41% de Rousseff, mientras la ecologista Silva se quedó con el 21,3%. La segunda vuelta, esta vez por mayoría relativa, se celebrará el 26 de octubre y paradójicamente las reglas las dictará precisamente la candidata perdedora. Es lógico que si Neves quiere sus votos, tenga que garantizar cierta apertura a la política de Silva, algo que paradójicamente, en caso de victoria, le habría resultado difícil, dada la escasez de espacio político para maniobrar en las cámaras de su Partido Socialista.

Así que la partida está totalmente abierta, aunque el resultado ha puesto en evidencia el fracaso de la política del Partido do Trabalhadores de la actual presidenta. Escándalos aparte, Rousseff ha intentado recoger votos entre las clases más pobres, beneficiadas por una lluvia de subsidios, y de hecho en el noreste del país, la zona económicamente más maltratada, Dilma ha obtenido sus porcentajes más altos. Pero su derrota es un hecho en las grandes ciudades, donde una clase media cada vez mayor, generada por las políticas de los gobiernos anteriores de Lula, ha digerido mal el populismo de sello presidencial. Ahora, insistimos, le toca a Marina Silva decidir si, como es probable, dirigirá a sus electores hacia Neves, lo que significaría la derrota de Rousseff.

Otro síntoma de una América Latina que quiere cambiar, que ya no está dispuesta a aceptar a presidentes “eternos”, que acaban apropiándose de los bancos centrales para disponer de los fondos necesarios para financiar sus políticas a costa de un estatalismo exasperado. Ya estamos llegando a la tercera generación de familias que se han sostenido con subsidios de nombres altisonantes, pero que al final no han querido incorporar la cultura del trabajo como núcleo de su programa de vida, contando con el asistencialismo como un fin en sí mismo, que además funciona como una máquina infalible de apoyo electoral. Es el uso de la pobreza en función del propio poder (y de las riquezas individuales) que no lleva precisamente a garantizar un futuro digno. No es casual que finalmente se haya optado por una alternativa liberal respecto al compromiso ecológico dictado por Silva

Aecio Neves es nieto de Tancredo, uno de los principales protagonistas de la introducción de la democracia en Brasil. Ex gobernador de Minas-Gerais, senador desde 2010, es autor de un proyecto que trata de reducir los impuestos tanto para las empresas que quieren desarrollarse como para los laboratorios sanitarios, que actualmente soportan enormes imposiciones fiscales. En su programa, destacan también los cursos de formación laboral, obligatorios en las empresas pero que también ofrecerían desgravaciones fiscales. También quiere dar un impulso extraordinario a la cultura, como ya ha hecho en Belo Horizonte, capital de Minas Gerais, ciudad que ha sufrido una transformación radical, convertida en un modelo cultural para toda América Latina.

Se trata en definitiva de un liberalismo controlado que busca una gestión más eficiente de los recursos estatales y la recuperación de la cultura del trabajo mediante planes que favorezcan la inclusión de grupos sociales aún marginados, con el objetivo de hacer una inclusión de hecho y no basada en limosnas a fondo perdido. Anuncia grandes sumas destinadas a fortalecer la seguridad, otro gran problema en Brasil, aunque actualmente los niveles de delincuencia son profundamente inferiores a los de hace veinte años, especialmente en las grandes ciudades, donde a ciertas horas era imposible salir a la calle.

Habrá que esperar a ver qué decide Marina Silva, pero es razonable pensar que no perderá una ocasión como esta, donde entre las condiciones para dar su apoyo está la apertura a su proyecto de respecto al medio ambiente. Pero suceda lo que suceda, esta segunda vuelta es la prueba definitiva de que las políticas de poder “eterno” salen derrotadas frente a la voluntad de vivir una democracia de verdad, pues precisamente la alternancia de poderes permitirá a otros seguir los pasos de Marina Silva.

Salir de la marginación social y ser protagonistas de la vida de un país que en poco tiempo ha sabido convertirse en una potencia y pasar de deudor a acreedor de los USA. En resumen, lo nuevo por fin se abre paso y avanza, ¿cuándo lo entenderá Europa?

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