Un invierno en la playa

Cultura · Juan Orellana
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13 junio 2013
Han pasado algunos años desde que el novelista Bill Borgens (Greg Kinnear) se divorciara de Erica (Jennifer Connelly), que ahora vive con otro hombre. Sin embargo, Bill está convencido de que Erica volverá. Ambos tienen dos hijos, Samantha (Lily Collins), que ya está en la Universidad, y que se ha convertido en una promiscua, y su hermano menor,  Rusty (Nat Wolff), que está enamorado de una chica con problemas. Tanto Samantha como Rusty han heredado la vocación literaria de sus padres y entre los tres existe una cierta competencia.

Han pasado algunos años desde que el novelista Bill Borgens (Greg Kinnear) se divorciara de Erica (Jennifer Connelly), que ahora vive con otro hombre. Sin embargo, Bill está convencido de que Erica volverá. Ambos tienen dos hijos, Samantha (Lily Collins), que ya está en la Universidad, y que se ha convertido en una promiscua, y su hermano menor,  Rusty (Nat Wolff), que está enamorado de una chica con problemas. Tanto Samantha como Rusty han heredado la vocación literaria de sus padres y entre los tres existe una cierta competencia.

El cineasta Josh Boone trata de hacer una película con fondo autobiográfico que refleje el dolor que vivió con el divorcio de sus padres cuando era niño. Así, la película se inscribe en ese subgénero tan posmoderno y frecuente de matrimonios en crisis con hijos adolescentes. A veces estas películas suponen una dura crítica al modelo sesentayochista, y otras veces esa crítica se suaviza con dosis variables de complacencia. Este es el caso de esta cinta, que aunque busca un final capriano, se mueve todo el rato por paradigmas antropológicos que inevitablemente desembocan en aquello que se quiere criticar.

Además, la película es muy poco original en su planteamiento, y recoge elementos -¿o tópicos?- de películas como Los descendientes (en su trama de adulterio e hijas adolescentes), Una historia del Bronx (padres confusos que aconsejan mal a sus hijos) o Amor y Letras (en su contexto de mundos literarios), por citar solo algunos ejemplos. Está bien dirigida, se deja ver, tiene puntos de interés… pero pesa demasiado su aire de dejá vú.

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