Un canto a la vida

Cultura · Cristian Serrano
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15 octubre 2013
En pleno invierno del año 80 nació una de esas personas que uno desea conocer. De dieta un tanto atípica, “desayuno, como y ceno con coches”, decía. No le valían las medias tintas y nunca pudo callar sus sueños. Desde 1996 se empeñó en trabajar en lo que verdaderamente quería. María de Villota Comba logró en 2012, hacer de la Formula 1 su vocación como probadora en el equipo ruso Marussia.

En pleno invierno del año 80 nació una de esas personas que uno desea conocer. De dieta un tanto atípica, “desayuno, como y ceno con coches”, decía. No le valían las medias tintas y nunca pudo callar sus sueños. Desde 1996 se empeñó en trabajar en lo que verdaderamente quería. María de Villota Comba logró en 2012, hacer de la Formula 1 su vocación como probadora en el equipo ruso Marussia. El tres de julio de ese mismo año sufre un accidente en el aeródromo de Duxford. Salvó la vida y ésta adquirió una intensidad nueva, sorprendente que ha desconcertado a todos los que hayan leído o visto declaraciones suyas. El pasado viernes, falleció. María se había recuperado de aquel grave suceso de verano pero su vida era un poco más frágil que la del resto.

La mejor definición de María la expuso Jaime Alguersuari. “Yo me dejo la piel por gente así”, escribió el pasado sábado el piloto. Uno en la vida busca gente así. Gente que vibra con cada cosa que hace. El dato que ha desarmado a  la sociedad es la pasión que de Villota profesaba por la vida en tiempos de lamento y hastío vital.

La vida cotidiana, en la que se juega ser o no ser, puede llegar a convertirse en una horrible rutina. Llena de momentos en los que uno mira el reloj, busca que el tiempo pase para que llegue una u otra cosa diferente y así hasta volver a empezar.

Seguramente la vida de María por un tiempo fue así. Pero el accidente además de secuelas, dejó en ella una sorpresa: la sencillez con la que reconocía el valor de la vida y la necesidad de ser querido así, tal y como uno es. El vivir había vuelto a ser como el de la infancia, atractivo.

Perder un ojo no fue obstáculo para que su mirada cambiase: “Yo antes solo veía la Fórmula 1 y no veía lo que era realmente importante en la vida, estoy viva, este ojo me ha devuelto el norte”, dijo en la primera aparición pública tras el accidente.

Este boom de vida fue María en sus últimos dieciocho meses a este lado del charco. Y su familia nos ha dado la pista definitiva para entender la vida y su destino: “Queridos amigos: María se nos ha ido. Tenía que ir al cielo como todos los ángeles. Doy gracias a Dios por el año y medio de más que la dejó entre nosotros. Fdo. Familia Villota”

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