Trump busca una salida a la guerra. Irán no tiene intención de detenerse ahora

Especial Guerra · Claudio Fontana
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16 marzo 2026
Dos semanas después del inicio de la guerra, el Estrecho de Ormuz sigue cerrado y las consecuencias económicas globales se agravan por momentos. Mientras Trump busca una salida negociada, Irán no tiene prisa: controla las vías marítimas clave y está dispuesto a prolongar el conflicto hasta obtener concesiones significativas. By Jacques Descloitres, MODIS Land Rapid Response Team, NASA/GSFC

Mojtaba Jamenei ha «hablado» por primera vez, y el mensaje no es tranquilizador para la economía global: Ormuz sigue cerrado, afirmó el nuevo Guía Supremo. «Hablado» entre comillas porque, en realidad, se trató de un mensaje escrito, leído por un periodista en la televisión iraní. Una vez más, por tanto, no hemos visto a Mojtaba ni hemos escuchado su voz, circunstancia que no hace sino alimentar las dudas sobre su estado de salud. Se sabe, de hecho, que resultó herido durante el bombardeo que mató a su padre Ali Jamenei pero, según fuentes iraníes, estaría vivo y a salvo. Así, la única grabación pública de su voz de la que disponemos —recordó Arash Azizi en The Atlantic— sigue siendo el mensaje de audio enviado en 2024, con el que anunciaba (sin dar explicaciones) la interrupción de sus clases en el seminario de Qom, donde enseñaba desde 2009.

Mientras tanto, han pasado ya dos semanas y todavía se debate sobre cuáles son los objetivos de la guerra desencadenada por Estados Unidos e Israel. Hasta ahora ha sido Washington quien se ha mostrado más vacilante en sus declaraciones al respecto, pero también Israel —que parecía impulsar con mayor convicción el cambio de régimen— ahora parece haber comprendido que el colapso de la República Islámica no es inminente.

Según Amos Yadlin, ex jefe de la inteligencia militar israelí, los objetivos del Estado hebreo en esta fase son dos. El primero «es reducir en la medida de lo posible las capacidades militares iraníes, incluida su capacidad de lanzar misiles balísticos, llevar a cabo ataques con drones y ordenar a sus aliados que ataquen Israel. En el marco de este objetivo, Israel debe también golpear el programa nuclear iraní, el proyecto de misiles, incluidos los sitios de producción, los lanzadores y los depósitos, y la industria de defensa iraní». El cambio de régimen, en cambio, sería solo un objetivo secundario «a perseguir a lo largo de varios años».

El problema es que, en el contexto actual, el Estrecho de Ormuz sigue cerrado y las consecuencias sobre la economía —en primer lugar para los países productores, pero en realidad para el mundo entero— se harán sentir a un ritmo creciente. La Agencia Internacional de la Energía ha programado una liberación récord de reservas estratégicas. Sin embargo, como explicó a Bloomberg Jeff Currie (Carlyle), «no hay ninguna medida política que pueda detener el alza de los precios del crudo»: los 400 millones de barriles prometidos por la AIE pueden suministrarse a un ritmo máximo de dos millones de barriles por día, lo que significa que harían falta 200 días para introducirlos en el mercado.

Como observó Esfandyar Batmanghelidj en Foreign Policy, «para comprender la importancia del Golfo en la economía mundial, hay que seguir los flujos de materias primas, bienes, servicios, capitales y personas. El impacto de la guerra sobre estos flujos confiere a este conflicto una dimensión verdaderamente global». Las consecuencias político-económicas son evidentes con solo considerar que, para hacer frente a la situación, Estados Unidos ha decidido una suspensión temporal de algunas de las sanciones impuestas a Rusia por el conflicto en Ucrania, con el fin de permitir la compra del petróleo ruso ya cargado en los petroleros. Aunque, como ha subrayado Al-Monitor, el cierre de Ormuz supone un duro golpe para China, según el Financial Times precisamente Pekín es el país más preparado para afrontar la crisis. Desde 2022, Xi Jinping ha dado instrucciones de aumentar las reservas petroleras —y no solo— a disposición de China, que hoy ascenderían a una cifra de entre 1.100 y 1.400 millones de barriles, suficientes para cubrir un período equivalente a 112 días de importaciones.

De manera significativa, «los datos aduaneros de esta semana han puesto de relieve un aumento del 16% de las importaciones de crudo en los primeros dos meses de este año, un incremento que no ha encontrado reflejo en un aumento equivalente de la demanda interna», se lee en el diario financiero.

En definitiva, también China había comprendido perfectamente que las negociaciones entre estadounidenses e iraníes no llevarían a ningún lado y que Israel y una parte de la administración estadounidense habían decidido hace tiempo atacar. Para el Financial Times, sin embargo, el plan de Xi de aumentar todas las reservas estratégicas chinas se ve igualmente cuestionado por la prolongación de la guerra en Irán y en todo Oriente Medio.

Por mucho que Trump tenga interés en ponerle fin, israelíes e iraníes parecen tener planes distintos. Como observó Yaakov Katz (Jerusalem Post), al término de la guerra de los 12 días del pasado junio, el portavoz de las Fuerzas de Defensa de Israel «declaró que el ejército había destruido aproximadamente el 80% de los lanzadores de misiles iraníes, dejando operativos unos 100-150. Hace dos semanas, al inicio de esta guerra, la estimación era todavía que Irán disponía de unos 100-150 lanzadores. A ocho días del comienzo de la guerra, tras bombardeos incesantes, las FDI seguían afirmando que Irán contaba con unos 150 lanzadores. Ahora, en el decimotercer día de esta campaña, se nos dice que Israel ha destruido aproximadamente el 75% de los lanzadores y que a Irán le quedan todavía entre 100 y 200».

Está claro que las cuentas no cuadran, pero el hecho de que Israel siga sosteniendo que los lanzadores siguen presentes es funcional a la continuación de la guerra.

Por su parte, Irán no tiene ninguna intención de aceptar un cierre prematuro del conflicto. Controla toda la costa septentrional de Ormuz —razón por la cual la Marina de EE. UU. ha reiterado que no está lista para escoltar buques comerciales a través del paso mientras Irán ha atacado varios— mientras que sus aliados hutíes representan una amenaza latente al otro lado de la Península Arábiga, en el Estrecho de Bab el-Mandeb y en el Mar Rojo, otra vía marítima fundamental del comercio mundial.

«Los actuales dirigentes de Irán son veteranos de las guerras asimétricas en Irak y Siria. Ahora están aplicando la misma estrategia para combatir a Estados Unidos en el campo de batalla de la economía global», escribió Vali Nasr, según el cual «el régimen iraní está […] dispuesto a librar una guerra asimétrica contra la economía global durante un período suficientemente largo como para convencer a Washington de considerar una solución política como la única opción posible».

Lo que la República Islámica está llevando a cabo representa «una estrategia de escalada horizontal, un intento de modificar las apuestas de un conflicto ampliando su alcance y prolongando su duración. Una estrategia de este tipo permite a una parte más débil en el conflicto [Irán, N. del T.] alterar los cálculos de un adversario más poderoso», explicó Robert A. Pape (Universidad de Chicago) en Foreign Affairs.

Esto no significa que Irán quiera emprender una guerra continua, que tampoco podría permitirse. Sin embargo, observó Trita Parsi, la República Islámica «para aceptar un alto el fuego, probablemente exigirá que se den algunos pasos significativos. Entre estos podría figurar el compromiso por parte de Trump de no reanudar la guerra (aunque no entiendo qué valor tendría tal compromiso). Pero, lo que es aún más importante, probablemente exigirá el alivio de las sanciones y el desbloqueo de sus fondos congelados en el extranjero». Además, son precisamente acciones como la decapitación del liderazgo, precisó el politólogo de la Universidad de Chicago, las que crean fuertes incentivos para este tipo de escalada.

Artículo publicado en Oasis: Trump cerca una via d’uscita dalla guerra. L’Iran non ha intenzione di fermarsi ora

 

 

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