Un lugar donde quedarse

Cultura · Víctor Alvarado
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27 noviembre 2009
Tras el éxito cosechado por Revolutionary Road y con un número exiguo de copias, aterriza Sam Mendes con su nuevo trabajo, Un lugar donde quedarse (2009). La historia gira entorno a una pareja de treintañeros que descubren que van a tener un niño y que se dedican a recorrer Estados Unidos, visitando a sus familias con la idea de que les ayuden a cuidar de su futuro hijo.

El tema de la road movie parece la excusa del director para presentarnos a una serie de familias tipo que componen a la clase media del país de los sueños. Por tanto, este relato cinematográfico trata de analizar a la sociedad americana desde una óptica crítica, pero más suave y menos ácida que la utilizada en American Beauty (1999) o la citada Revolutionary Road (2008). A todo lo dicho habría que añadir que el resultado final se muestra más esperanzador que sus anteriores producciones.

La película ofrece acertados diálogos que son dignos de ser comentados. Se puede destacar la conversación del protagonista con el matrimonio que había adoptado niños de diferentes culturas. Este personaje habla de las dificultades de su mujer de treinta años para quedarse embarazada y del drama que le supuso perder a varios niños que llevaba en el útero, mientras que los adolescentes se quedan embarazados con mucha facilidad y no saben qué hacer con la situación. Razonamiento que me invita a pensar sobre la posibilidad de crear redes que faciliten la adopción o acogida de bebés para las personas que no sean capaces de mantenerlos o barajen la posibilidad del aborto. Una idea que debería se tenida en cuenta en un momento en el que se debate la peligrosa ley de plazos que quiere implantar el Gobierno socialista.

Por otro lado y en otra escena, la cinta cuestiona los métodos modernos de educación, que resultan tan nocivos en la educación de los hijos como demuestran las estadísticas. El cineasta cuestiona la eficacia de las pedagogías progresistas frente a los modelos tradicionales.

Cambiando de tema, quizás el elemento más destacable del largometraje sea la adecuada elección de actores desconocidos para la mayor parte del público, ya que no se convierten en elementos que puedan distraer los pensamientos que el realizador quiere proponer. Llama la atención la pareja protagonista, que representa a un tipo de familia que se complementa a la perfección, mientras que Burt (John Krasinski) es el lado idealista de la cinta, Verona (Maya Rudolph) nos ofrece el lado práctico de la vida. Da la impresión de que los personajes, al conocer otras realidades, van madurando. Parece que comprenden que el esfuerzo puede ser la clave de su éxito. Por último, con la presencia de esta pareja con sus cualidades y defectos, el director ha querido expresar su lado más amable y optimista de los habitantes  norteamericanos.

Lo menos acertado de Un lugar donde quedarse (2009) podría ser la falta de dinamismo y el ritmo plano de algunas situaciones con respecto a otras. Además, las escenas de cama empañan en cierta medida esta obra del celuloide porque creo que podrían haber sido rodadas con mayor elegancia.

Por último, para los amantes de la ecología, el film es verde; es decir, que se utilizaron energías renovables, reciclándose muchos productos de la cinta y reduciendo las emisiones de carbono considerablemente.

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