“Un diálogo que va más allá de los Estados”

Entrevistas · G.S.
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12 marzo 2021
Para Olivier Roy, profesor en la Universidad Europea de Florencia, la oración común en Ur, patria de Abrahán y por tanto de las tres religiones monoteístas abrahámicas, tiene un poderoso impacto.

El papa Francisco apuesta por el diálogo interreligioso frente a las manipulaciones políticas de la religión que tantos desastres han causado en Oriente Medio. En este sentido, su paso por Nayaf resulta fundamental para “reequilibrar los canales que ya abrió con los sunitas en sus visitas pastorales al Cairo y Abu Dabi, y abrir las puertas de par en par al mundo chiíta, ampliando también las garantías de defensa de los cristianos de Oriente”. Para Olivier Roy, profesor en la Universidad Europea de Florencia, la oración común en Ur, patria de Abrahán y por tanto de las tres religiones monoteístas abrahámicas, tiene un poderoso impacto, capaz de neutralizar muchas ideas negativas. Hasta la república islámica de Irán, que se erige con representación única del chiísmo, “debe aceptar esta autonomía porque ante una figura tan prestigiosa e incuestionable como el gran ayatolá Ali Sistani tiene poco que decir”.

¿Cuál es la principal novedad de este primer viaje de un Papa a Iraq?

Es la primera visita de un pontífice a un país de mayoría chiíta y eso explica la insistencia de Francisco. Sin duda no era un viaje exento de peligro, como el de Egipto o Emiratos. Aquí el riesgo por su seguridad era real, aunque no por el frente chiíta. Irán, que tiene una influencia enorme en términos políticos y militares, no iba a sabotear esta visita donde el Papa estaba decidido a ampliar el diálogo con el islam chiíta según los mismos principios aplicados con los sunitas, estableciendo canales con figuras no vinculadas al Estado. Esto supone aún más para Sistani que para el gran muftí de la universidad de Al-Azhar, Ahmed al-Tayeb, máximo representante sunita. Sistani es un “marjah”, grado supremo de la jerarquía chiíta. Un título que por ejemplo el guía supremo Ali Jamenei no puede exhibir. Ha sido una cumbre de nivel estratosférico.

¿Qué consecuencias tendrá?

Hay una primera consecuencia para los cristianos de Oriente, que en Iraq han sufrido muchísimo, hasta hacerlos casi desaparecer. Sistani es una garantía de defensa. Hay que decir que entre cristianismo y chiísmo hay muchas menos controversias que con el sunismo. Las persecuciones de cristianos por parte de los chiítas han sido limitadas. El imperio persa safávida acogió a los cristianos armenios que huían desde el siglo XVI. La sociedad iraquí ahora está llamada a respetar el compromiso de ambos líderes en Nayaf. Basta de violencia en nombre de la religión. Es un mensaje muy potente en este contexto. Los iraquíes están hartos de pagar el precio ide las manipulaciones y guerras de poder entre Irán, las potencias sunitas y Estados Unidos. El deseo de convivir es sincero y real, y necesita reforzarse.

¿Y cuáles son las consecuencias políticas?

Caen en cascada. Sistani es contrario a la teoría jomeinista del control de la política por parte de los religiosos. Siempre ha defendido la autonomía de las fuerzas políticas. Solo ha intervenido en momentos de crisis dramática. Sobre todo en junio de 2014, cuando el Isis amenazaba Bagdad y el ayatolá ordenó la movilización de los voluntarios chiítas para detenerlo, abierta –dicho sea de paso– a pequeños elementos cristianos, kurdos e incluso sunitas. Doscientos mil jóvenes respondieron a la llamada. Luego animó la integración de las milicias en los aparatos de seguridad estatal, cosa que Irán rechaza para poder usarlas a su gusto. Ahora el premier Mustafa Al-Kadhimi dispone de una carta más para promover un mayor control gubernamental de estas fuerzas “de movilización popular”.

Pero en la oración interreligiosa de Ur faltaban los judíos. ¿Es un punto débil en la estrategia de Francisco?

El problema es que, por desgracia, los judíos de Iraq han desaparecido. Pero más allá de este hecho contingente, también hay que decir que en la región de Israel se erige como única voz la de los judíos. El diálogo interreligioso tal como lo concibe Francisco, es decir, de manera autónoma frente a los Estados, es más fácil paradójicamente en América, donde los rabinos son independientes, que en el Estado judío, donde en el fondo son altos funcionarios del Estado.

La Stampa

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