Un gran desafío para la educación argentina

Mundo · Carlos Cantero y María del Rosario Solhaune
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13 marzo 2011
La obligatoriedad de la educación escolar desde la edad de cinco años hasta la finalización de la educación secundaria, dispuesta por la Ley de Educación Nacional Nº 26206 (promulgada al finalizar el año2006), colocó al sistema educativo argentino ante la necesidad de universalizar su educación secundaria, concebida en su origen desde una matriz selectiva no siempre asumida conscientemente y sin embargo reconocible en sus efectos.

Las exigencias de la inclusión con calidad, supone transformar mentalidades, representaciones, concepciones, criterios de juicio, valoraciones, hábitos, estilos de gestión, prácticas naturalizadas y culturas escolares profundamente arraigadas desde hace más de un siglo, en el modo de ser, pensar y obrar de los actores involucrados – estudiantes, docentes, directivos, supervisores, familias- y de la misma sociedad argentina.

Para dimensionar el desafío, es pertinente analizar la situación actual en términos de escolarización de los jóvenes del país. Desde mediados del siglo XX, la población escolarizada de 13 a 17 años se incrementó de manera significativa y sostenida. En 1960, el 45,9 % de esta franja etaria asistía a la escuela, y en 2001 alcanza el 85,2%.

La tendencia expansiva de la matrícula, que se reinició en los años ‘80 con el retorno a la democracia, tomó impulso con la extensión de la obligatoriedad dispuesta por la Ley Nº 24.195 (sancionada en 1993, su implementación impulsó las transformaciones educativas de la década del ‘90) y alcanzó su máximo registro en el año 2002, sin embargo comenzó a disminuir lentamente en el sector estatal a partir del año 2003.

¿Cuáles son las razones que explican el abandono progresivo de la escuela por parte de los alumnos? ¿Cuáles son los factores que explican que se haya detenido la tendencia expansiva y en el año 2006 haya disminuido un 1,4% la población escolar, es decir, que se cuenten 89.362 alumnos menos que en el año 2002 en el sector estatal?

Los estudios e investigaciones coinciden en indicar que las causas de estos fenómenos son múltiples y que interactúan entre sí, incrementando la complejidad para su adecuado diagnóstico y abordaje: las características de los «nuevos estudiantes» en tanto representan la primera inserción de un miembro de sus familias en la escuela secundaria, la inadecuación y los desajustes de la propuesta que ofrece lo mismo a sujetos diferentes, el desencuentro entre cultura escolar y culturas juveniles, la fragmentación del currículum como rasgo distintivo de la educación secundaria, las condiciones del trabajo de los docentes, la pobreza y las condiciones de vida de los adolescentes, los problemas de desintegración de las familias, la necesidad que tienen los jóvenes pobres de ayudar al sostenimiento de sus hogares, el traslado de alumnos de la educación común a la educación de adultos y del sector estatal al privado, la desconfiguración del sentido originario de la escuela y las dificultades para la configuración de la nueva identidad institucional, la crisis de las estructuras de acogida a las nuevas generaciones, el retiro de los adultos de su tarea de comunicar el patrimonio cultural a los jóvenes, la declinación de la idea de sociedad, la pérdida de la potencialidad de la escuela para instituir identidades, la creciente anomia de las instituciones, etc. El gran desafío técnico y político consiste en formular una propuesta que reconozca la complejidad de esta situación, y abra un camino de aprendizajes para estos nuevos estudiantes.

Los datos del Censo Nacional de Población y Vivienda del año 2001, y la posterior evolución de la matrícula del nivel secundario, permiten estimar la cantidad de adolescentes que deberán escolarizarse en los próximos años.

La población de 12 a 17 años que no asiste a la escuela, que es por lo tanto la principal destinataria de las políticas de universalización del Nivel Secundario, en el año 2001 ascendía a 494.103 personas, que representaban un 12,6 % del total de los adolescentes que teniendo edad para asistir a la escuela secundaria, no lo hace.

El análisis de las magnitudes de la población que no asiste, discriminado por edades simples, permite observar que en el tramo que corresponde al inicio del nivel secundario la cobertura escolar es muy alta, pero que el sistema escolar tiene severas dificultades para retener a los alumnos, pues los porcentajes de los que no asisten se incrementan significativa y ascendentemente con el avance de la edad. No obstante, la relación entre el grado/año escolar al que asisten los alumnos y su edad, muestra las dimensiones y evolución del rezago escolar y la cantidad de adolescentes de 12, 13 y 14 años que no habiendo concluido su primaria abandonaron el sistema. El 1,68 % de la población de 10 a 14 años y el 4,99% de 15 a 19 años, que no asiste a la escuela no completó sus estudios primarios, según datos del Censo de 2001.

Se puede visualizar con mayor precisión la problemática al considerar la relación entre la población total de cada una de las edades, la matrícula de cada año escolar sin considerar su edad y la tasa de escolarización oportuna (la cantidad de alumnos que está cursando el año que corresponde a su edad), también llamada «Edad Teórica».

Los primeros años del nivel primario constituyen una zona de retención con sobreedad, en la que los alumnos que repiten de grado, en su gran mayoría permanecen en el sistema pero sin poder resolver las causas que motivaron el fracaso. La situación de riesgo se mantiene latente en el segundo ciclo del primario, en el que se incrementa la brecha entre la tasa de escolarización oportuna -edad teórica- y la matrícula por grado. Y a partir de los 13 años se produce el progresivo abandono de los estudiantes que han vivido experiencias de fracaso en sus trayectorias escolares. Final anunciado de un proceso de negación de derechos fundamentales para un amplio porcentaje de niños y jóvenes argentinos.

En el año 2007, al finalizar el nivel secundario se observa que de casi 700.000 jóvenes de 17 años, sólo 239.214 está cursando el grado/año que corresponde a su edad, y que la matrícula total del grado 12 es de 336.807. La tasa de escolarización oportuna en todos los años de escolaridad obligatoria, y el incremento de alumnos escolarizados en el tramo de los 13 a los 17 años, mejorarían si entre los 6 y los 12 años disminuyeran las tasas de repitencia y de sobreedad. El sistema educativo sólo es capaz de retener a menos de la mitad de los estudiantes que ingresan al nivel secundario dentro del rango de escolarización oportuna. El resto se adentra en la zona de riesgo.

Breve consideración sobre el sentido de la escuela secundaria.

La necesidad de transformar la lógica selectiva de la matriz fundacional de la escuela secundaria por un paradigma inclusivo, las tensiones que se producen al interior de las instituciones por la masiva incorporación de una población escolar heterogénea, social y culturalmente diferente a la esperada, y las características de una mentalidad signada por la inmediatez y el vacío de significado, colocan la cuestión del sentido en el primer plano de las consideraciones relativas a la escuela secundaria.

La adolescencia es el momento del descubrimiento de sí mismos, la edad de los interrogantes fundamentales, del inicio del protagonismo en la decisión del proyecto de vida, de valoración crítica del mundo y la sociedad, de incubación de grandes ideales, de construcción de la propia subjetividad, y también el tiempo de búsquedas angustiosas, de desconfianza de los demás y de peligrosos repliegues sobre sí mismos; que requiere adultos e instituciones que asuman las responsabilidades que les competen ante esta etapa decisiva de la vida y su aguda demanda de significado.

El sentido primordial de la escuela secundaria consiste en introducir a la totalidad de la realidad proponiendo su significado. Y la totalidad de la realidad incluye los grandes descubrimientos tanto como los pequeños secretos de cada paso necesario para avanzar en el conocimiento. Aprender a conocer es parte del descubrimiento de sí mismo, y quien hace experiencia de esto aprende a gustar también de los pequeños pasos del recorrido y a valorar su necesidad.

Una escuela que renuncia a la pretensión de sentido se torna vacía e insignificante para los adolescentes, pero también para los docentes. Enseñar a conocer es una ocasión privilegiada de encuentro con quien aprende, y de reconocimiento de una realidad que siempre será más grande que las propias previsiones, y que para un educador aparece en rostros y relaciones concretísimas.

Y, aunque se persista en negarla, la realidad permanece, y se nos presenta novedosa, impredecible, aconteciendo, interpelando, provocando, conmoviendo.

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