Un nuevo inicio en experiencias vivas del bien

Mundo · Giuseppe Frangi
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16 marzo 2020
“Ante experiencias como estas se descubre hasta qué punto puede el hombre adentrarse en el bien”, me decía durante una entrevista fray Piergiacomo, capellán del hospital Juan XXIII de Bérgamo. Lo dice pensando en las decenas de médicos y enfermeros que cada día cruzan unas puertas tras las que la lucha contra el Covid 19 es especialmente dramática. De hecho, el “bien” tiene esta dimensión concreta, dramática, bien distinta de la sentimental, a la que solemos estar acostumbrados. Una dimensión que conlleva un alto precio, pues el 12% de los contagios en la región de Lombardía se ha dado entre el personal sanitario. El “bien” es un territorio muy concreto, en el que hay que adentrarse con coraje y gratuidad, sin recibir nada a cambio como se suele decir, ni dinero ni imagen.

“Ante experiencias como estas se descubre hasta qué punto puede el hombre adentrarse en el bien”, me decía durante una entrevista fray Piergiacomo, capellán del hospital Juan XXIII de Bérgamo. Lo dice pensando en las decenas de médicos y enfermeros que cada día cruzan unas puertas tras las que la lucha contra el Covid 19 es especialmente dramática. De hecho, el “bien” tiene esta dimensión concreta, dramática, bien distinta de la sentimental, a la que solemos estar acostumbrados. Una dimensión que conlleva un alto precio, pues el 12% de los contagios en la región de Lombardía se ha dado entre el personal sanitario. El “bien” es un territorio muy concreto, en el que hay que adentrarse con coraje y gratuidad, sin recibir nada a cambio como se suele decir, ni dinero ni imagen.

Adentrarse en el “bien” quiere decir, por ejemplo, poner al otro por delante de uno mismo. El “bien” implica un don de sí. ¿Cuántos hombres y mujeres se están adentrando estos días en los territorios del “bien”? Muchísimos. Pensemos en los que cuidan a personas con discapacidades graves, a los que están en centros de desintoxicación, donde multitud de trabajadores han decidido permanecer de manera estable con ellos para combatir el riesgo de contagio. Pero pensemos también en los que cuidan a los ancianos en las residencias, que son un auténtico concentrado de fragilidades. Todos lugares complicados en estos días de clausura, donde a los problemas habituales hay que añadir sentimientos de soledad y opresión.

No es fácil ni obvio, como señalaba el Papa en su misa matutina de las siete de la mañana, que estos días está registrando récords de audiencia, al pedir a la diócesis de Roma que mantenga abiertas las puertas de sus parroquias, pidiendo así que se venza la resistencia a adentrarse en los territorios del “bien”, como hace un verdadero padre. Estos días el Papa indicaba otra dimensión del “bien”: la de una mirada amplia de miras, capaz de abrazar otras situaciones de sufrimiento que marcan el mundo de hoy. Refiriéndose naturalmente al drama de los refugiados sirios a las puertas de Europa, para los que el Covid 19 es, paradójicamente, el menor de los riesgos.

Si tenemos que pensar qué será de nosotros después del virus, debemos esperar un nuevo inicio que tenga como base estas experiencias vivas de “bien”, fibra constitutiva de lo que podremos sentir realmente como pueblo. Como decía el cardenal Matteo Zuppi, lo que estamos viviendo es de hecho una “epifanía del mal que supera todas las fronteras y muros detrás de los cuales creíamos vivir tranquilos”. Un mal que es “como un revulsivo que muestra nuestras debilidades, nuestra incapacidad estructural, la dificultad para pensar juntos y buscar respuestas comunes”. Para derrotar a ese mal, hace falta un “bien” potente y gratuito, dispuesto a bajar al ruedo, como se va a una batalla.

En los frescos del Buen Gobierno de Ambrogio Lorenzetti en Siena, el corazón del sistema “ideal” coincide con la figura del “bien común”: la de mayor dimensiones es en la que converge toda la narración. A su derecha y a su izquierda están la Prudencia y la Magnanimidad. Pero a sus pies están los soldados armados con lanzas, dispuestos a defenderlo. El “bien” no es una intención pía ni una cuestión de reglas correctas. Hoy se afirma combatiendo en las unidades de cuidados intensivos. Mañana será un tesoro en nuestras manos para repensar el futuro.

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