¿TV, cine? Las series, a por la nueva audiencia digital

Mundo · Francisco Pou
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26 noviembre 2018
Por primera vez el consumo medio de TV en España está bajando. Desciende especialmente entre los millenials, quienes ven ahora casi una hora y media menos al día de TV convencional que el resto, que la ve con una media de 4 horas y 22 minutos cada día. Sin embargo, nunca hemos estado tanto tiempo ante una pantalla. Lo que ocurre es que las plataformas de “videos bajo demanda” para la gran pantalla o para el móvil o el laptop no se consideran “televisión”, no entran en los estudios de audiencias, y sin embargo están cambiando nuestros contenidos, nuestros formatos y nuestros hábitos de entretenimiento. Formatos y hábitos que contemplan -y miden- fenómenos como los “binge watch”, los atracones de series que aquí han recibido la helénica y épica denominación de “maratón”.

Por primera vez el consumo medio de TV en España está bajando. Desciende especialmente entre los millenials, quienes ven ahora casi una hora y media menos al día de TV convencional que el resto, que la ve con una media de 4 horas y 22 minutos cada día. Sin embargo, nunca hemos estado tanto tiempo ante una pantalla. Lo que ocurre es que las plataformas de “videos bajo demanda” para la gran pantalla o para el móvil o el laptop no se consideran “televisión”, no entran en los estudios de audiencias, y sin embargo están cambiando nuestros contenidos, nuestros formatos y nuestros hábitos de entretenimiento. Formatos y hábitos que contemplan -y miden- fenómenos como los “binge watch”, los atracones de series que aquí han recibido la helénica y épica denominación de “maratón”.

Ciertamente no es estrictamente TV. Ni siquiera son películas “en” o “para” la TV. Las series de nueva generación están diseñadas para ser consumidas así, en atracones, o en dosis (“temporadas”) tan largas como la audiencia aguante. Por primera vez los presupuestos de producción compiten con la industria de Hollywood (150 millones de dólares para episodios de “Juego de Tronos”, por ejemplo) y, ciertamente, junto a morralla de desecho, encontramos también piezas cinematográficamente ágiles, frescas, de gran calidad narrativa y con sugestivas propuestas.

Hay de todo. “El aburrimiento acecha, ¡prepárate!”, advierte una de las plataformas “on demand”. Video bajo demanda especial, que en realidad se clasifica en “catch-up TV”, esto es, canales on-line en los que poder ver lo que te has perdido en la TV en directo, y que lo ofrecen 24 horas combinado con lo que han producido y seleccionado especialmente desde Youtube. Es el caso de los nuevos canales Flooxer, PlayZ o Mtmad, creados desde las grandes televisiones de siempre. Son canales gratuitos, esculpidos a la medida de una audiencia adolescente, con productos y capítulos “snack”, de 3 minutos de duración y poca necesidad de reflexión. Y de belleza. Entre los anuncios de contenidos hay “mini documentales” con títulos como “No comas esto o tus pedos olerán fatal”, o “Susana y Manu sobre su vida sexual; nuestras relaciones son la hostia”.

Sin embargo, no todo el contenido bajo demanda es morralla. Plataformas de pago como Netflix se han convertido no sólo en distribuidoras de contenido, sino en productores de primerísima línea. Compiten con la TV convencional, pero sobre todo con una veterana industria del cine que tiene que repensarse a sí misma. En muchos hogares hay ya imagen y sonido de más calidad que en las salas, con entradas que además cuestan casi el importe de un mes de “barra libre” entre decenas de miles de títulos para escoger. No sólo con Netflix, HBO, Movistar o Amazon Prime Video; también cine europeo independiente (el que llamábamos antes de “arte y ensayo” o “de autor”) como Filmin (en España), o de todo el cine castizo-costumbrista-histórico español, como es el caso de FlixOlé.

En esta nueva ecología de pantallas surgen cosas nuevas. Por ejemplo, un auténtico “revival” del género documental. Resultaba que cuando el consumidor puede escoger en un mercado global, hay suficientes “minorías” que, sumadas, sustentan con éxito un mundo de “no ficción” con cada vez más calidad de realización para temas de Historia, Ciencia, Arte o Música. Es parte del fenómeno “long tail” que anticipaban gurús del marketing.

Buscando la audiencia

Es precisamente “anticipar” el objetivo de las nuevas plataformas. Conocer cada vez mejor la audiencia, bien segmentada en “grupos homogéneos” a los que sugerir lo que quieren ver en cada momento. Es el famoso algoritmo de Netflix, la fórmula de la poción que les ha llevado a la magia del éxito. De esta forma hay series “sorpresa” como “La casa de papel”, una producción española de 2017 creada por Alex Pina y que ha triunfado en todo el mundo hasta convertirse en lo que se considera ya “la mejor serie española de la historia”. Estamos hablando de un mercado de nuevas dimensiones. 15,8 millones de personas en Estados Unidos vieron el estreno de “Stranger things 2” de la factoría de Spielberg, por encima ya de “Juego de tronos”, y que pronto llegará a los 55 millones de suscriptores de Netflix fuera de Estados Unidos.

La audiencia no va siempre a la calidad. Y menos los “binges shows”; el récord mundial de “atracones” o maratones, que en octubre ha sido para “Elite”, un culebrón español de tópicos de sexo, drogas y crimen entre y para adolescentes, intentando llegar cada vez más lejos en la provocación: “¡hasta aquí han llegado!”. O el número 2, “Big mouth”, una serie de animación; literalmente humor sobre adolescentes y la masturbación, la menstruación o las sórdidas relaciones con todo tipo de combinaciones y cosas. Ambas en Netflix.

Sí que sin embargo, también en Netflix, triunfan, como “Stranger things”, piezas de buena factura. Es el caso por ejemplo de “Better call Saul”, una “precuela” de “Breaking Bad” sobre el peculiar abogado Saul Goodman, que cuenta ya cuatro temporadas de delicioso humor “goofy”, patoso, de impecable interpretación. O “Vikings”, serie canadiense e irlandesa, producida desde 2013, con el sabido packaging de violencia y sexo (qué mejor que las costumbres vikingas para buscar entre los famosos algoritmos de Netflix), pero con interesantísimos personajes enfrentados entre una cultura “pagana” atávica, y su choque con las antiguas poblaciones cristianas y letradas de Northumbria, en Gran Bretaña.

Es una nueva etapa en el ¿cine? ¿televisión? ¿internet?; en el audiovisual en fin, en el lenguaje cinematográfico, que cuenta ahora con alta definición y sonido espectacular, una capilaridad que llega a casi todos los rincones de la aldea global. Y donde puede haber espacio para la libertad de elección, la interacción social de los contenidos en tiempo real (otro día hablaremos de ella) y el gusto por las cosas bellas. Que las hay.

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