Análisis de la situación en Latinoamérica

Un verdadero cambio de época

Mundo · PaginasDigital
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8 febrero 2010
Páginas Digital publica el documento aprobado en la Séptima reunión del Consejo General del Celadic celebrada en el mes de enero de 2010 en Panamá.

En primer lugar, y reiterando antecedentes internos, este documento no tiene otra intención que la de compartir con todos los miembros y amigos del CELADIC nuestras reflexiones y orientar la discusión y discernimiento de las situaciones nacionales por parte de los Capítulos Nacionales, y específicas por parte de los Equipos Temáticos.

En segundo lugar, (y también es un antecedente varias veces expuesto), no existe divorcio entre nuestro pasado y el presente; y el futuro es hijo de ambos.

Cada vez más y en la medida que buscamos entender y discernir la realidad que nos toca vivir, debemos reubicar el presente en contextos macro-históricos. El pasado no sólo existe en el pasado (como algo cronológicamente superado), sino que acompaña e interfiere el presente de un modo continuo y hasta tercamente.

Además sigue siendo válida la premisa de "quien olvida su pasado no puede comprender el presente, y menos aún vislumbrar el futuro".

En tercer lugar, es oportuno compartir una reflexión de nuestro querido amigo Guillermo Perez Sosto [1], quién se refiere a una cita de Italo Calvino en su libro "Las Ciudades Invisibles": 

"Pregunta del Gran Kan a Marco Polo: – Tú que exploras a tu alrededor y ves los signos, sabrás decirme hacia cual de esos futuros nos impulsan los vientos propicios.

Para llegar a esos puertos no sabría trazar la ruta en la carta ni fijar la fecha de arribo.  A veces me basta una vista en escorzo que se abre justo en medio de un paisaje incongruente, unas luces que afloran en la niebla, el diálogo de dos transeúntes que se encuentran en pleno trajín, para pensar que a partir de ahí juntaré pedazo por pedazo la ciudad perfecta, hecha de fragmentos mezclados con el resto, de instantes separados por intervalos, de señales que uno envía y no sabe quién las recibe.  Si te digo que la ciudad a la cual tiende mi viaje es discontinua en el espacio y en el tiempo, a veces rala, a veces densa, no creas que haya que dejar de buscarla.  Quizás mientras nosotros hablamos está asomando, esparcida dentro de los confines de tu imperio; puedo rastrearla, pero de la manera que te he dicho.[Italo Calvino: "Las ciudades invisibles".[2]]

Pensar la crisis o, mejor dicho, las periódicas crisis a las que se ven sometidas nuestras frágiles democracias como un "mazazo sobre la superficie vidriosa de un espejo", me remitieron de manera inmediata al sugestivo final que desliza Calvino en sus "Ciudades Invisibles".

No es acaso nuestro ideal de Democracia, una "tierra prometida visitada con el pensamiento pero todavía no descubierta o fundada"?

No es acaso dificultoso "trazar la ruta en la carta y fijar la fecha de arribo"?

Al igual que el Marco Polo de Calvino sólo podemos guiarnos por imágenes fragmentarias, a veces perpendiculares, a veces oblicuas, al plano donde la realidad se nos dibuja como "un paisaje incongruente".

Una también muy oportuna reflexión del Cardenal Oscar Rodríguez en nuestra reunión: "Debemos visualizar la nueva realidad que nos impacta como un territorio a explorar, una nueva humanidad para interpretar, y a pesar de muchas frágiles conciencias y que se acorta el tiempo real para los cambios, debemos asumir los problemas como oportunidades. Con el espíritu de siempre, y con el oído atento al sentir de nuestros pueblos, no podemos desmayar ante los desafíos y mucho menos ante nuestros temores. El Señor nos acompaña, alimenta y enriquece nuestro compromiso".                      

Lo que debemos reconocer, alimentar y mantener, y es la ventaja que tenemos los que nos inspiramos en el Humanismo Cristiano y la Enseñanza Social Cristiana: compartimos nuestra fé en la plenitud, la dignidad y la trascendencia, una luz que no siempre dejamos que nos alumbre, y que algunas veces la escondemos debajo de nuestras camas.

Muchas veces, en lugar de ser "levadura" en la sociedad, la fe corre el riesgo de adaptarse en forma acrítica a la cultura contemporánea, lo cual debilita nuestro testimonio. Un Arzobispo en los Estados Unidos afirma: "como cristianos, necesitamos tener una mirada mucho más firme y más autocrítica sobre nosotros mismos como creyentes, en los temas que subyacen hoy y que erosionan nuestra identidad, y en la asimilación mayoritaria – mejor se podría decir absorción – que sufrimos por parte de la cultura estadounidense" [3]

Agregando que "La clave aquí es la virtud del discernimiento – una tarea siempre exigente. Pero sería ingenuo no admitir que el discernimiento auténtico plantea problemas particulares en nuestros días, cuando la influencia de los medios de comunicación es tan avasallante. Con todos los beneficios que proveen las comunicaciones instantáneas, a causa de su adicción a lo efímero también pueden desvirtuar el peso necesariamente reflexivo de evidencia que sólo proporciona el discernimiento".

En coherencia con lo citado, debemos reconocer que se hace difícil atrevernos a visualizar "escenarios futuros que nos desafían", pero sí a citar algunos desafíos, asumidos como oportunidades, que de una forma u otra condicionan y enmarcan, tanto la interpretación de la realidad que vivimos, como la caracterización de los posibles escenarios que nos esperan en lo inmediato.

Estas reflexiones constituyen un intento por describir esas "vistas" fragmentarias en medio del "paisaje" turbulento de nuestras sociedades, teniendo en cuenta que lo que pretendemos detallar es una serie de características generales de las crisis recurrentes del ya largo período histórico que comienza en el momento de iniciarse el proceso de nuestras inconclusas y parciales independencias.

Aspiramos que este modesto aporte sea una referencia oportuna y válida para nuestros miembros y amigos, y especialmente para los Capítulos Nacionales y Equipos Temáticos, que con seguridad podrán enriquecerlo y proyectarlo en beneficio de nuestros pueblos.

No siempre los procesos coinciden con el calendario. Nosotros pensamos que no fue con el inicio de un nuevo milenio, sino ahora, que conocemos los impactos de la postmodernidad (ó en todo caso, que recién la estamos comprendiendo), y más que una época de cambios, creemos que estamos viviendo un cambio de época.

Un cambio de época que visualizamos especialmente en las dimensiones cultural y política.

En lo cultural por el impacto del acelerado desarrollo de las nuevas tecnologías, especialmente aplicadas a la información. En lo político por la necesaria interpretación y ubicación ante los diversos y complejos procesos nacionales, regionales y mundiales.

Un cambio de época donde los parámetros de análisis de la guerra fría ya no sirven para permitirnos comprender el acontecer y han pasado a la historia (salvo para algunos escasos trasnochados que intentan utilizar ideologías fracasadas para justificar sus apetitos de poder).

Una época donde las autodenominadas "izquierdas" se vuelven opresoras por falta de respuestas, las llamadas  "derechas" vacías, muchas veces integristas y también sin respuestas, y los proclamados "centros" (otrora opciones políticas mayoritarias) sin nuevas propuestas ni motivación por la pérdida de sus identidades.

La dificultad de buscar y descubrir nuevos patrones de medida que nos permitan comprender, asumir y resolver la realidad, se transforma en un desafío urgente y determinante. "Quién no sabe donde está, difícilmente podrá encontrar el mejor camino a recorrer".

Hay que detectar y configurar nuevos parámetros de análisis, quizá a partir de los nuevos espacios o líneas estratégicas presentes.

Hoy podemos visualizar tres espacios ú opciones estratégicas en la región: un espacio que podríamos denominar de la estrategia del alba, otro espacio en torno a los cambios en la  influencia política hemisférica de los Estados Unidos, y un tercer espacio, el de un equilibrismo táctico que va desde un acercamiento interesado a los otros espacios, hasta una indefinida anomia política, que puede conducir a la pérdida del equilibrio. Pero en todos los casos, con prácticas que cuestionan, en gran parte, la plena vigencia democrática.

La estrategia del Alba

Ante el caso de la "estrategia del alba" (que no es ningún amanecer), compartimos el análisis de nuestro querido amigo Fernando Mires [4] sobre la "hibridocracia".

A pesar de los importantes avances logrados, los actuales enemigos políticos de la democracia necesitan de ella para ocultar, en nombre de la misma, a las más astutas formas y métodos totalitarios.  Esa instrumentalización de la democracia por sus enemigos es el fenómeno político que denominamos "híbridocracia", la forma como tienden a presentarse las dictaduras post- modernas.

Al igual que en la mitología griega que nos presentaban los centauros y los faunos como cruces de hombres con animales, hoy se nos presenta un cruce entre democracia y dictadura, una fachada democrática para tristes y lamentables formas y prácticas absolutistas.

El surgimiento creciente de híbridocracias es considerado -paradoja- como un síntoma en la hegemonía mundial de la idea de la democracia, que ha llegado a ser algo así como un programa compatible a escala internacional: una especie de Microsoft político. Con ello se demuestra que la democracia no sólo puede ser una forma de gobierno sino también una forma de representación pública.  Y en la arena internacional no importa tanto que un gobierno sea democrático, sino que lo parezca. Eso es lo que han logrado la mayoría de las híbridocracias de nuestro tiempo. No son democráticas, están muy lejos de promover y garantizar una efectiva y consciente participación popular, se agotan en los momentos electorales, pero son reconocidas como tales y eso es, al fin, lo único que a algunos les importa.

Desde luego, los dictadores híbridos, no se cansan de simular una teleología política presentándose como forjadores de una "nueva era" (un "new deal" pero no lo dicen porque dicen ser antiimperialistas). Pero pasan y pasan los años y de la "nueva era" no aparece ningún rastro.

Lo único que se fortalece y amplía es la estructura híbrida del aparato de dominación dictatorial. La "nueva era" es como el Godó de la obra de Ionesco: no llega y nunca llegará. Más aún, Godó, así como la "nueva era", sólo pueden existir bajo la condición de que no lleguen.

¿En dónde reside la carta de representación democrática de las híbridocracias? La respuesta es muy sencilla: en las elecciones, nada más que en las elecciones. Aunque parezca paradoja:

En cierto modo las híbridocracias han aprendido, y muy bien, la lección impartida por los fascismos europeos. Tanto Hitler como Mussolini se hicieron del poder utilizando medios electorales. Pero las híbridocracias van más allá, no suprimen las elecciones, sólo las pervierten. Después de todo al mundo "democrático" eso no le importa. Lo importante es que se realicen elecciones cada cierto tiempo. Nada más. Las elecciones en las híbridocracia no son hechas para elegir sino para legitimar.

En cierto modo ellas conocen los dos dogmas de la ONU:

a) el principio de no intervención (lo que significa que cada gobernante puede hacer las porquerías que estime conveniente en su nación, siempre que no las haga afuera) y; b) la legitimación electoral.  Las híbridocracias cumplen, por lo general, con ambos requisitos.

Ante estas situaciones debemos preguntarnos (y respondernos, que es más importante), ¿en que marco de pensamiento podemos confrontar y superar estas híbridocracias, elementos centrales de la estrategia del ALBA?

La simple mención o autodefinición de "demócratas" no es suficiente para caracterizar un movimiento o una alternativa política. Debemos preguntarnos: ¿Cuál es su propuesta de desarrollo para permitir la superación de la exclusión y la reducción de la brecha?

Es en la dimensión política de un modelo alternativo de desarrollo humano integral, donde podemos encontrar las respuestas, porque es allí donde se puede asumir una de las exigencias de la integralidad del desarrollo.

Porque no es posible pensar en un desarrollo económico y social sin un efectivo desarrollo político. Y ese desarrollo político, en el marco de una auténtica democracia, debe garantizar la más amplia, coherente y efectiva participación de todos, es decir, superar toda forma de exclusión, y transformarse en un efectivo proceso de inclusión ciudadana, donde todos podamos decidir desde las formas para preservar el medioambiente, hasta la recuperación y profundización de nuestra identidad cultural.

Lo afirmábamos cuando todo el mundo desbordaba de entusiasmo con la elección del Presidente Obama: "nos alegramos por la aparición de un presidente afrodescendiente en los Estados Unidos, pero, pensar que una persona puede cambiar las políticas de una nación como los Estados Unidos, desconociendo la acción e influencia de los sectores de poder, significa no saber nada de ese país". 

Por más promesas que Obama haya hecho para cambiar la política guerrerista de los Estados Unidos, el sector armamentista, uno de los que más aportan al PBI norteamericano, no puede dejar de vender armas y para ello deben existir quienes estén en guerra y tengan que comprarlas, o quienes en contra de los intereses y necesidades populares, compran "chatarra" para congraciarse con el "imperio".

Rechazamos en la misma forma a quienes hacen responsable al Gobierno de los Estados Unidos de todo lo que sucede en Latinoamérica, como a quienes lo involucran o le exigen posturas ante cada uno de nuestros problemas.

Pero existe una larga historia de presencia, incidencia e intervención (incluso militar en más de 50 oportunidades) de los Estados Unidos en nuestra región. Y este hecho a generalizado intereses, incluso compartidos con muchos sectores de nuestras sociedades. Basta tener en cuenta que luego de electos, gran parte de nuestros presidentes y antes de asumir sus mandatos, hacen una "visita de cortesía" al Gobierno de los Estados Unidos.

Ante el caso Hondureño, apreciamos con preocupación una ambigüedad manifiesta, para algunos, pidiendo la restitución de Zelaya como una simple táctica para neutralizar la estrategia del Alba; para otros como expresión de diferencias políticas.

En los hechos (y el reciente Informe del Estado de la Nación así lo demuestra), el Gobierno del Presidente Obama muestra claras incoherencias con las promesas hechas en la campaña electoral, como clara consecuencia del equilibrio que debe mantener por la presión de los grupos de interés (lobbys) que operan en la política norteamericana, como expresión de los grandes centros de poder económico y financiero.

En función de ello deriva la política internacional [5], y como clara consecuencia, a pesar de compartir un mismo continente, la política hacia Latinoamérica no ocupa los primeros lugares.

A partir de lo citado, la política de Estados Unidos hacia Latinoamérica se ajustará (como siempre ha sido), más o menos agresiva y beligerante, en forma global o selectiva, en función de sus intereses (especialmente económicos y financieros).

El desarrollo humano integral de nuestras naciones no será obstaculizado, en la medida que no condicione o haga peligrar los intereses de los Estados Unidos. 

Uno de nuestros desafíos es demostrar que un efectivo y coherente desarrollo humano integral, en el marco de una Comunidad Latinoamericana de Naciones, garantizará la paz en la región y por ende, mejores condiciones de desarrollo para los Estados Unidos.

En varios de nuestros países no se han generado cambios políticos determinantes (más allá de los discursos y promesas electorales), y mantienen su vigencia partidos y movimientos considerados tradicionales ó históricos (Perú, Colombia, Panamá, Costa Rica, Guatemala, México, y otros).

Este hecho no significa que estén exentos de la crisis de identidad que ha impactado las corrientes de pensamiento, ni que estén superando el vacío de propuestas del que adolece nuestra región, más allá de algunos éxitos parciales (la lucha contra las guerrillas en Perú y Colombia).

Tampoco ello significa que hayan superado (o lo estén haciendo) las condiciones que han generado y sostienen la injusta distribución de la riqueza, con sus lamentables secuelas de pobreza, miseria y exclusión, a pesar de haber logrado (en muchos casos) importantes resultados macroeconómicos.

Lo que es claramente apreciable (aún con diferencias y matices) son los alineamientos circunstanciales (hacia los otros espacios o estrategias), que dependen del tema y la oportunidad, muchas veces de intereses gubernamentales o de los sectores o grupos allí ubicados, pero en todo caso, nunca en función de un pensamiento determinado o valores que se ubiquen por encima del quehacer político.

Estas situaciones, aparentemente estables, dependen de su capacidad de promover y facilitar el acceso de nuevos dirigentes, de saber escuchar y responder a las necesidades y aspiraciones de nuestros pueblos, y especialmente de promover modelos de desarrollo humano integral que los superen como gobiernos y como partidos.

La crisis en su dimensión ético-política

En un reciente informe ante la Comisión de Asuntos Económicos del Congreso de los Estados Unidos, el Sr. Ben Shalom Bernanke anunció que las proyecciones de la Reserva Federal apuntaban a un crecimiento seguro para los Estados Unidos, en el año 2010, superior al 2%.

Cuando se acallaron los aplausos, un Senador y no precisamente republicano preguntó sobre las proyecciones del desempleo. El Sr. Bernanke informó que el mismo se incrementaría en aproximadamente un 10%.

Independientemente de las cifras, para el Sr. Bernanke (y por supuesto para la mayoría de los presentes en esa reunión) la prioridad estaba en el crecimiento macroeconómico y no en las personas. 

Nuestras diferencias no pueden estar sólo en las políticas que se aplican o se dejan de aplicar, sino en la necesidad de confrontar a quienes desplazan a "la persona" como  centro y objetivo fundamental del desarrollo de nuestros pueblos.

Se nos habla de "trabajo decente" eliminando la dimensión de "dignidad" que conlleva el trabajo humano por ser la función de una persona al recrear la naturaleza solidariamente con otras personas, y factor fundamental de dignificación de nuestros pueblos.

Se nos habla de "empleo" sustituyendo al "trabajo humano" y sin ubicarlo correctamente, se sustituye con el "crecimiento" la dimensión "integral del desarrollo", etc. etc.

La Santa Sede [6] en la reciente Conferencia de la Organización Mundial del Comercio reclamó la necesidad y urgencia de reconocer la dignidad y el deseo de libertad de todo ser humano, demandando que el mercado debe estar dirigido hacia el bien común, respondiendo a las necesidades de los más de mil millones de pobres. Por ello, reclamó, debemos pensar en un sistema de comercio fundado sobre el principio de la justicia social.

También hace muy pocos días, el Secretario de Estado [7] del Vaticano, en una presentación muy diferente a la del Sr. Bernanke, afirmó que la última encíclica "devuelve al hombre al centro de un nuevo humanismo, cuyos valores son la caridad y la verdad, dos realidades fundamentales de un profundo arraigo de la persona misma".

Los modelos (económicos y políticos) inspirados en la sacralización del mercado o en el capitalismo de estado, han desplazado a la persona humana del centro de todo el quehacer societal, sustituyéndola por la satisfacción del lucro, la ostentación y el poder.

Uno de nuestros más grandes desafíos en esta nueva época debe ser recuperar y profundizar la centralidad de la persona y el trabajo humanos, es decir, un nuevo humanismo con dimensión trascendente, en la política y la economía, en lo social, cultural y medioambiental.

Del marco general internacional, regional o nacional en cuanto a la pérdida de valores y ausencia de ética en el manejo de la "cosa pública", lo más preocupante y que constituye el fondo de toda la problemática, es el desplazamiento de la persona humana como eje central de todo el quehacer societal y político, sustituyéndola por intereses economicistas y consumistas de moda.

Con especial preocupación presenciamos como, junto al desplazamiento de la persona humana, en un profundo "hoyo negro" desaparecen las esperanzas, la creatividad y la responsabilidad de quienes deben pensar y elaborar propuestas. Parecería que todos aceptáramos que existe una prohibición genérica de pensar, de elaborar, y especialmente de ser coherentes con lo que se piensa.

La generalizada crisis que soportamos históricamente, se expresa en su forma más grave y peligrosa en la pérdida de identidad, en el vacío de pensamiento, en la ausencia de propuestas, en la desaparición u ocultamiento de valores y principios que heredamos de nuestros ancestros y fueron enriquecidos por el Evangelio.

La crisis en lo político y lo social

Es especialmente en las dimensiones políticas y sociales donde se aprecia y se sufren las mayores y más graves consecuencias de esta crisis.

En el campo político, si bien existen dirigentes y movimientos de una gran coherencia y espíritu de cambio, mayoritariamente sufrimos el descrédito de los partidos y movimientos, y la pérdida de confianza en los dirigentes. La democracia, acorralada muchas veces en periódicos ejercicios electorales, con muy bajas y escasas posibilidades de discusión de programas o proyectos, obligan a la mayoría de ciudadanos a "optar por el mal menor", en lugar de practicar la enriquecedora posibilidad de elegir un destino común.

Los altos niveles de corrupción, la impunidad y la falta de propuestas éticas para el financiamiento de la política, no sólo agravan la situación, sino que la condicionan en su superación.

Esta situación crea el clima propicio para cualquier aventura política que, disfrazada o no, intente legitimarse por la vía electoral.

En el campo social, con el creciente deterioro por pérdida de identidad y apoyo de gran parte de las organizaciones sociales (sindicales especialmente). La falta de relevo de los cuadros dirigentes, las manipulaciones por parte de partidos o movimientos políticos y/o económicos, y lamentables prácticas de corrupción, han condicionado a muchas organizaciones y movimientos de trabajadores y sociales, para defender y representar los intereses y necesidades de los sectores más empobrecidos y excluidos.

Dolorosamente se ha ido perdiendo, en muchos casos, la responsabilidad de buscar y regirnos por la verdad, de asumir las diferencias con los demás como una hermosa forma de enriquecernos, de saber escuchar antes de hablar, de aprender a ver más que a mirar, de anteponer sentimentalismos a los sentimientos, e intereses a las razones.

Esto nos ha conducido a un vacío de pensamiento que nos ubica en preocupantes situaciones de anomia política, apatía social y de desesperanza, que nos empujan a formas de pragmatismo individualista profundamente reñidas con el sentir compartido y comunitario que heredamos, cuando no al escapismo hacia otras realidades o a lamentables aventuras políticas que intentan resucitar ideologismos ya fracasados.

Por otra parte no hemos avanzado en robustecer y consolidar nuestras estructuras políticas y sociales, para que puedan garantizar y profundizar en forma compartida los avances logrados.

Aquí también aparece como una gran limitante el agotarnos en "políticas de gobiernos", en lugar  de promover y asegurar efectivas "políticas de estado" que superen en el tiempo y en los resultados las efímeras realizaciones gubernamentales.

Debería existir en cada una de nuestras naciones una prioridad central, urgente y compartida, para responder a las necesidades de los 5 sectores más vulnerables e indefensos de nuestras sociedades: los seres humanos en gestación, los niños, los pobres y excluidos, las personas con limitaciones y los ancianos.[8]

El responder a las necesidades y aspiraciones de estos sectores, debería ser el factor de medida esencial para caracterizar el desarrollo humano integral de nuestros pueblos.

Existen algunas tendencias que por generalizarse y agravarse sistemáticamente nos hacen temer por una solución efectiva y a corto plazo.

Una de ellas es la inseguridad, utilizada en algunos casos como instrumento político-ideológico, y otra la desregulación laboral que ha facilitado el crecimiento insostenible del empleo ilegal (empleo en negro), empleo precario, deterioro en las condiciones de trabajo, empleo sin contratación, etc.

Ante una permanente actitud de explotación humana por importantes sectores empresariales, debemos destacar los importantes esfuerzos que se vienen haciendo por parte de algunos empresarios y sus organizaciones en la Responsabilidad Social de las Empresas, cuando se asume en forma efectiva superando las tentaciones que se agotan en la publicidad, convencidos que "es un buen negocio ser solidarios".

Urge la necesidad de impulsar una nueva generación de dirigentes que permitan superar la proliferación, salvo muy pocas y honrosas excepciones, de conductores sin conducta que en lugar de ejercer la función pública o social, como un servicio a la comunidad y al bien común, se sirven del bien común en función de sus intereses personales o grupales.

A pesar que en Latinoamérica y desde las mismas independencias nacionales, es decir, desde hace doscientos años intentamos regirnos por la noción clásica de la Democracia Representativa, en promedio, nuestra región vivió casi dos tercios del tiempo bajo dictaduras militares (o militaristas), y no bajo democracia.

Habría que pensar que "no podemos exigirles a la mayoría de nuestros pueblos que se comprometan con la democracia y la libertad, cuando éstas no les ayudaron a resolver sus necesidades y aspiraciones fundamentales" [9].

Sin embargo, y muchas veces sin explicitar fundamentos válidos, en los últimos tiempos y en varias situaciones, se rechaza el concepto de Democracia Representativa, intentando sustituirlo por el de Democracia Participativa, sin tampoco mucho éxito en una praxis efectiva, más allá de los discursos y los ejercicios electoralistas.

Debemos preguntarnos si es válido hablar de "Democracia Representativa" sin participación, o de ·"Democracia Participativa" sin representatividad.

Sin fundamentaciones válidas (más legítimas que legales), todo cae en la demagogia de los "aprendices de brujo" que intentar justificar lo injustificable, escondiendo, muchas veces, objetivos e intereses que nada tienen que ver con la democracia.

Sí, se va generalizando, más allá de los intereses particulares de algunos dirigentes que promueven su reelección, un rechazo a las formas unipersonales y presidencialistas (como exceso de las presidenciales), y aparecen en algunos sectores propuestas de "Democracia Parlamentaria", que tampoco puede dejar de ser representativa y participativa, aunque en varias experiencias demuestra importantes grados de ineficaz "parlamentarismo".

En la dimensión de un cambio de época que citábamos, quizá debiésemos superar la discusión meramente política o estructural, legal, constitucional o semántica sobre la "Democracia" y ubicarla en el contexto de Un Desarrollo Humano Integral, siendo coherentes con el estudio que compartimos y editamos en Marzo.2009.

Cuando reafirmamos nuestra concepción del Desarrollo, lo hicimos asumiendo la centralidad de la persona y el trabajo humanos como ejes vitales y esenciales de nuestro desarrollo. La persona con su dimensión trascendente y el trabajo como el factor fundamental de dignificación de la persona y culturización de nuestros pueblos.

Pero además lo definimos como "humano integral", es decir, asumiendo todas las dimensiones de la persona, desde su rol económico y social, como su rol político, cultural y medioambiental.

Con relación a las formas que debe adquirir cada una de las dimensiones, muchas de ellas se proponen en nuestro Estudio, otras deben ampliarse o profundizarse. De la misma forma que debemos profundizar sobre las formas y mecanismos con los cuales hay que desarrollar una economía al servicio de las personas y no a la inversa, o la responsabilidad, estructura y derechos a aplicar en lo social, también debemos hacerlo en la dimensión medioambiental o como recuperamos y profundizamos nuestra identidad cultural, o cuales son las mejores formas para asumir en la dimensión política, la representatividad real de nuestras sociedades y la participación efectiva y responsable de todos en el quehacer político.

Lo que estamos obligados a evitar, es que las discusiones sobre las formas y estructuras neutralicen los objetivos centrales de "la política", entendida como vocación y servicio al bien común, del que todos somos responsables.    

Dimensión socio-económica de la crisis

Con excluidos (económicos, políticos, sociales o culturales) se vuelve muy difícil construir o consolidar la paz y la democracia en nuestras sociedades. Por el contrario, de mantenerse las múltiples formas de exclusión, se está condicionando la vigencia de la justicia y de la libertad, y como consecuencia, de la esperanza.

Si analizamos las estadísticas de la CEPALC del 2008, nos muestran una reducción del 43,8% al 33,2% de las personas calificadas como pobres, entre 1999 y 2008, prácticamente 10 años, y los niveles de la extrema pobreza, también denominados como indigentes, entre 18,5% y 12,9%. Esto significa que de 211 millones de pobres, hoy quedan 182 millones y de 89 millones de indigentes, hoy califican 71 millones.

Por otra parte, "después de crecer 6 años de manera ininterrumpida, el PIB de América Latina y el Caribe se contrajo un 1,9% en 2009, de acuerdo con las estimaciones de la CEPALC. Esta caída supone una reducción del PIB por habitante de alrededor del 3,1% y tendrá un impacto negativo sobre el mercado laboral. Se prevé además que, como consecuencia de la disminución de la demanda de trabajo, la tasa de desocupación (abierta) regional aumente del 7,5% observado en el 2008 a alrededor del 9% en el 2009". [10]

Aquí una aclaración que consideramos indispensable: no es fácil manejar estadísticas, aunque se llamen oficiales y provengan de un organismo intergubernamental serio como lo es la CEPALC. En el fondo, porque en varios de nuestros países las estadísticas oficiales no son confiables, y además, siempre debemos cotejarlas con otras estadísticas, que muchas veces no se juntan para que no sean comparativas. Por ejemplo, sería muy interesante comparar los índices macroeconómicos, con las ganancias de corporaciones transnacionales y con el desempleo total (es decir, incorporando a los trabajadores sumergidos en la denominada "economía informal").

Porque la región latinoamericana, en la misma década creció, en términos globales, a un promedio del 5% anual, cantidad más que suficiente para superar en más del doble los índices citados de pobreza.

Para un ejemplo: Brasil. Luego de 17 años de la Campaña "Navidad sin Hambre" y la existencia de varios programas gubernamentales, si bien se demuestra una reducción muy positiva de la extrema pobreza, aún no se han podido reducir los 15 millones de personas con insuficiencia e inseguridad alimentaria.

Y es que no se redujo la brecha en la distribución de la producción y la riqueza, sino que, aunque levemente, siguió en aumento.

Con más gastos de algunos Gobiernos, especialmente en armamentismo, no se superan necesidades en infraestructuras, y en muchos países se reducen las aportaciones en materia de educación, salud y vivienda.

Debemos asumir que la "economía" no es la crisis, sino que equivocadas políticas económicas han generado las crisis. Que existen serios problemas inmediatos como el problema energético, pero junto al problema no podemos perder de vista los significativos avances tecnológicos.

Asumiendo los problemas como oportunidades, deberíamos promover, animar y apoyar la búsqueda de soluciones pensando en la dimensión social y asumiendo la centralidad de la persona humana, a partir de los significativos avances tecnológicos, compartiendo solidariamente las posibilidades para asegurar la justicia y la paz.

A los casi 200 millones de hermanos excluidos en Latinoamérica, desempleados, hambrientos y marginados, no se les puede exigir que comprendan y asuman sus responsabilidades democráticas, o sean capaces de visualizar y acompañar propuestas alternativas de desarrollo, cuando toda su vida está centrada en la búsqueda de empleo y sustento, condiciones básicas y elementales de sobrevivencia.

La crisis internacional

No es posible pensar en el futuro de Latinoamérica, o intentar interpretar los desafíos que nos presionan, sin considerar como uno de los factores incidentes, a la crisis que nacida como financiera y en los Estados Unidos, hoy se ha transformado en una crisis económica de nivel internacional, que aún no ha sido superada y con impactos (como un tsunami) en todas las regiones del planeta.

Intentar confrontar el proceso de globalización que vivimos resulta hoy un esfuerzo por demás anacrónico y estéril. Pero asumirlo acríticamente y justificarlo, implica, para nosotros, una complicidad histórica difícil de defender.

Se mantienen mayoritariamente en la región (aunque con discursos muy diferentes y algunas veces contradictorios), buena parte de las políticas definidas en el Consenso de Washington, aunque su base de inspiración (el pensamiento neoliberal) haya colapsado con la actual crisis internacional, donde la sacralizada independencia autorreguladora del mercado generó la mayor intervención estatal conocida en toda la historia de la humanidad.

Algunas de estas políticas, cuando han sido aplicadas correctamente, han facilitado que muchos de nuestros países hayan reducido al mínimo el factor inflación, mejorado las políticas fiscales y creado condiciones para asumir en mejores condiciones la crisis internacional.

Sin lugar a dudas, el devenir histórico del género y la inteligencia humanos nos ha llevado a avances progresivos en multitud de aspectos. Sin lugar a dudas, implica una evolución sustantiva que debería permitirnos superar desde enfermedades incurables en el pasado, nuevas formas de conocimiento, hasta la erradicación de la explotación humana y lamentables situaciones de miseria y exclusión que vivimos a diario en nuestro planeta.

Los cambios y la velocidad con que estos acontecen, han promovido una serie de transformaciones en la estructura misma de la sociedad mundial, que se han popularizado con el nombre de globalización.

Desde la perspectiva de una visión reduccionista, la globalización es una suerte de ideología, que se despliega en el continuum que va de la "receta" al ‘'dogma".

El PNUD así lo afirma en sus análisis: "La receta de la liberalización de los mercados nacionales y mundiales y la creencia de que las corrientes libres del comercio, las finanzas y la información producirían (por sí solas) el mejor resultado para el crecimiento del bienestar humano"[11] eran sostenidas como inevitables con una convicción abrumadora.

Sin embargo, el proceso de mundialización que presenciamos es, desde nuestra perspectiva, un desarrollo complejo de cambio social global que se ha caracterizado por la multiplicidad de los fenómenos, la profundidad de sus efectos y el vertiginoso ritmo de su marcha.

El hecho mismo que los avances globalizadores se hayan concentrado en los aspectos económicos y financieros, por encima de los demás, demuestra con claridad como intereses, operando desde los centros de poder hegemónico mundial han incidido en el aprovechamiento unilateral de esos avances.

Creemos que la generación de un efectivo libre comercio ayudaría en forma determinante al desarrollo de las naciones. Sin embargo, la vigencia de un proteccionismo aplicado por las grandes economías hace que el libre comercio se transforme muchas veces en una grave condicionante para el desarrollo de las economías emergentes.

No es posible separar estos aspectos del pensamiento inspirador de estos procesos, y de gran parte de las políticas aplicadas: el pensamiento neoliberal ó neoconservador, el disfraz que adoptó el sistema capitalista para esta época, y que ha sido el gran fracasado en la crisis internacional reciente.

Brillantemente, Su Santidad Benedicto XVI en su reciente Encíclica[12] ubica con meridiana claridad las causas de la crisis "la ambición desmedida, el acendrado individualismo, el deseo de enriquecerse rápidamente, la corrupción, el endiosamiento del mercado, el lucro como valor en sí mismo, el consumismo, la contaminación, el desprecio a los pobres…"

Fundado sobre la "mano invisible del mercado" para regular todos los excesos y defectos de las políticas económicas, y la reducción del estado en todo el quehacer económico, el modelo neoliberal hace eclosión y obliga a una intervención estatal jamás vista en la historia de la humanidad.

La alegría que nos produjo escuchar a varios líderes mundiales afirmando que las causas eran fundamentalmente de carácter ético, se nos fue diluyendo en la medida que constatamos la utilización de la vía financiera como única y exclusiva para resolver la crisis, y lo ético sólo se refería a ciertas actitudes personales y no a la caracterización de las "reglas de juego" económico-financieras que regulaban (y continúan regulando) la economía mundial.

Vemos como se financia a los responsables de la crisis, cuales son los impactos a nivel regional (a pesar de los "blindajes" declarados por nuestros gobernantes), como se ayuda a empresas transnacionales (que han lucrado durante décadas con nuestras materias primas y un endeudamiento que nos sigue condicionando) para que se reestructuren, y antes (o después) de declararse en quiebra, se dediquen a despedir cientos de miles de trabajadores, cerrar plantas y eliminar las inversiones productivas en nuestros países. [13]

En nuestro "Análisis de la Situación Latinoamericana y Mundial" presentado al inicio del 2009 y que sirvió de base a las reflexiones del 6to. Consejo General, proponíamos como una alternativa ineludible "atacar directamente las causas de la crisis, acordando por consenso nuevas reglas de juego, un nuevo marco ético-regulador que responda a las necesidades de las personas y no a intereses de grupos que han especulado y se enriquecieron irresponsablemente, y crear las condiciones de reestructuración de los organismos financieros internacionales para que controlen su cumplimiento".

En el fondo, se trata de promover un modelo integral al servicio de las personas y no a la inversa como ha sucedido hasta la fecha.

Era, y aún es, el momento para poner sobre la mesa de discusiones una reforma de los organismos internacionales que implique una mayor participación y más democrática de todas las naciones. La recientemente fracasada Cumbre de Copenhague sobre el Clima Mundial lo pone claramente de manifiesto. [14]

Nada de esto está sucediendo, o, mejor dicho, se reiteran las hemorragias discursivas y todo termina cobrando los mesoneros de los organismos internacionales un aumento para su funcionamiento.

El analista y sociólogo alemán radicado en los Estados Unidos, Zygmunt Bauman, acaba de lanzar un nuevo libro con un título más que sugestivo: "Salvemos al trabajo, no a los bancos", y lo asumimos en la necesidad de generalizar la dignificación humana a partir del trabajo y la promoción del empleo, como una prioridad para superar la crisis.

Hace unos pocos meses, Joseph Stiglitz afirmaba: "Parece ser que Wall Street tiene más influencia en la Casa Blanca de la que se dice y se pensaba".  

Varios analistas macroeconómicos nos hablan que no sólo no se ha superado la crisis económica internacional, sino que parece ser que el impacto más determinante aún no se ha manifestado.

Ante la agresividad de intereses económicos y financieros transnacionales (no sólo impuestos, sino también aceptados por nuestros dirigentes gubernamentales), debemos apostar a que seamos capaces de mirar a nuestros pueblos, asumir nuestras propias necesidades y rescatando nuestros valores originales, pensar e impulsar un modelo alternativo de desarrollo humano integral, que sea coherente con la centralidad de la persona, y con el trabajo humanos, factor esencial de dignificación de los latinoamericanos.

No podemos perder de vista a naciones que fueron destruidas por la Segunda Guerra Mundial, como el ejemplo de Alemania, ha logrado altos índices de desarrollo económico con efectivos beneficios sociales, a partir de políticas inspiradas en una "Economía Social de Mercado", impulsada por el democristiano Konrad Adenauer.

Sin dudas, la crisis también abre nuevas posibilidades, y es determinante el rol que pueden jugar los países emergentes, tanto para forzar los necesarios cambios a nivel internacional que faciliten el surgimiento de nuevos paradigmas de desarrollo, como para encabezar un despertar, con nuevas iniciativas, de un auténtico desarrollo humano integral e inclusivo en toda la región. El riesgo que debemos  evitar son las nuevas (y viejas) formas de dominación y de sometimiento, de las que nadie está libre.

A esto, crisis Hondureña mediante, habría que agregar las dudas, incoherencias y desconocimiento de la realidad latinoamericana que tiene el Presidente Obama, y que puede conducir a nuevas y preocupantes aventuras.

De cualquier manera, aunque mejor que en el pasado en términos macroeconómicos, "no estamos blindados", la crisis internacional no ve la luz al final del túnel, y son impredecibles sus consecuencias.

Los que no nos quedamos en el pasado con los "slogans" contra el neoliberalismo y conocimos el proceso de gestación de ese pensamiento desde los centros en Estados Unidos y Europa, vemos con preocupación que no existen ni se presentan otras alternativas, más que un "repítame la dosis".

Tampoco apreciamos ajustes que faciliten la eliminación de criterios fracasados con otros que mejor se adaptan a las realidades de una humanidad y un planeta cambiante y con serios riesgos de eclosión.

Coincidimos con el filósofo y analista político alemán Hans Wolfgang Böckenförder en sus críticas al "sistema capitalista", diferenciándose de Karl Marx al negar por insuficientes esas críticas como para elaborar una ideología (el marxismo) que la historia y los soviéticos se encargaron de hacer fracasar, al sustituir el capitalismo privado por el capitalismo de estado, entre otros errores históricos, e intentar resolver lo social hipotecando la libertad.

Salvando la lógica aceptación del "factor capital" el todo el quehacer de la dimensión económica de un desarrollo integral, objetivamente no aparece en el actual horizonte del pensamiento contemporáneo ninguna otra propuesta alternativa, a partir de los centros de pensamiento y de poder hegemónico mundial.

Las evidentes contradicciones del Consenso de Washington, en algunos aspectos vinculadas al pensamiento neoliberal, otras a las interpretaciones interesadas que se generaron, (aunque en algunos aspectos generaron políticas acertadas para el desarrollo de la región) parecería aconsejar la necesidad de un nuevo modelo, aún en el marco del mismo sistema capitalista, que ha demostrado históricamente una gran capacidad de "metamorfosis", "mimetización" y adaptación a nuevas realidades.

Sin embargo, no aparecen indicios de ningún  nuevo disfraz para el viejo payaso, presentado como el gran ideal, finalmente beneficioso para algunos e injusto para las grandes mayorías.

Muchos dirigentes nos siguen hablando de cambio, pero parece repetirse la famosa frase del Gatopardo[15] : "algo debe cambiar para que todo siga como está".

Y además, en muchos de nuestros países, ante el vacío ético y de pensamiento y propuestas, debe agregarse la nueva moda de intentar perpetuarse por medio de las reelecciones.

Aunque sea el Primer Ministro del Reino Unido que proponga (como lo hizo), aplicar la Tasa Tobin, toda su política financiera está fundada sobre los grandes intereses financieros ingleses.

Aunque sigamos escuchando discursos que correctamente fundamentan la crisis en causas eminentemente éticas (como lo hizo el Presidente Sarkozy de Francia), no se conocen nuevas propuestas de cambios con principios éticos.

Si bien apreciamos un generalizado vacío de pensamiento y de propuestas, nos preocupa que el mismo esté impactando a los máximos niveles de conducción política internacional.

Muchos en otras latitudes hacen referencia a un supuesto fenómeno de "izquierdización" en la región, cuales son las causas y cuales las consecuencias, a la luz de algunos años de experiencia bajo dictaduras de la Seguridad Nacional, con intentos de rebelión foquista, o masificación socializante.

Una primera aclaración que debemos hacer es diferenciar las situaciones que están en proceso en Nicaragua, Venezuela, Ecuador, Bolivia, Brasil, Argentina, Paraguay, Uruguay y Chile.

No es lo mismo el "kischnerismo" en la Argentina que el caso Correa en Ecuador, ni Chávez en Venezuela, la concertación en Chile, el Frente Amplio en Uruguay, Lula en Brasil y mucho menos Ortega en Nicaragua ó Evo Morales en Bolivia, aunque algunas veces estos líderes contagien sus discursos, y luego en la práctica los ajustan a sus intereses particulares.

Las significativas ausencias en la reciente Cumbre del Alba celebrada en Cuba, lo demuestran con total claridad.

Para nosotros si bien existen algunas causas comunes, cada proceso tiene profundas y especiales diferencias que no es el caso analizar.

Un  elemento común en casi todas las situaciones: estos procesos son consecuencia (en su gran mayoría) de la pérdida de identidad de los partidos tradicionales, ó, visto desde otro ángulo, la pérdida de confianza por los pueblos en viejos métodos y recetas políticas que no resolvieron las necesidades y aspiraciones de las grandes mayorías.

Otro elemento es la manifiesta dependencia de factores externos que mostraron muchos de los gobiernos sustituidos, con lamentables consecuencias para nuestros países.

No tiene ningún sentido hablar de "izquierdización" cuando en realidad se trata de un despertar de nuestros pueblos que debemos interpretar adecuadamente y orientar políticamente.

Lamentablemente no en todas las realidades existen buenos niveles de formación y conciencia política, ni tampoco una clase dirigente capaz de interpretar este fenómeno.

Por ello, y en la gran mayoría de los procesos electorales, no existen ni se promueven condiciones para "elegir", sino solamente se está obligado a "optar por el mal menor", y tampoco se trata de optar por programas de fondo o proyectos diferentes, sino que la "mercadotecnia electoralista" define los temas más receptivos por las masas, con un altísimo nivel de superficialidad. (Vale la pena tener en cuenta que en una buena parte de los dirigentes de estos procesos de "izquierdización", fueron electos con el asesoramiento de empresas de "mercadotecnia electoral" de origen norteamericano).

Y lamentablemente esta situación conduce, cuando no se cumplen las promesas electorales o no se responde a la esperanza y confianza depositada, a nuevas forman de anomia mental, apatía política, en medio de la somnolencia típica que se tiene al despertar, cuando no a alimentar un torbellino de fracasos que envuelve y sumerge en profundidades difíciles de superar.

Cuando vemos como el pueblo ecuatoriano es capaz de desprenderse de varios presidentes en apenas 3 años porque no cumplieron con lo prometido, cuando en Uruguay se eligió y reeligió una alternativa progresista luego de toda una historia de partidos tradicionales, cuando en Paraguay el pueblo fue capaz de erradicar una corrupta y corruptora dictadura de más de 50 años, cuando en Bolivia se elige por vez primera un Presidente de origen indígena, cuando en Honduras el pueblo demostró su profunda convicción democrática y de rechazo a la ingerencia extranjera enfrentando con valentía la opinión de todo el mundo, incluso, cuando en Chile y después de 20 años de Concertación el pueblo elige una opción calificada de "derecha", más allá de todas las limitaciones de estos procesos, humanas y políticas, debemos asumir la difícil, pero hermosa tarea de escudriñar y oír, el sabio murmullo de pueblos que quieren despertar, y a pesar de cargar con limitaciones en su madurez política, intentan buscar nuevos caminos de dignidad y paz, con justicia social.

Que beneficioso sería para nuestros pueblos que diferentes corrientes de pensamiento político compitieran efectivamente, para ver quienes pueden resolver los problemas económicos, sociales y políticos que nos afectan, y no se agoten mediocremente en la búsqueda y usufructo del "poder" político, en forma tan efímera como irresponsable.!

Más que buscar los errores que se cometen en estos procesos, debemos estar atentos a dos elementos de especial importancia: en primer lugar, tener claro que no son los sectores populares los responsables de estos procesos, sino los sectores que utilizaron o usufructuaron antes el poder para beneficio particular; en segundo lugar, la incidencia de "ideologismos" ajenos a los intereses y aspiraciones populares, a la manipulación que de estos procesos se puede hacer, impulsando alternativas hasta contradictorias con los intereses de las mayorías.

Nos preocupa que esa tan antigua como difundida visión de la política como "el arte de lo posible", se agote exclusivamente en las alternativas presentes al momento, muchas veces reñidas con la verdad, la justicia, la caridad y especialmente, con la esperanza de nuestros pueblos. Este hecho preocupante nos ha conducido inexorablemente a una práctica que desprestigia la "política", tanto como concepto como con su ejercicio.

Además, el "arte de lo posible" se ha utilizado frecuentemente para descalificar como "utópicas" a propuestas alternativas, también desmereciendo el concepto de "utopía".

Este despertar de nuestros pueblos, esta reacción por momentos intempestuosa y errática, no puede abandonarse, ni dejarse en manos de los oportunistas de turno. Debe ser acompañada con la formación de una nueva clase de liderazgo, más ético y humano, más coherente con las necesidades y aspiraciones de nuestros pueblos.

Debemos recuperar el concepto de la "política" como función esencial inherente a la persona y máxima expresión de servicio al bien común. Debemos hacer de nuestra "utopía" la imagen del camino a seguir, construida y transitada por todos.

El magisterio social

No podemos cansarnos de reflexionar sobre el estudio que algunos miembros del CELADIC realizaron en el año 2003 y abarcó 30 años de historia política. En 18 de los principales países de Latinoamérica, los Presidentes de nuestras Repúblicas y los 3 principales Ministros, el 87,3% se declararon públicamente como cristianos y afirmaron ser egresados de universidades que se definían, o se definen, como católicas o cristianas.

Es claramente contradictorio que bajo la conducción de dirigentes supuestamente iluminados por el humanismo cristiano y la Enseñanza Social Cristiana, se haya generado la etapa de mayor crecimiento en nuestra región, donde se mantuvo o incrementó la injusticia distributiva, y se agravaron las condiciones de vida y de trabajo de los sectores más excluidos de nuestra región. 

Por esto mismo no podemos aceptar la argumentación que hace recaer sobre otros la responsabilidad de nuestro subdesarrollo, ya sea hoy sobre "el imperio", como ayer sobre el "comunismo".

No es el momento de buscar en otras partes o con otros argumentos a los principales responsables de nuestra situación, como tampoco de preguntarnos que sucedió con los partidos y movimientos políticos ó sociales de inspiración humanista y  cristiana. Y no sólo por lo que hicieron mal, sino por lo que dejaron de hacer, y sus incoherencias y contradicciones.

"Sobre las espaldas de las Universidades, especialmente las católicas, recae la grave responsabilidad de impulsar una nueva generación de dirigentes, honestos y capaces, pero fundamentalmente, con el amor y la pasión de transformar nuestras realidades en la ruta hacia un auténtico desarrollo humano integral", acaba de afirmar el Cardenal Oscar Andrés Rodríguez Maradiaga [16], en el Congreso de la Federación Internacional de Universidades Católicas, realizado recientemente en Roma.

No hacerlo o no ayudar a que se haga, no sólo nos arrastra al pecado de la omisión, sino que estaríamos traicionando el patrimonio más rico de nuestro Magisterio Social, hoy, en único referente de pensamiento para elaborar y proyectar alternativas a la situación de nuestros pueblos.

El incómodo, pero necesario, desafío interno

En su saludo navideño de este año, Jorge Mendez Rheineck [17] afirmó: "Si no nos basamos en el sentido y sentimiento de trascendencia (como reconocimiento de Dios en nuestras mentes y corazones, lo real por excelencia y no algo supuesto, hipotético o deseable), no podremos contribuir a impulsar un cambio cualitativo en el desarrollo, seremos una organización más con buenas y nobles intenciones, pero sin la fuerza y la dirección hacia ese cambio cualitativo que sólo es posible mediante la convicción plena en Dios, como fundamento de todo desarrollo: individual, familiar y social."

Cuando hacemos una crítica a la falta de coherencia de los dirigentes, no debemos excluirnos, y estamos obligados a asumir como referencia fundamental nuestra condición de cristianos, independientemente de la dimensión eclesial que hemos aceptado, y ayudarnos a ser coherentes con ella.

Antes de su elección como Benedicto XVI, el Cardenal Josef Ratzinger en una visita a Guadalajara (México) [18], en un reconfortante arranque de autocrítica, tan necesaria y edificante, nos regaló una sentencia que no debemos ni podemos olvidar: "Nuestra mayor amenaza es el gris pragmatismo de la vida cotidiana de la Iglesia, en el cual aparentemente todo procede con normalidad, pero en realidad, la fe se va desgastando y degenerando en mezquindad" [19]

Esta frase que podemos calificar de sentencia, la releímos varias veces antes de copiarla y repetirla. No podíamos equivocarnos, ni nos equivocamos.

Fue dirigida a la Comisión de Doctrina del CELAM, pero nadie que se precie o intente ser cristiano escapa a ella, nos involucra a todos.

Sin lugar a dudas vivimos una época caracterizada por ataques permanentes a la Iglesia, a las Iglesias y a toda forma de pensamiento humanista y cristiano y a toda dimensión religiosa ó trascendente. No es el momento de dar un paso atrás o escondernos en actitudes vergonzantes. Vivimos una época que nos exige definiciones y compromisos.

Pero muchas veces nos preguntamos si no somos nosotros mismos los que creamos estas condiciones cuando acompañamos un claro proceso de privatización religiosa y espiritual, reservándolo exclusiva y únicamente a una hora semanal de misa dominical, y en el resto de los días acompañamos y practicamos las "reglas de juego del sistema", o cuantas veces nos da temor o vergüenza decir que somos y como pensamos.

En el trabajo que venimos realizando en toda América Latina, sentimos la enorme satisfacción de encontrarnos con dirigentes, muchas veces desconocidos, pero que nos reconocemos por lo que hacemos, lo que sentimos y lo que vivimos.

Y son muchos, pero lamentablemente solos, porque no tienen, o no se les ofrecen "espacios de encuentro", salvo el de encerrarse en las sacristías, de las diferentes iglesias.

Nos preocupan los cristianos, que lo son aunque muchas veces no sean conscientes de ello, y que no entran en algunas calificaciones que se hacen "entrecasa" cuando se habla de "laicos comprometidos y los otros".

Debemos redoblar nuestros esfuerzos en superar el "clericalismo" como la pandemia que nos impacta como cristianos.  No es escondiendo los problemas como podemos asumirlos y resolverlos.

Solo con dirigentes maduros, con capacidad de discernimiento, comprometidos con su entorno y coherente con el hermoso patrimonio de nuestra Doctrina o Enseñanza Social, podremos asumir los problemas como oportunidades, los desafíos que citamos y otros que seguramente van a venir con responsabilidad, coherencia y esperanza, para hacer de esta hermosa y pródiga tierra latinoamericana, un espacio de democracia y paz como frutos de la justicia y la libertad, en la verdad y la caridad.

Pero, fundamentalmente, debemos avanzar en el proceso compartido de revisar recuperar y profundizar  nuestra identidad cultural latinoamericana, nutrida históricamente con el legado de nuestros ancestros de pueblos originarios, y el enriquecimiento aportado por la presencia misionera evangelizadora.

Nuestra "Morenita del Tepeyac", nuestra María de Guadalupe, nos dio el ejemplo como signo de contradicción y compromiso con lo más sentido y trascendente de nuestra cultura.

El emblemático caso hondureño

¿Por qué considerar "emblemático" el caso Hondureño?

En primer lugar porque en el lapso de 7 meses (28.Junio.2009-27.Enero.2010), en ningún momento los militares o algún grupo ilegal tomó el poder político en Honduras, se realizaron elecciones más limpias que en muchos de nuestros países, y hoy existe un Presidente elegido legítima y legalmente por el pueblo. Hay que preguntarse: ¿A qué se le denomina "golpe de estado".?

En segundo lugar  porque se equivocaron analistas, gobiernos y organismos internacionales al tomar posición a partir de parámetros que han perdido vigencia, como lo es la intervención militar en función de una estrategia militar de toma del poder, sin profundizar sobre la verdad de los hechos.

En tercer lugar por no conocer (o no hacer el intento, o no querer hacerlo) la carta constitucional a partir de la cual deben medirse política y legítimamente estos hechos, especialmente la ausencia de inmunidad y el "blindaje" que el pueblo hondureño se dio contra todo intento de reeleccionista.

En cuarto lugar por no ver más allá de las fronteras hondureñas, y omitir las estrategias en juego en la región, ni los intereses hegemónicos de ciertos gobiernos.

En quinto lugar, por no conocer (o no valorar correctamente) los intereses y acuerdos económicos existentes entre el ex presidente Zelaya y los Gobiernos de Brasil y Venezuela con relación a la exploración y explotación petrolera en la plataforma continental caribeña de Honduras.

En sexto lugar porque se violentaron esquemas básicos en el tratamiento de conflictos internacionales, tales como (I) conocer a fondo los hechos, (II) intentar su resolución y (III) en caso de imposibilidad de lo segundo, tomar posición a partir de principios compartidos, especialmente los constitucionales del país involucrado.

La OEA hizo todo lo contrario.

Y en séptimo y último lugar, porque el pueblo hondureño rechazó y derrotó la estrategia del Alba.

Todos los sectores en Honduras, incluyendo a los mismos militares, están de acuerdo en hacer una investigación sobre las causas y sucesos en torno a la expulsión del país del ex presidente Zelaya.

La actual situación, después de las elecciones, demuestra con claridad que no existió una decisión militar vinculada a un quiebre institucional, sino el cumplimiento de una decisión político-judicial por parte de un organismo autónomo del Estado, como lo es la Corte Suprema de Justicia.

Es por demás comprensible que muchos dirigentes de buena fe cayeron en el error de condenar sin más los hechos del 28.Junio, encandilados por la aparición en escena a militares, de triste memoria en varios países latinoamericanos.

Sin embargo, no puede existir la misma comprensión para dirigentes que tienen la responsabilidad de buscar y conocer la verdad antes de abrir un juicio, ni para gobiernos que cargan con los costos de una diplomacia que tiene la responsabilidad de conocer la historia y los referentes institucionales en los países donde se desempeñan.

Más como autodefensa que por defender una legalidad cuestionable, no existió ni existe la honestidad de reconocer el error, y se mantienen posiciones sin ningún fundamento de carácter político o constitucional, incluso luego que el pueblo hondureño se pronunciara en forma abrumadora en las últimas elecciones.

Como telón de fondo y avalado por una presencia ostensible y un profuso financiamiento proveniente de Venezuela, debemos constatar la aplicación de la "receta" del ALBA para desestabilizar la región y garantizar la permanencia de acciones políticas pensadas desde La Habana e instrumentadas y financiadas desde Venezuela.

Hoy la clase dirigente de Honduras, especialmente la clase dirigente política tiene la oportunidad de recuperar la legitimidad, después de haber recuperado la legalidad en las elecciones. "Parecen diferentes, pero siempre se ponen de acuerdo para perdonarse y cubrir los errores y la corrupción", afirma y con mucha razón el pueblo hondureño al referirse a sus dirigentes políticos. Al mismo momento de acordar la actual Constitución (1981), se estableció una amnistía, donde se perdonaron (entre ellos a Manuel Zelaya padre) a los asesinos de 2 sacerdotes y 12 dirigentes campesinos en la masacre de Santa Clara y Los Horcones (Olancho).

Ya se habla de amnistiar a todos los actores de los sucesos del 28 de Junio, desde el ex presidente Zelaya hasta la cúpula militar, sepultando pruebas irrefutables de corrupción y violación de la Constitución con intervención de hondureños y extranjeros.

Haití

Al reflexionar sobre la situación regional, no podíamos eludir la problemática que afectó a nuestro hermano pueblo haitiano. Ante cualquier tema que asumimos, tenemos siempre la preocupación de proponer y proponernos alternativas para hacer de cada problema una oportunidad, de crecimiento personal y colectivo. En este caso nos reconocemos tan limitados que no podemos pasar de una actitud humana y obligadamente solidaria.

Sin embargo, e intentando asumir la histórica realidad haitiana, nos atrevemos a algunas reflexiones que pueden ayudarnos a no agotar nuestros esfuerzos en lamentaciones, en escapismos ó en acciones solidarias más destinadas a esconder nuestra vergüenza.

Si asumimos la historia de Haití como el caminar de un pueblo hermano, podemos descubrir que fué el primero en independizarse en nuestra región, y vivir largas épocas signadas por excelentes líderes que lucharon por la liberación con coraje y desprendimiento, y otros que sólo se sirvieron de su pueblo, generando una oligarquía que intentó imitar los exabruptos de la corte francesa, parados sobre la miseria, el sometimiento y la exclusión de su pueblo.

El régimen despótico de los Duvalier (padre e hijo), fundado sobre el poder policial (los denominados "ton ton macutes") y la magia "vudú", mantuvo los más altos índices de analfabetismo como un instrumento político de dominación, frente a uno de los pueblos más ricos culturalmente de Latinoamérica. Mientras que el 5% de la población que vivía en Petionville podía enviar a sus hijos a estudiar a la Sorbonne en Francia, más del 90% de la población no podía superar los niveles mínimos de escolaridad, a pesar de los encomiables esfuerzos educativos de las comunidades religiosas.

Los esfuerzos productivos más importantes se dieron en la industria ligera, en más de un 80% bajo las formas de "maquiladoras" ó "zonas francas", donde a partir de la complicidad de la clase política y dirigente, las corporaciones transnacionales aprovecharon (y aprovechan) la capacidad de la mano de obra haitiana, a un costo miserable, el más bajo de la región. Conocer esa experiencia significa verificar la existencia de trabajo esclavo en pleno siglo XXI. Y es en Haití donde se fabrican las mejores pelotas de béisbol y los juguetes plásticos con las figuras de Walt Disney.

Más aún, ante las actuales denuncias por la adopción de niños haitianos y respetando la hermosa experiencia de adopción sana y coherente realizada por muchas familias, no podemos olvidar tantos casos donde los niños haitianos culminan como personal esclavo de servicios.

En este triste camino de sometimiento y esclavitud, no son de extrañar las variadas experiencias de gobiernos que oscilaron pendularmente, entre refinadas oligarquías capaces de superar sus diferencias para mantenerse en el poder e intentos populistas sin solución, siempre amparados por la complicidad de las potencias de turno, con el trasfondo de explotación de la natural vocación espiritual de los haitianos.

La catástrofe natural que sufrió buena parte de Haití el 12 de Enero, es la triste continuidad de las catástrofes políticas, económicas y sociales que viene sufriendo el pueblo desde sus orígenes. A estas catástrofes hay que agregarle el desconocimiento (por despreocupación, desinterés ó incomodidad) que en general tenemos sobre la historia de este pueblo.

Por ello, y sin menoscabar la importante e insustituible ayuda solidaria que se presta hoy al pueblo haitiano con maravillosas experiencias de compromiso, nos preocupa que se intente en una Cumbre Mundial (a las que estamos acostumbrados como ejemplos de incoherencia e ineficacia) definir el futuro de Haití, queriendo ocultar esta historia y a espaldas de las necesidades y aspiraciones definidas por el propio pueblo haitiano.

Tenemos el maravilloso desafío y obligación histórica de escuchar (aunque sea por primera vez) la voz de nuestros hermanos haitianos, no para sustituirlos, sino acompañarlos en el siempre apasionante camino de construir un futuro diferente.

[1] Dr. Guillermo Perez Sosto, Argentino, Sociólogo, Director de la Cátedra Unesco, Miembro de nuestro Equipo Temático DESARROLLO.

[2] CALVINO, Italo. Las ciudades invisibles. Ediciones Siruela, Madrid, 1994. Pág. 170.   

[3] Mons. Charles Chaput, Arzobispo de Denver, de la Orden de los Frailes Menores (Capuchino), y perteneciente a la tribu piel roja Prairie Band Potawatomi.

[4] Dr. Fernando Mires, chileno, doctor en sociología y analista político, profesor en la Universidad de Oldenburg (Alemania).

[5] Como muy bien lo expresara el otrora Secretario de Estado Collin Powell con relación a los Tratados de Libre Comercio: "Debemos responder y garantizar el mejor beneficio para nuestras empresas".

[6] Mons. Silvano María Tomasi, Observador Permanente de la Santa Sede ante las Naciones Unidas.

[7] Cardenal Tarcision Bertone ante la inauguración del año académico de la Universidad Europea de Roma.

[8] Sólidos y preclaros parámetros para un modelo integral de desarrollo, dados por nuestro inolvidable Juan Pablo II.

[9] Dr. Rafael Caldera, Presidente de Venezuela en dos períodos, fallecido el 23.Diciembre.2009.

[10] "Realidad Económica y Social de América Latina y el Caribe" – Ec. Humberto Ortiz Roca – Dpto. Justicia y Solidaridad del CELAM – Editado por el Observatorio Pastoral del CELAM.

[11] PROGRAMA DE LAS NACIONES UNIDAS PARA EL DESARROLLO (PNUD). Informe sobre desarrollo humano 1997. Ediciones Mundi-Prensa, Madrid, 1997. Capítulo 4, Globalización: países pobres, pueblos pobres. Pág. 92.

[12]  Encíclica "Caritas in Veritate" – Julio.2009.-

[13] Ver Zygmunt Bauman "Salvemos al trabajo, no a los bancos.!".

[14] Los 3 países más emisores de Anhídrido Carbónico que deteriora el clima mundial (China, Estados Unidos y Rusia), fueron los responsables del fracaso al no asumor compromiso en la reducción de sus emisiones.

[15] "Il Gatopardo", novela de Giuseppe Tomasi Di Lampedusa.

[16] Card. Oscar Andrés Rodríguez Maradiaga, Arzobispo de Tegucigalpa y Presidente de Caritas Internacional.

[17] Dr. Jorge Mendez Rheineck, sociólogo, Director del PNUD y Miembro del Capítulo Paraguay.

[18] Con ocasión de una Reunión de Presidentes de Comisiones Nacionales de Doctrina y Catequesis de Latinoamérica.

[19] Card. Josef Ratzinger. Guadalajara, 1996.

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