Turquía, el reto de Occidente

Mundo · Roberto Fontolan (Roma)
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21 abril 2009
Hay países que atraen a los políticos occidentales y ejercen una fascinación tan misteriosa como incomprensible. Éste es el caso de Libia, también el de Turquía. El viaje de Obama parece haber puesto a Ankara en la plataforma del  diálogo con el islam mundial. No sólo eso, Obama quiere a Turquía en Europa, como su predecesor Bush. Y eso a pesar de que Francia y Alemania se oponen, y que se seguirán oponiendo largo tiempo.

Hay muchas razones para esta preferencia, razones que se analizan desde hace casi diez años, desde que Europa empezó a abordar la hipótesis de una Turquía que estuviese "dentro". Razones estratégicas, geopolíticas, económicas e incluso psicológicas como la de que es preferible ser amigos y no enemigos. 

El hecho es que el nodo de Turquía es muy complejo y las simplificaciones no ayudan. Es un país laico a la fuerza (así lo garantiza la Constitución) y musulmán por vocación. Tremendamente nacionalista e identitario. Sofisticado y maravilloso para los que conocen Estambul, la costa mediterránea, Capadocia; mísero en la inmensa región "interna". Enemigo de los árabes y de Rusia, amigo de Israel. Turquía rechaza la imagen que Occidente (en particular la administración Bush y algunos europeos) ha querido difundir, la imagen de un "país islámico moderado". Importantes sectores políticos, del ejército y de la economía no aceptan la "reducción religiosa", porque Turquía es más, es otra cosa. Sin embargo, esta gobernada por un partido musulmán que aquí llamamos "moderado". Lo llamamos así sólo porque sabemos muy poco. En los últimos años la gran euforia con respecto a Europa se ha desvanecido. Ya no está claro que entre los diferentes poderes fuertes de la sociedad turca sigan considerando el acercamiento a Bruselas como la realización de un sueño.

Pero hay tres cuestiones que los políticos euroamericanos  favorables a Turquía deben considerar más cuidadosamente si realmente quieren contribuir a unas relaciones globales basadas en argumentos racionales (la "razón ensanchada" de  Benedicto XVI) y no sólo servir a intereses en el corto plazo estratégico y económico.

La primera, la legislación religiosa: es demasiado compleja para resumirla aquí, pero basta indicar que, en lo que respecta a las confesiones cristianas, sólo dos son reconocidas y protegidas(los armenios y los griegos ortodoxos), mientras que las antiguas iglesias orientales (por ejemplo los maronitas), los latinos y los protestantes son totalmente inexistentes. Incluso entre las iglesias protegidas hay grandes problemas en lo que se refiere a la propiedad y al disfrute efectivo de los derechos (remito al Informe de 2008 de la Ayuda a la Iglesia Necesitada y a la meritoria actividad de la agencia Asianews).

El segundo es el asunto armenio, es evidente que la obstinada negativa a reconocer el genocidio no tiene nada que ver con el pasado, sino con la cultura del presente. La tercera y más importante es la ocupación de la parte norte de Chipre con 40.000 soldados y 180.000 "colonos" traídos de Anatolia: una situación increíble porque a un país miembro de pleno derecho de la UE se le ha amputado una  tercera parte de su territorio y hay quienes dicen que para ajustar las cosas se debe crear una federación, como si hubiera dos Estados. Mientras, ante la indiferencia de todos, en el norte de Chipre han desaparecido los cristianos (con la excepción de algunos pueblos), sus iglesias, sus cementerios y sus casas.

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