Una buena madre huérfana de su hijo

Mundo · P.D.
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13 marzo 2018
“Solo el amor puede salvar a los contagiados por la ira. Era horrible seguir las noticias en internet. No falta mucho para que las personas salgan a las calles y empiecen a descuartizarse. Me doy cuenta de que hoy debemos hablar en otra lengua. Sin intentar demostrar nada. Quizá deberíamos hablar sobre cosas infantiles, como el amor. Sí, no me puedo imaginar otra lengua. Ya nada sirve”. Estas palabras de la periodista Svetlana Alexiévich parecen escritas para describir lo que ha sucedido en España tras el hallazgo del cuerpo del niño almeriense Gabriel.

“Solo el amor puede salvar a los contagiados por la ira. Era horrible seguir las noticias en internet. No falta mucho para que las personas salgan a las calles y empiecen a descuartizarse. Me doy cuenta de que hoy debemos hablar en otra lengua. Sin intentar demostrar nada. Quizá deberíamos hablar sobre cosas infantiles, como el amor. Sí, no me puedo imaginar otra lengua. Ya nada sirve”. Estas palabras de la periodista Svetlana Alexiévich parecen escritas para describir lo que ha sucedido en España tras el hallazgo del cuerpo del niño almeriense Gabriel.

Todo el país estaba pendiente de la desaparición del pequeño. Y una ola de dolor, indignación y rabia lo ha sacudido cuando se ha sabido que seguramente la novia del padre lo ha asesinado. La rabia fue escalando de tono hasta que la madre de la criatura utilizó palabras “infantiles”, palabras “de amor”. “Se ha generado un movimiento muy bonito gracias a mi hijo –ha asegurado Patricia, la madre que acababa de saber que estaba huérfana de su hijo–. Me gustaría que continuara. Están apareciendo muchos mensajes pidiendo muerte o maldad. Entiendo que estas personas tienen la misma rabia que yo dentro, pero que lo usen para pedir bondad en el mundo”. Un bálsamo. Basta que la víctima no se deje arrastrar por el mal sufrido y todo cambia.

España entera ante el terrible desgarro de la muerte de un inocente. No es extraño rebelarse, sentir un profundo escándalo. No es extraño pensar ingenuamente que una prisión permanente es la solución. Aunque todos sabemos que nuestro deseo de justicia no quedará satisfecho con muchos años de cárcel. Una muerte así es indescifrable, inasumible por más análisis sociológicos y psicológicos que hagamos. Sabemos que es necesario un hecho más potente que el mal sufrido, un hecho capaz de restaurar la vida perdida. De otro modo la vida sería una estafa. Sabemos, deseamos, la redención. Esa de la que la madre huérfana de su hijo ha dado un anticipo.

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