Un Trump secular afronta el conflicto religioso

Mundo · Robi Ronza
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23 mayo 2017
Se puede estar más o menos de acuerdo con su proyecto político, pero no sirve para nada seguir pretendiendo, como hace la mayor parte del sistema mediático occidental que le es hostil, que Trump sea un aficionado peligroso. Es evidente que su primer viaje de estado al exterior como presidente de los USA ha sido cuidadosamente ideado y preparado.

Se puede estar más o menos de acuerdo con su proyecto político, pero no sirve para nada seguir pretendiendo, como hace la mayor parte del sistema mediático occidental que le es hostil, que Trump sea un aficionado peligroso. Es evidente que su primer viaje de estado al exterior como presidente de los USA ha sido cuidadosamente ideado y preparado.

Puede ser muy interesante ver el discurso de Trump en Riad ante los representantes de casi 55 países musulmanes reunidos en la cumbre árabe islámica americana, donde Trump ha lanzado a todos los hombres de buena voluntad un llamamiento a una movilización planetaria contra el terrorismo. “Esta no es una batalla entre credos, visiones del mundo o civilizaciones distintas. Esta es una batalla entre bárbaros criminales que quieren aniquilar la vida humana y gente respetable de cualquier credo que intenta defenderla. Es una batalla entre el bien y el mal”. Y después no ha vacilado en añadir que “esto implica que nos confrontemos sin reservas con la crisis provocada por el extremismo islamista y los grupos terroristas que lo inspiran. Lo cual significa movilizarse juntos contra la muerte de musulmanes inocentes, la opresión de la mujer, la persecución de los judíos y la masacre de los cristianos”.

No había un lugar más sorprendente en el que lanzar un llamamiento así si tenemos en cuenta que Arabia Saudí es el corazón del wahhabismo, un movimiento islámico riguroso del que derivan Al-Qaeda, el Isis y todas las formas actuales de terrorismo islamista. Sin lugar a dudas, desde Arabia Saudí y otros estados árabes presentes en la cumbre de Riad llega desde hace años apoyo financiero a las filas del terrorismo islamista, y que el Isis o el Daesh, sin ese apoyo, no habría podido afirmarse. Entonces, ¿por qué Trump viaja precisamente a Rida para lanzar esta movilización internacional contra el islamismo (lo que se podría llamar una cruzada si no fuera porque esta palabra resulta totalmente inoportuna)? Probablemente, porque valora mucho, y puede que no se equivoque, que Arabia Saudí se esté dando cuenta de que ya no le es posible evitar la recaída en el seno de ese terrorismo islamista que ha apoyado desde aquí la presencia suní en el contexto de su lucha contra el chiismo y por tanto contra Irán. De hecho, en los últimos años –por cierto, sin que los grandes medios occidentales hablaran de ello más que con algunas menciones esporádicas– en Arabia Saudí el terrorismo no ha causado menos víctimas que en Europa.

El llamamiento de Trump a la movilización común contra el terrorismo islamista va dirigido especialmente a los fieles de los credos que en varias formas son herederos de la vocación de Abrahán; aparte de los musulmanes, también los cristianos y judíos. Pero puede parecer desproporcionado atribuir a Trump preocupaciones que vayan más allá de las urgencias inmediatas de la política. Hasta ahora el horizonte de Trump ha sido secular. Con un pragmatismo típicamente norteamericano, sin plantearse preguntas añadidas, él toma en consideración las fuerzas que cree que pueden tener hic et nunc un papel positivo. Por eso realiza también gestos de homenaje obligado, que quedan como tales. En este sentido entró en la basílica del Santo Sepulcro como visitante, no como peregrino. En el Muro Occidental (como les gusta llamar a los judíos al Muro de las Lamentaciones) hizo un poco más, sensible como es a la gran componente judía de su familia: su hija Ivanka se convirtió al judaísmo siguiendo a su marido, judío ortodoxo. Pero también aquí la retransmisión en directo permitió que cualquiera pudiera ver que no hacía ningún gesto que pudiera ser interpretado como pietas religiosa. Por otro lado, tanto la visita al Santo Sepulcro como la del Muro Occidental han tenido un carácter puramente privado. De ahí su petición de que ninguna autoridad israelí le acompañara. Ahora veremos cómo y cuánto quedará de esta onda larga en Roma con el Papa. En todo caso la línea está clara, y en el bien y el mal hay que tenerlo en cuenta.

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