17:00. Martes 26. RENUNCIA BENEDICTO XVI

Un escalofrío de fe y de esperanza

Mundo · José Francisco Serrano
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26 febrero 2013
¡Gracias, santo Padre! ¡Gracias, Benedicto XVI!

¡Gracias, santo Padre! ¡Gracias, Benedicto XVI!

Se dice que el Pontificado de Juan Pablo II fue el de los gestos; y que el suyo iba ser de la palabra. Sin embargo, su gesto de renuncia ha sido privilegiada expresión elocuente de lo que significa y supone la fe para la vida. Un gesto que dice más que muchas palabras y que es percibido con sentido si se conocen bien sus palabras. De ahí que quienes desbarran intentando explicar el sentido de su renuncia, en no pocos casos, se debe a que lo hacen porque desconocen sus palabras.

Un escalofrío se ha sentido en la columna vertebral de la Iglesia, y en las entrañas del mundo, después de aquel 11 de febrero. Un escalofrío de fe y de esperanza. Y de caridad para con la historia. Una caridad samaritana hacia un tiempo, el nuestro, que pretende siempre, por el mero ejercicio de la razón, tenerlo todo previsto. Hay tantas caricias de Dios imprevistas, como se puede demostrar en el día a día de nuestra existencia.

Su renuncia nos ha permitido entender que la ´performatividad´ de la que habla en su magisterio, -uno de los conceptos más acariciados por la moderna filosofía del lenguaje-, no es una estrategia discursiva. El cristianismo no es un relato, ni una narrativa maestra de dominación de lo humano, sino de liberación auténtica. La performatividad, ese lenguaje que compromete la existencia, es el lenguaje originario de la propuesta cristiana.

Gracias Benedicto XVI por haber hecho a la Iglesia más creíble en medio del mundo; por habernos enseñado, como buen pedagogo de la fe, que el primado de la conciencia es fuente de la libertad interior y exterior del hombre, y el gran protagonista verdadero del progreso de la historia. Quienes andan preocupados por las consecuencias de esta renuncia se toparan, tarde o temprano, con un ejercicio interior y exterior de fe, de confianza en algo que usted nos ha recordado: Quien gobierna los destinos de la Iglesia es Cristo. Con su renuncia, Santo Padre, nos ha permitido encontrarnos con Cristo de un modo nuevo en la Iglesia.

No cabe duda, santo Padre, que se ha convertido en el protagonista indiscutible de nuestro tiempo. Gracias por habernos dado la oportunidad a quienes somos contemporáneos suyos, por habernos invitado a un singular ejercicio de fe y de razón en beneficio de nuestros coetáneos. Quien más, quien menos, durante estos días, hemos tenido la obligación de, en las conversaciones con los compañeros de trabajo, con los amigos, con la familia, ofrecer respuestas a las miles de preguntas que se han colocado sobre la mesa. Gracias, Benedicto XVI, por haber introducido nueva vida, una vida abundante de esperanza, en el cuerpo de la iglesia.

Santo Padre, ahora llega el momento de la oración y del silencio fecundo, su otro momento de intimidad con Dios. Habrá muchos que nos sentiremos más huérfanos por no poder verle, por no poder oírle, por no poder leerle. No importa. Sabemos que va a estar ahí, en el Tabor de nuestro mundo. Nos queda su palabra, su magisterio, y si los editores españoles se dan prisa, los volúmenes de sus Obras completas y de su magisterio en el Pontificado. Será para nosotros una presencia no tangible, pero real, compañía de vida en este duro bregar de nuestra existencia. Tendremos un nuevo Dulce Cristo en la tierra, que le tendrá también a usted, que nos tendrá a todos.

Gracias Benedicto XVI, Gracias Santo Padre, por ser siempre tan auténtico.

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