Un bien presente

Mundo · José Medina (Washington)
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21 noviembre 2016
¿Qué recursos tenemos para construir una nación para todos, desde la humilde plataforma de nuestras casas, trabajos y vida diaria? Una semana después de la conclusión de la campaña electoral, la especulación y la incertidumbre no han disminuido. Buscando una respuesta a la inquietud, algunos han tomado las calles para marchar y gritar como protesta. Muchos se están organizando para la próxima batalla política.

¿Qué recursos tenemos para construir una nación para todos, desde la humilde plataforma de nuestras casas, trabajos y vida diaria?

Una semana después de la conclusión de la campaña electoral, la especulación y la incertidumbre no han disminuido. Buscando una respuesta a la inquietud, algunos han tomado las calles para marchar y gritar como protesta. Muchos se están organizando para la próxima batalla política. Y otros todavía confían en que el sistema democrático siempre prevalecerá y corregirá cualquier abuso. Frente a una aparentemente infructuosa demostración de desafección o frente a la confianza en un sistema sin rostro, nos hemos quedado con un sentimiento de impotencia para influir en un cambio significativo del escenario nacional. ¿De qué terreno común podemos partir, especialmente tras un año cargado de ideología y división? ¿Qué recursos tenemos para construir una nación para todos, desde la humilde plataforma de nuestras casas, trabajos y vida diaria?

Sólo una experiencia presente de ´el bien´ nos permitirá volver a construir. Como escribe el novelista Wendell Berry, ´es la presencia de bien –buen trabajo, buenos pensamientos, buenos actos, buenos lugares– lo que nos hace saber que el presente no tiene que ser una pesadilla sobre el futuro´. Experiencias de bien pueden generar hombres y mujeres que se comprometan con los otros con curiosidad en vez de sospecha. Un bien presente engendra esperanza, y la esperanza hace estallar el deseo de compartir y dialogar en lugar de atrincherarnos en nuestras creencias.

He encontrado este bien presente en realidades humanas frágiles, en las que la esperanza y la alegría brillan a pesar de las circunstancias. Lo he visto en el padre Ibrahim, un párroco de Alepo, Siria. Este hombre se encontró con un musulmán en el pozo de un convento franciscano que le dijo: ´Padre, cuando veo cómo la gente viene a por agua aquí, con una sonrisa y una gran paz en sus corazones, sin luchas, sin gritarse… yo, que he recorrido todo Alepo y he visto como se matan por los pozos, estoy alucinado. Estás lleno de paz y alegría… Hay algo diferente en vosotros´.

He visto el bien presente en una veterana que sufría trastorno por estrés postraumático hasta tal punto que no soportaba escuchar a los pájaros por la mañana. Empezó trabajando en la Casa de Habilitación de Los Ángeles (Los Angeles Habilitation House), una organización sin ánimo de lucro que ofrece trabajo y oportunidades a personas discapacitadas. Después de un año allí, dijo: ´sigo sin poder dormir, pero ahora he empezado a amar el canto de los pájaros. Algo se ha despertado en mí. Estando con vosotros algo ha renacido en mí´.

Podemos descartar el bien presente como una estrategia fallida por su fragilidad. Diálogo y encuentro, podríamos argumentar, son ineficaces y, por tanto, quizá es más fácil rezar por aquellos que eligen el poder para influir en el cambio. Gran parte del cambio social que admiramos nació de una posición de debilidad, y no de fuerza. La paz en su raíz es en última instancia ineficaz. La libertad no se puede imponer, sólo se puede ofrecer libremente. Los hombres y mujeres que recientemente han cambiado nuestros paradigmas sobre el cambio político –Martin Luther King, Madre Teresa, Dorothy Day, Gandhi– lo han hecho desde una posición impotente, desarmada, invitando al otro a un bien presente.

Una sociedad libre podrá prosperar cuando hombres y mujeres sean testigos atentos, en vez de predicar sus principios más queridos. Ninguna estrategia política podrá sustituir un espíritu de cooperación. Y ese espíritu siempre empieza por el ejemplo vivo de una nueva mirada, una mirada como la del sacerdote de Alepo o la del personal de la Casa de Habilitación de Los Ángeles, una mirada que afirma al otro antes que a sus creencias. Sólo un bien presente me hace querer ser bueno.

Ahora que las elecciones son pasado, empieza el trabajo. En palabras de Wendell Berry, solo necesitamos ´renunciar a salvar el mundo y empezar a vivir decididamente en él´.

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