“Una Europa más asertiva podría acabar con la doble vara de medir de los americanos”

Entrevistas · Ángel Satué
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28 junio 2022
Con motivo de la Cumbre extraordinaria de la Alianza Atlántica, que se celebra en Madrid estos días, Páginas Digital entrevista a Félix Arteaga, analista e investigador principal de Seguridad y Defensa, del Real Instituto Elcano de Estudios Estratégicos.

Conversamos con Félix Arteaga sobre el nuevo concepto estratégico de la OTAN y sobre los grandes desafíos que tiene ante sí la Alianza Atlántica que, como veremos, se pueden reconducir a cinco: la rivalidad sistémica entre grandes potencias; la guerra a través de métodos híbridos; la guerra a través de terceros (“proxy wars”); la guerra contra el terrorismo internacional yihadista; y, por último, el desafío que supone la evolución enormemente ágil, rápida y flexible de las tecnologías disruptivas y emergentes.

¿Por qué es necesario un nuevo ejercicio de pensamiento estratégico de la OTAN? ¿Tocaba tras diez años del anterior?

Realmente no se convoca una cumbre de estas características porque toque. Cuando el impulso de un pensamiento estratégico se agota, y esto se nota, porque el contexto estratégico cambia, se renueva el concepto estratégico.

¿Qué riesgos tiene un proceso de esta naturaleza?

Qué duda cabe que esto es como abrir la caja de Pandora, porque lo habitual es que mientras dura este ejercicio de reflexión, cada socio y estado miembro de la OTAN pregunte sobre las cuestiones que más le preocupen, el famoso ‘qué hay de lo mío’. Surgen reivindicaciones tradicionales de los diferentes países, lo que condiciona una reflexión estratégica tranquila, serena. Esto hace que existan siempre ciertas reticencias al cambio. Que los estados sean poco proclives a cambiar sistemáticamente el concepto estratégico.

¿A qué contexto estratégico se refería?

Lo que sucede esta vez es que se ha entrado en una competición geopolítica con China y con Rusia, desde hace unos años, y se ha venido imponiendo la realidad. Cuando la Administración de EEUU pasó de Trump a los demócratas, se hizo necesario revisar el concepto estratégico.

En 2020 el secretario general de la OTAN orientó ya el pensamiento hacia 2030, creando un grupo de trabajo, de expertos, a modo de reflexión inicial no vinculante, y sobre esta reflexión se hizo la reunión del Consejo Atlántico de junio de 2021, que dio el mandato para organizar una cumbre extraordinaria en Madrid, para abordar el concepto estratégico.

El nuevo concepto estratégico se había venido elaborando por EEUU y los británicos desde 2020, en el seno del comité militar de la OTAN, pues estaban mucho más sensibilizados que los demás respecto a la derivada militar de la competición geopolítica con Rusia y China.

En ese comunicado de junio pasado, la OTAN ya da un mandato para ese nuevo concepto estratégico que viene ya a la presente cumbre “preelaborado” realmente en sus puntos principales, pero ahora, con la guerra de Ucrania, lo que sucederá es la actualización y revisión de lo que se había venido trabajando estos años anteriores. Pero lo básico, a estas alturas, ya está acordado y responde a una realidad de confrontación geopolítica a largo plazo con China, aunque no únicamente, y con Rusia, más bien en el ámbito militar, a corto plazo. Esto será lo más novedoso y significativo del futuro concepto estratégico.

¿Será la OTAN el primer foro de Occidente para las cuestiones de seguridad que nos afecten en Occidente?

En primer lugar, la OTAN, en resumidas cuentas, va a seguir siendo una organización de defensa, no de seguridad, centrada como núcleo de actuación, en (1) la defensa colectiva, (2) la gestión de crisis y (3) la seguridad cooperativa. Estas son las tres misiones básicas de defensa, y va a seguir siendo una organización de defensa. No es una organización, por tanto, de seguridad, sino de defensa, aunque utilice el término anglosajón de seguridad.

Su núcleo de actuación va a ser defensa, y lo que sea “nation building”, aspectos no militares de la seguridad, intervención humanitaria… quedarán fuera de la agenda. En este sentido se va a reforzar la defensa de territorio, sin duda alguna, en detrimento de la gestión de crisis y la seguridad cooperativa. Estos dos esfuerzos dedicados, no obstante, se podrán compartir con otros agentes.

¿Seguirá siendo la OTAN un actor regional?

Efectivamente, la OTAN va seguir siendo un actor regional, y lo veremos en el concepto estratégico, pero con proyección global que, sin embargo, se va a hacer vía socios, partners, con los que EEUU y sus aliados europeos quieren establecer una relación de ayuda, tanto en Asia Pacífico, con Japón, Nueva Zelanda, Australia… como seguramente también con algún país de África, como Mauritania, contando con otras organizaciones regionales. De esta forma, la OTAN colaborará con estos terceros, básicamente en gestión de crisis y seguridad cooperativa, con el objeto de no tener que desplegar tropas a miles de kilómetros, en esos escenarios de confrontación geopolítica que se den.

¿Cómo han influido las lecciones libia y afgana?

Los esfuerzos se dedicarán a la defensa territorial, por la necesidad de reforzar las fronteras y, por otro lado, también influye, en este detraimiento de la proyección de fuerza, tanto la experiencia de Libia como la de Afganistán, que han minado en cierta medida la credibilidad de la Alianza acerca de la utilidad de las misiones de gestión de crisis. Por tanto, difícilmente, salvo en la lucha contra el terrorismo (a través de la Coalición Internacional contra el Terrorismo Global, que no es OTAN estrictamente), veremos a la OTAN liderar misiones internacionales, para evitar así su propio desgaste.

Este ejercicio de pensamiento estratégico de la OTAN coincide con el reciente realizado por la Unión Europea, la llamada “Brújula Estratégica” (“Strategic Compass”), ¿habrá reparto de tareas entre la OTAN y la UE?

La Brújula Estratégica es clara en este aspecto y no cuestiona la defensa territorial de OTAN del territorio europeo. Por ejemplo, la petición de entrada de Suecia y Finlandia en la OTAN, siendo miembros de la Unión Europea, lo confirmaría. Deja claro que la Unión Europea, en defensa territorial, no va a estar, por lo que la división de trabajo se refiere a las funciones de gestión de crisis y seguridad cooperativa.

En concreto, sobre gestión de crisis, irá a menos en la Unión Europea, por mucho que diga que en 2025 va a poner en marcha un “Battle Group” reforzado, pues se da la problemática de siempre, que es la falta de capacidad de los estados miembros de implicarse en operaciones militares de combate. En cuanto a la seguridad cooperativa, se tenderá a la colaboración a través de socios europeos, o con otras organizaciones, como la Unión Africana o la Liga Árabe, quedando claro que todo lo que quede fuera de los intereses vitales de EEUU, que es básicamente Asia, todo lo demás es susceptible de delegación, lo vimos en Libia.

De todos modos, mi impresión es que la división de tareas no será expresa, no será tan explícita. Se jugará también con cierta ambigüedad, a efectos disuasorios, aunque se dé en la práctica. Lo que va a acercar la relación entre la OTAN y la UE es que los países miembros van a gastar más dinero, y que mucho de ese dinero se va a dedicar, es verdad, a la industria europea –es lógico, porque compran nacional los estados europeos– pero también a comprar equipos americanos, lo que reducirá las tensiones entre EEUU y la Unión Europea.

¿Hay alguna línea clara de colaboración entre OTAN y la Unión Europea?

Se abre un nuevo frente de colaboración o competición, que es la innovación. Todo lo que tiene que ver con la innovación tecnológica, tecnologías disruptivas o emergentes. Tanto la Unión Europea como OTAN han creado “hubbs” de aceleradores de innovación y el estado que ponga dinero podrá llevarse los proyectos para su industria.

Pero digamos que la tensión habitual entre ambas orillas del Atlántico se redujo mucho cuando a las empresas de EEUU se les permitió participar en programas europeos, eso sí, con unas condiciones mínimas. Además, el flujo de dinero va a permitir comprar equipos americanos y además se ha demostrado que las iniciativas de la Unión Europea en adquisiciones de material de defensa son una cuestión de mercado, no contra EEUU, pues cada estado compra donde le interesa más, dado que las compras pivotan, sobre todo, en las naciones, pues no hay de momento adquisiciones centralizadas de la Unión Europea. De hecho, los estados miembros se lo han recordado a la Comisión hace poco, que las compras las deciden ellos, no la Comisión europea.

En todo caso, con esta situación de competición frente a Rusia, las distancias entre socios son menores y existe un nuevo marco de colaboración el Consejo UE-EEUU, de comercio y tecnología, que va a ser un elemento fundamental para la competición geopolítica, sobre todo con China.

Es un nuevo foro en el que una Europa más asertiva podría acabar con la doble vara de medir de los americanos, por ejemplo, haciendo que hubiera menos trabas a exportaciones europeas a EEUU. También puede servir para afianzar el principio de reciprocidad entre EEUU y la UE, de modo que se traduzca en mayor presencia de la industria europea en EEUU y, sobre todo, en el ámbito de la normativa norteamericana de control de exportaciones de material militar (ITAR), donde los europeos encuentran problemas por el proteccionismo norteamericano.

¿Estamos ante una guerra fría incipiente, no solo con Rusia o China? ¿Se está dividiendo el mundo?

Constatamos que el orden de posguerra y liberal se ha ido erosionando y, aunque no está formalmente desmantelado, no funciona, porque hay muchos actores nuevos que consideran que el diseño de ese orden ha favorecido a Occidente en detrimento suyo, por lo que han dejado de colaborar.

Esto explica el declive del multilateralismo que tanto ha favorecido a EEUU y Europa, y entramos en un periodo de falta de reglas, normas, de competencia. Es cierto que siempre ha existido rivalidad, pero tenía como formas de alivio las normas e instituciones. Pasamos de una rivalidad a una competición estratégica donde no hay normas que se cumplan, y todos los instrumentos de los actores se usan como armas. Hay enfrentamientos comerciales tecnológicos, comerciales, por divisas…

Hay un riesgo real que se materializa en la fragmentación de ese orden en dos o tres espacios tecnológicos, de internet, de divisas, en múltiples espacios. Es la expectativa que tenemos y se irá consolidando a medida que se tome conciencia por parte de Occidente, Europa sobre todo, de que esa competición conlleva un riesgo sistémico, de modo que los actores que no reivindiquen el multilateralismo puedan llegar a desbordar a los europeos movidos por sus intereses nacionales. Estamos hablando de India y otros países asiáticos que compiten, por ejemplo, en el mercado internacional sin respeto a las normas.

Un mundo competitivo, sin normas, va a erosionar el estado del bienestar en Occidente y lo hará más y más en la medida en que no se integren todos los instrumentos de los países aliados para competir.

China lo tiene muy fácil, pero Occidente está muy fragmentado y con poco tamaño crítico para hacer frente a la competición global. Esto es lo que vemos, y lo que emerge en distintos documentos como el del Concepto Estratégico de OTAN, en el enfoque geopolítico de la Comisión europea, de otros países… Todos están adaptando su tradicional política exterior, de defensa y de seguridad, para adaptarlos a este mundo de competición que se nos viene.

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