Una de cal y otra de arena

Mundo · Ricardo Fuentes
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21 abril 2008
La historia, no la oficial, por supuesto, registrará en los sucesos de estos días dos hechos por de más trascendentes, más allá de la grotesca y autoritaria decisión de no renovar la concesión al canal de televisión más antiguo y de mayor audiencia de Venezuela.

La de "arena"

Quienes vivimos de cerca las dictaduras de Chile, Argentina y Uruguay asociamos naturalmente a los militares con la presencia en las calles, no para someter la delincuencia (por de más extendida y generalizada en Venezuela) sino para reprimir cualquier forma de manifestación popular en rechazo a decisiones gubernamentales.

Las dolorosas y repudiables imágenes que permanecen en nuestra memoria, en estos días tomaron vida, cuando pudimos ver cómo policías y militares, utilizando bombas de agua, perdigones y gases lacrimógenos, atacaron a manifestaciones pacíficas donde la gente se ponía de rodillas con las manos en alto.

Ante estos hechos, una persona honesta y responsable debe preguntarse: ¿Ésta es la revolución, el socialismo y el cambio que pregonan el presidente Chávez y su séquito?

¿Estamos a la puerta de una dictadura fascistoide, o ya la traspasamos con todos los aditivos de autoritarismo, represión, megalomanía, culto a la personalidad y coros de "eunucos mentales" que normalmente lo acompañan?

Mons. Baltasar Porras, arzobispo de Mérida, desde Aparecida, en Brasil, expresó a los periodistas sus preocupaciones sobre el futuro de Venezuela, comparando las actitudes del Gobierno de Chávez con las de Fidel en Cuba, Hitler en Alemania y Mussolini en Italia.

La de "cal"

Desde hace cierto tiempo, más que los discursos del presidente hablando maravillas y barbaridades (las primeras muy pocos las creen y las segundas avergüenzan a cualquier venezolano), o de la oposición (donde uno puede encontrar de "todo"), nos preocupaba la "anomia" que impregnaba a la sociedad venezolana, especialmente a los jóvenes. Hoy nos alegramos, más allá de las circunstancias, por las numerosas y concurridas movilizaciones de estudiantes de las principales universidades (públicas y privadas), en defensa de la libertad de expresión, condenando las actitudes antidemocráticas del Gobierno. Manifestaciones pacíficas donde se demuestra que la juventud venezolana no tiene miedo, quiere un cambio, pero no el que representa un régimen que a nombre del pueblo intenta consolidarse y eternizarse en el poder, sin importar los medios y el precio.

El pasado lunes fueron manifestaciones de estudiantes y periodistas; el martes, los jóvenes, trabajadores de oficinas y comercios (y hasta funcionarios públicos) salieron a la calle para expresar su descontento. Podríamos estar en el principio del fin…

La historia tiene demasiados ejemplos de cómo terminan estos regímenes, y Venezuela no será la excepción.

 

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